Un Chien Andalou, acción conditio sine qua non de la transformación social

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La memoria es invadida constantemente por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de nuestra mentira. Lo cual, por otra parte, no tiene sino una importancia relativa, ya que tan vital y personal es la una como la otra. Palabras de Luis Buñuel y que tienen mucho que ver con lo que se expresa en Un Chien Andalou. Se trata de una película que no sólo es la primera expresión surrealista que tanto para Luis Buñuel como para Salvador Dalí, sus creadores, fue un parteaguas en sus respectivas trayectorias, sino que en el caso del pintor, constituye una de las fuentes iconográficas más importantes para conocer la obra realizada en la década de los treinta, sin duda la de mayor trascendencia. Hay que decir que la vanguardia cinematográfica está sustentada en gran parte por las experimentaciones abstractas del cine alemán y el cine puro francés, consiguió entre otras cosas marginar la película de argumento, abriendo nuevas vías creativas que situarán a este medio, a la misma altura en cuanto a innovación, que el sufrido en el resto de las artes plásticas.

 

Así es que mientras los diferentes movimientos surgidos desde principio de siglo, tenían casi todos una versión fílmica de sus postuladas estéticas, a saber El Expresionismo alemán; El Gabinete del Doctor Caligari de Robert Wiene 1918, el Futurismo; Pérfido encanto, 1916, de Antón G. Bragaglia, el Dadaísmo; Entreacto de René Clair y Francis Picabia, 1924 e inclusive la incipiente tendencia de Abstracción estaba representada por los films de Hans Riche; el surrealismo tuvo que esperar a que Buñuel juntamente con Dalí hicieran Un chien Andalou, 1929, y La Edad de Oro, 1930, obras ambas, que con una riqueza plástica notable, sacaron por primera vez a la luz, el complejo mundo interior del pensamiento humano, llevando a la pantalla los impulsos, deseos y emociones del subconsciente.

 

Con Un chien Andalou, sus creadores lograron de un golpe, un doble y meritorio objetivo, por un lado se llevó la estética surrealista al cine y por otro, se contribuyó de manera eficaz a su extensión universal. Podemos señalar que desde la perspectiva surrealista, tenemos un tríptico, en tanto lo que Maurice Nadeau denomina como época de los sueños; Un chien Andalou, 1929; el período razonador, tendría su representatividad en La Edad de Oro, 1930; y con la idea expresada de al servicio de la revolución, Hurdes, Tierra sin pan, 1932. El mismo Buñuel diría que: Sí, el surrealismo es lo único que vale la pena en este mundo. ¿Cómo voy a creer en unos y otros si todos llevan la bomba atómica para destruir el mundo? Ahora bien, esta película ha tenido innumerables interpretaciones, algunas inclusive relacionadas con el psicoanálisis, tan experto en interpretar sueños que surgen a la consciencia, en forma de imágenes, los conflictos, las represiones de las más variada índole, los apetitos más inconfesables; de entre ellos, el tabú sexual. De la relación directa que se establece entre el orden y la sexualidad los surrealistas van a ser bien conscientes, no solamente reivindicando autores proscritos como Sade, o Baudelaire, por ejemplo, sino también poniendo manos a la obra: La belleza será convulsa o no será. En Un chien andalou tenemos forma magistral esta cuestión, es decir, la pareja no podrá nunca realizar su unión erótica, bajo el impedimento de la propia moral. Por otra parte, tenemos la intencionalidad de atacar el mundo burgués, apoyándose (…) en la presentación de una conflictividad de cariz sexual. Hay que decir también que esta película comparte la preocupación surrealista de cambiar el mundo: todo está por hacer, siendo la acción para ellos conditio sine qua non de la transformación social. Entonces si la frustración sexual, existente en todo ser humano por su inserción en las estructuras de poder, es uno de los ejes del primer film buñueliano, así como del movimiento surrealista, no es menos cierto que la película no podrá reducirse a su explicación: resulta extraordinariamente ambigua, como cualquier imagen sacada del subconsciente sin el tamiz de la moral. Es de hacer notar que las interpretaciones de ciertas imágenes se sucederán sin descanso: la toma en la que una navaja           –recién afilada por el propio Buñuel– corta un ojo de mujer, siempre en la ficción del ojo de la cámara, van desde señalar que la navaja y el ojo son claros símbolos de los órganos sexuales masculino y femenino, en tanto que el corte equivaldría, como es lógico, al acto sexual, el cual queda sugerido, de paso, como algo violento, en cierto modo sádico por parte del factor masculino, hasta interpretar que el ojo equivale al vientre materno y el corte al nacimiento de un niño, pasando por la pérdida de la virginidad de la protagonista.

 

Entonces la primera escena en la que el joven afila su hoja de afeitar y aplica su fuerza brutal en seccionar el ojo de una joven tiene más de un significado. Aunque se señala a la separación de la vista antigua para asumir una nueva visión para poner juicio con una nueva óptica de la vida, o es decir, el seccionar del ojo con el motivo de v, diría Dalí, se plantea también metafóricamente para silenciar el alma de la mujer y forzarla en cautividad y oscuridad eterna. Otras secuencias siguientes revelan también que el hombre es inexorablemente e incansablemente agresivo en sus avances en su acaso sexual y nunca respeta el sentimiento de gustar y aversión o el consentimiento para actividades sexuales de las mujeres. El aspecto de machismo bestial del motivo de dominar a las mujeres en compartir la intimidad erótica se ha reflejado en una manera sutil por Buñuel y Dalí. Ahora bien, hay que decir que el paso de una nube voladora frente a luna llena casi coincidente con la operación del desmembramiento del órgano de visión va a soportar esa idea misógina. El efecto poderoso resulta del hecho que nuestra percepción de la violencia de la navaja es la de un ataque contra nuestra propia visión.

 

También se señala que se trata primeramente de ataque fuerte contra la burguesía, diciendo que el ojo del burgués no le interesa a Buñuel.  El corte que verdaderamente fue actuado por la disección de una vaca muerta, produjo así una reverberación o una onda extensiva en lo que refiere su significado. Por otra parte, la disección de los ojos también señala la fragmentación del yo entre el yo exterior y el interior. Buñuel, al seccionar el ojo, rompe esa barrera que delimita los dos yo. Lo que emerge por último, es la idea de crear una conmoción mediante un pensamiento imaginativo para causar la deshumanización de ideas estancadas. Sin embargo, la creación de esta escena según Buñuel mismo, se deriva de un sueño mientras la de emisión de las hormigas, como los símbolos de vello púbico, de la palma del joven proviene del sueño de Dalí. La idea del corte es innovadora surrealista en el sentido que a Buñuel no le gustó presentar sus pensamientos por lo convencional, sino a través de una mirada más allá de la llamada óptica realista. Para inyectar la visión surrealista, deseó contemplar esta escena que es destacada por su propia afirmación, que la navaja cortando el ojo de vaca significaba; que el ojo del espectador tenía que ser devanado, para sí, este poder, disfrutar del corte en su plenitud.