Un lunes cualquiera

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El escritor Audomaro se levanta y al tomar la pluma y garabatear en el papel lo invade una triste aprehensión.

Se le viene entonces un colorido collage de vivencias. Incapaz de plasmarlas, así de golpe, procede a dejar la pluma atómica y se recuesta.

¿Qué fue lo vivido? Una briznita de polvo que nomás navegó en el éter. Y en este momento, solitario, viendo de nuevo por la ventana las yerbitas que con trabajos mueve el aire friísimo, repara en que por fortuna está aquí vivo, con ciertos achaques tal vez, pero no en el hospital eructando sangre, ni va en una ambulancia con dolores intensos y en un alto al ver un árbol se le cruza la idea de lo grato que sería estar sentado bajo su copa, de que la placidez lo haga su presa de que la calma por fin entre en su alma.

Que sencillo parangón, reunidor del ignorado goce de vivir, de tan fácil que es ver felicidad en lo aparentemente simple… y más triste entenderlo cuando vas al encuentro del dolor y la muerte… y en este triste momento cómo querrías, estar con calma, estar sentado ahí bajo la copa de ese árbol.

En la laptop se escucha: música de leucoma.

No dije que es Lunes con la mala noticia mañanera que se reorganizará Pfizer y tardarán un poco más las vacunas. Y sin querer viene el tema de la ciencia. Eso de salvar vidas en serio que convence y Audomaro recuerda al genio científico Albert Sabin, quien llevándose ¿toda una vida? hizo la vacuna oral contra la Poliomielitis.

Y cuando la regaló, además de no cobrar por su invento puso dos condiciones: Que sea universal y gratuita. El detalle de que Sabin fuera ateo hizo preguntar al ponente de esa Mesa Redonda sobre Ciencia y Religión:

– ¿Al llegar al más allá, Dios mandaría a Sabin a purgar algo?

Las vacunas como sinónimo de beneficio del hombre en contraposición a la ciencia productora de la bomba de hidrógeno.

Lunes reflexivo. Curiosamente Audomaro está en calma y nota que el bolígrafo se desliza así, tranquilo, calmado, como la patinadora en hielo que comienza su rutina apenas arañando al espejo de agua sólida, siguiendo el Vals Danubio Azul, antes de los giros violentos y del estruendo multicolor de las notas siguientes.

Audomaro torna a mirar las yerbitas que se ven esa mañana a través de su ventana y nota que la florecita morada que estaba, ya no está. Tal vez las heladas nocturnas le dieron jaque mate. Y nota además que algunas yerbas cambiaron de color, ahora son amarillo bilis y otras de un tristón café oscuro. Sin desprenderse del tallito que las sostienen se aferran a estar pegadas tal vez sólo por hoy, así como en AA              –Alcohólicos Anónimos– Sólo por hoy, no beberé alcohol una de las más ingeniosas frases que en la vida puedan existir.

Al despertar, el alcohólico se dirá: Sólo por hoy no beberé. Pongo de mi cosecha: lloverá, tronará, morirá mi madre o nos asolará un terremoto… o una pandemia me mantiene en vilo, pero este día no beberé. Así como en las misceláneas de antes Hoy no fío, mañana sí. Y mañana era otra vez hoy.

Ah, el alcohol y Audomaro. Primero el dulce deliquio de volar en la bohemia y al último la angustia de ver visiones y orita cae en cuenta que desde que no bebe, no lo ha jalado de nueva cuenta al alcohol… ja, ja, menos esta Pandemia, por supuesto que si bebiera de nuevo no se lo llevaba el Covid-19 sino el alcohol. Y aquí recuerda de nuevo uno de sus libros más queridos ALCOHOLERIAS aunque como lleva apuntado en su cerebro: al final no fue el alcohol sino el cigarro el que lo tiene contra las cuerdas pues con su EPOC está más que proclive a caer a la lona.

Caer a la lona, Irse. Que le toquen las golondrinas, saber a ciencia cierta si hay más allá o todo se quedó en el más acá.

Otra de las variantes de la Pandemia es la necesaria reflexión en la finitud de esto que llamamos vivir. Como otra reflexión Audomariana: en tu cremación privara el apotegma: memento, homo, quia pulvis et in pulverum reverteris es totalmente cierto: Recuerda hombre que polvo eres y al polvo volverás. Génesis, 3, 19.

Ahora es Ray Conniff: Cuando salí de Cuba… Los coros y la orquesta en magnifica conjunción, lo reviven.

Y de nuevo ver por la ventana: una lujosa camioneta negra. Ah, los bienes materiales, el tener, el poseer, ¿Cuánto tienes, cuanto vales? Casi cuatro décadas de privar la materia sobre el espíritu en este Mexiquito surrealista. Los infelices presidentes neoliberales y como caballito de feria regresa al concepto literario: raro e innovador y Audo se pone a investigar sobre el escritor mexicano Manuel Maples Arce, creador del Estridentismo movimiento vanguardista por una renovación de la literatura y el arte en general. Audo entresaca un poema:

PARTIDA

Yo soy una estación sentimental

Y los adioses pitan como trenes.

Es inútil llorar.

En los contornos del crepúsculo

ventanas encendidas

hacia los rumbos

nuevos

Palpita

todavía

la alondra

vesperal

de su pañuelo.

 

Y con esto termina su labor y sale al patio a fumar un cigarro.