Una anécdota
Eran aquellos tiempos del imperio de la palabra oral.
De jugarte alma, vida y corazón en la tribuna. De exprimir tus neuronas cerebrales y que tú voz, timbre con el corazón de los oyentes.
Y se vino el concurso nacional del periódico El Universal, el de más prosapia y calidad, el mítico torneo de los maravillosos orfebres de la palabra.
Mi hermano Sergio, quien apenas se fue de este mundanal ruido y yo, en chinga nos pusimos al alba. Éramos campeón y subcampeón de la UAEM… pero para ir al nacional con sede en Querétaro, primero teníamos que ganar el estatal.
Amplia difusión tenía el evento y así nos enteramos que en el antiguo D.F. el concurso para representar a la capital se realizaría en el teatro de la Danza.
Y juimos a ver. Reñido y emocionante certamen.
El concurso Edomex se iba a realizar en el Teatro del Seguro Social, aquí en Toluca
Y se vino el día y que vemos que dos que tres que ya mero ganaban en el teatro de la Danza, se inscribieron aquí. (Usted sabe, el valle de México y la capital más que binomio era unidad).
– Hay que chingarlos.
– Ora.
Y que comienzan las hostilidades con un juradazo de 18 personas. Dura, difícil competencia; los no tolucos traían lo suyo y así del montón de participantes, pasamos a la final cinco entes pensantes a improvisar, entre los cuales Checo y yo ahí vamos.
Al vernos nos abrazamos y que me dice y que le digo:
- Que ganes.
– A ganar
– Ora.
Y vino la evaluación del jurado del quinto al primero. Que sale el quinto lugar, ni él ni yo, así, cuarto y tercero… en la madre ¡Hicimos el uno-dos!… ¡Que chingá importaba quién ganará!
Y se dicta: segundo lugar, quien escribe. Y que me voy a felicitar a Sergio. ¡Campeón y representante del estado de México: ¡Sergio López fuentes Camacho!
Y que nos vamos a Querétaro… pero esa es otra historia.
…Y ahora que, a Checo, al que apenitas lo despedimos, las palabras se negaron a salir… ¿Tú crees? Días antes de irse le dice a mi hermana Lupe:
Lupe sonriendo:
- Me acuerdo cuando le gane, jaja a Raúl.
Y ahorita que escribo, no concibo a Sergio en una cajita de mármol encerrado en una gaveta de la catedral de Toluca y hasta pienso que en cierta noche un globito blanco –su palabra– se escapará para agradecer la ovación.
¡Adiós campeón!

