UN VISTAZO AL ECOSOCIALISMO REVOLUCIONARIO

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Estimado lector, como es bien sabido la ecología requiere de un estudio profundo bajo
múltiples variantes filosóficas que sustenten el accionar de la misma en el ámbito político
y social, es por eso que hoy le quiero presentar una postura socialista sobre el tema,
esperando su amable apertura receptiva para llevar a un objeto critico lo siguiente.
El eco socialismo considera al sistema capitalista actual como el responsable de la crisis
ecológica global e identifica como uno de los principales problemas en que el hombre de
la actual sociedad consume permanentemente miles de recursos que no necesita,
dándose el problema de la sobreexplotación de recursos naturales.
Este movimiento nos dice que los recursos naturales no son infinitos y convendría
redefinir unas prioridades de consumo a nivel mundial para autolimitarnos, en oposición a
la acumulación de bienes y recursos que impone el sistema capitalista. El Manifiesto
ecosocialista fue publicado en el año 2001 y también puede considerar como parte de
este movimiento al ecofeminismo. Así, el ecosocialismo considera que hay que reformular
las relaciones entre las sociedades, las personas y el medio ambiente, potenciando el
desarrollo de comunidades ecológicamente sostenibles y prescindiendo de la figura de
una superpotencia mundial (tanto económica como cultural).
El Ecosocialismo debería ser, pues, un movimiento revolucionario, no una mera “marca”
verde en un programa rojo, o a la inversa. Se tratará, más bien, de una impugnación
general del Capitalismo. La explotación del hombre y la explotación de la naturaleza son
dos procesos que se identifican esencialmente. En el mismo frente de batalla hay que
plantar cara, como dice Lowy, al ecologismo metafísico y reformista, basados en la
propaganda ascética, la llamada a la autocontención.
Algunos ideólogos de la ecología plantean problemas. Por ejemplo, que la degradación
del medio ambiente es culpa de nuestro consumismo, que cada uno de nosotros consume
demasiado, que es necesario reducir el consumo para proteger al medio ambiente. Eso
responsabiliza a los individuos y redime al sistema. Es verdad que el consumo de los
individuos es un problema, pero el consumo del sistema, del militarismo capitalista, de la
lógica de la acumulación de capital es mucho mayor. Entonces, hay que fomentar la auto-
limitación individual y también es necesario llamar a la organización para invitar y
confrontar al sistema que no cumpla con su responsabilidad.
Vivimos en un ecosistema planetario frágil. Cualquier predicción realista, ajena a la
posibilidad de milagros, nos conduce directamente al suicidio ecológico. Un crecimiento
ilimitado de las fuerzas productivas nos va a llevar a la destrucción de los parámetros
fundamentales de toda posible y mínima “calidad de vida” en el mundo entero. Además, la
imprevisibilidad de los factores “superestructurales” en un contexto tecnoeconómico (la
base material, en el lenguaje marxista) sin frenos, no va a generar otra cosa salvo
incertidumbres y agravamientos al ya de por sí alocado crecimiento de las fuerzas
productivas.
Con este panorama, el marxismo revolucionario invita al pronto actuar, y ya. En el
contexto decadente del marxismo tradicional, lastrado por el sovietismo y su estrepitosa
caída, bien simbolizada por el derrumbe del Muro Berlinés, parecía que otras teorías
vendrían tomando la delantera al programa del socialismo. Desde la década de 1970 el

ecologismo, al menos en los países europeos más avanzados de Occidente, iba
imponiendo su tonalidad verde sobre la roja. Cabe señalar en este punto que se
consideran a los neo movimientos ambientalista con una cara reformista, abandonando
su radicalismo inicial a cambio de una mayor participación de sus líderes en los gobiernos
y en las nuevas burocracias de la llamada “Gestión Medioambiental”. Tan solo
recientemente, desde el propio marxismo, hemos asistido a tentativas de apartarse del
reformismo ecologista (curiosamente, también muy cientifista y gradualista, como lo fuera
antes el pseudo-marxismo de la II Internacional). Asi ahora lo que propone trata de crear
un socialismo marxista que incorpore el cuestionamiento radical de nuestro alocado modo
de vida y producción, depredador y ecocida, dentro de un discurso socialista y
revolucionario que detecte en el Capital y en las oligarquías dominantes el responsable
verdadero del desastre. Exponente de esa incorporación de un planteamiento verde
radical dentro del enfoque (rojo) socialista, es el “Manifiesto “Ecosocialista” de Michael
Löwy y Joel Kovel.
Así mismo en el Ecosocialismo se señalan como auténticos responsables de la Catástrofe
Medioambiental (y, en el límite, responsables de la negación de nuestra supervivencia
humana misma, al menos como especie civilizada) al Capital y al Imperialismo
depredador que, en esta fase de mundialización, une la vieja codicia de acumulación de
plusvalía a unas inusitadas expectativas de control, dominación y sometimiento total (que
hemos denominado por nuestra parte, Fascismo Global).
Finalmente en el Ecosocialismo no se quieren hacer concesiones a las típicas cortinas de
humo que, de forma idealista, anhelan una nueva “jerarquía de valores” o un abandono de
nuestro supuesto “antropocentrismo” aborrecible. Desde el marxismo, la verdadera
alienación humana radica en la explotación suicida del hombre a cargo del hombre,
practicada de un modo tal que supone a su vez su propia alienación respecto al propio
suelo que pisa, a la atmósfera, al agua, en suma, a la Naturaleza entera. En tal sentido, el
Ecosocialismo, se cree, debería significar una lucha política a brazo partido a favor de las
comunidades campesinas del mundo entero, y en particular, del mundo “en desarrollo”
para así proteger solidariamente su soberanía como productores-consumidores. Es decir,
una lucha política orientada a garantizar su autosuficiencia en condiciones dignas así
como sus posibilidades de desarrollo humano por medio de la creación de vías de “venta
solidaria” de sus excedentes, venta directa al margen de las manos asfixiantes de unos
intermediarios monopolistas.
Dentro de esta ideología resulta de todo punto esencial que el Ecosocialismo no se
transforme en una nueva “marca” propagandística, en una nueva mixtura de dos
“sensibilidades”, como ahora se dice mera propaganda. Para que sea un movimiento de
veras revolucionario hace falta, como subraya Löwy, que represente a ojos vista de todo
el mundo, una Nueva Ética, y por ende, una Economía Política de marcado acento ético