UN TUIT
En los últimos días, el movimiento MeToo, ha generado una fuerte polémica en nuestro país; este movimiento que ha servido para denunciar acoso, violencia y evidenciar a los agresores en las redes sociales, específicamente en twitter. En nuestro país el uso de esta frase tomó un giro inesperado cuando uno de los señalados, ante la presión de ver su nombre, decidió suicidarse.
A partir de este hecho, medios de comunicación, periodistas y varios sectores de la sociedad se pronunciaron en contra de estas denuncias anónimas y del movimiento MeToo de México. Ciertamente no podemos dar cabida al anonimato y a la ilegalidad, creo, también, deberíamos dar el justo puesto que tienen las redes sociales en nuestra vida, hemos olvidado que no todo lo que en ellas se presenta es real o sin malas intenciones o si se trata de un robot, por qué si en la vida real, donde podemos estar frente a frente la desconfianza es tanta que hasta se puede desconocer hasta los más cercanos, en redes sociales donde no hay certeza de quién está detrás del ordenador, donde no se sabe si las imágenes que vemos son reales o diseñadas, han influido de tal manera en la gente que han llegado a hacerse daño a sí misma a través de juegos virtuales, ojo, virtuales, en los que se les reta a quitarse la vida o para asesinar a otro(s); tal vez ese tipo de contenidos tengan ese cometido, de exterminar la raza humana, tal vez, o simplemente se trate de un juego.
Por otro lado están las fake news o noticias falsas que en nuestro país ya han cobrado varias vidas a través de linchamientos y muchos de estos casos acaban sin detenidos, porque se actuó en tumulto, incitados por acusaciones en las redes sociales.
Me parece que surge una necesidad de revalorar el contenido y veracidad de los informes, con esto no descalifico el movimiento MeToo sino que invito a que le demos la justa medida y sentido que merece.
En 2011, el sociólogo Vicente Díaz Gandasegui, publicó un artículo titulado Mitos y realidades de las redes sociales, en el que explica que las redes sociales suponen, para muchos usuarios, un complemento de los espacios físicos comunes (la oficina, la cafetería, el patio del colegio, etc.) y no un sustituto de los mismos. Un espacio virtual en el que se comparte información y se reanudan u originan comunicaciones, sin que esto suponga que se establezcan relaciones con otros individuos diferentes a los que se interrelaciona habitualmente en el mundo físico.
El mundo físico necesita nuestros oídos para escuchar las injusticias, nuestros ojos para ver las necesidades del mundo que nos rodea, nuestra boca para levantar la voz por aquellos que sufren, nuestras manos para construir un mejor lugar, nuestros brazos para no soltar a quienes amamos.
En cuanto a los movimientos, Díaz Gandasegui, refiere al sociólogo italiano Alberto Melucci en una publicación de 1999, donde decía que en un futuro donde desaparecen los movimientos como los hemos conocido en la época moderna, y en cambio nos encontraremos con un crecimiento de la capacidad de producir conflictos y de constituir identidades colectivas más transitorias y más móviles que tendrán como interlocutor el sistema político transnacional (Melucci 1999, p. 232 citado por Scherer-Warren, 2005,p.88). Esto cuando hablaban del tema de la anti-globalización que estaba en auge en aquel momento, pero creo que bien define lo que pasa con algunos que caen en el radicalismo, la intolerancia y como dice Melucci hay que tomar en cuenta la transitoriedad y movilidad de los mismos y de despertar en nosotros la cautela, escepticismo y buscar que nuestra capacidad para adoptar un juicio, idea, opinión o para tomar una decisión sea la más completa, vista desde todas las aristas posibles.
¡Más acuerdos, menos conflictos!

