Una burbuja encriptada

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Éste es quizá el inicio de una debacle anticipada de un sistema que prometía revolucionar las finanzas a través de las criptomonedas y criptoactivos, la caída de FTX confirmada abiertamente por su dueño Sam Bankman-Fried (en adelante SBF, como comúnmente le nombran) el cual se equipara con la versión moderna de Jordan Belfort “El Lobo de Wall Street” con motivo de rumores en torno a un manejo unipersonal de la compañía de transacción de criptodivisas y los referidos excesos no sólo en el manejo de la empresa, sino en la vida personal de los dueños y amigos a quienes se les señala de modos poco convencionales de la gestión del tiempo animados por todo tipo de habilitadores tecnológicos, entre los cuales, también se da cuenta de los noontrópicos, aquellos fármacos defendidos como la antesala del transhumanismo dinámico y sobre demanda, es decir, sobre la mejora de las funciones cognitivas del cuerpo humano para lograr dominar de mejor manera las funciones químicas del organismo a fin de dar ventaja sobre otras personas a través de un mejor uso de las funciones que brinda la capacidad humana.

Más allá del mito del cómo y los medios utilizados, esta historia es un referente sobre el ecosistema financiero del Blockchain y la aparente nueva burbuja, por lo que la entrevista otorgada ante el New York Times, misma que como se ha señalado en diversos medios de comunicación en torno a la conveniencia para el sector de los criptos, y, en lo particular para la estrategia legal de defensa de SBF ante la serie de cuentas que se espera que se rinda en torno al manejo de las empresas a su cargo y los movimientos irregulares, y, en breve posiblemente calificados de ilegales, no solamente constituye un fenómeno que de manera local impacta en la reputación de una empresa, sino que pone en modo Grinch a los especuladores que querían generar rendimientos a largo plazo de los valores económicos que se atribuían al ecosistema Blockchain en ciernes y que empezará a afectar, como ya lo ha hecho, con otras criptodivisas más estables como son bitcoin y Ethereum, con una ola expansiva para cualquier otro criptoactivo como en el caso de los tókenes no fungibles o los famoso NFT´s que apenas iban generando un mercado de bastante valor.

En principio, quiero marcar mi posición y, en ese sentido considero que el ecosistema Blockchain sin duda es un modelo revolucionario que no solamente conducirá las principales pautas de internet y el ámbito digital, y que, por supuesto tenderá a eliminar la intermediación de cualquier tipo de operación y relación social, sin embargo, ello requiere de condiciones de gobernanza homogéneas y transparentes que no dependan de un actor determinado, o, que cuando esto así fuera, cumpla un papel definido con los controles y medidas necesarias en el marco de la colaboración público – privado, es decir, el ecosistema Blockchain solamente podrá ser redituable cuando los gobiernos reconozcan modelos de utilidad que permitan verdaderamente descentralizar su función a través del reconocimiento de espacios públicos en los cuáles éstos puedan desarrollarse, a la par, de trasladar el cumplimiento normativo de aquellos elementos básicos que sean requeridos para dar certidumbre a su operación, mientras ello no suceda, no dejarán de ser laboratorios privados que generan un gran riesgo a sus participantes en función de la estructura operativa real y lealtad de sus asociados, lo cual, siempre será el eslabón más débil ante la falta de mecanismos de control interno que puedan ser auditables con esquemas adecuados para el modelo de que se trate.

Sin embargo, como se ha apuntado aquí, el ecosistema Blockchain sigue siendo una burbuja desde el punto de vista operativo, ya que más allá de los errores que persisten en su funcionamiento desde el diseño, como los incidentes de doble gasto, se enfrentan al desarrollo tecnológico evolutivo y al inminente tsunami de capacidad computacional que no solamente romperá las redes de cadenas de bloques, sino que provocará replantear el modelo de gobernanza del ecosistema ante la llegada de la computación cuántica y el riesgo de pérdida inmediata de la validez de los registros contenidos en la cadena, que requiere, más allá de la teoría en torno a los mecanismos de soporte del ecosistema, un plan de trabajo que le permita migrar de manera efectiva ante el inicio paulatino de los algoritmos de computación cuántica que, dado el modelo distribuido, alcanzará todas las actividades registradas mediante dicha tecnología, la cual, por sus propias características no podrá adoptarla de manera inmediata y, en esa brecha, puede generarse una verdadera crisis en función de los registros de los que se de cuenta en cada cadena.

Insisto, no soy un detractor del Blockchain, pero lo que se viene sin duda, es una primer caída que hará que los especuladores tardíos sufran el revés de la pérdida económica puesto que, como se insistió en muchas ocasiones, dadas las características de las diversas criptodivisas estas no eran viables como instrumentos de inversión al no estar reguladas ni reconocidas formalmente por ninguna economía, aún cuando en algunos países se les tomaba en cuenta como medios de pago, o, se pretendía incursionar en mercados compuestos que permitieran su uso; razones por las cuales, en estos momentos se empiezan a transparentar las consecuencias de tales decisiones y que, seguramente provocarán mayor cautela en aquellos gobiernos que querían brindar un voto de confianza para crear sus propias criptodivisas nacionales.

Ello, porque como sucedió con los demás temas económicos en la historia y que han provocado la grandes crisis económicas mundiales, los valores que se otorgan a futuros en ocasiones rompen la barrera de lo lógico, y, como ha sucedido con el precio del petróleo, en el ámbito digital, con los nombres de dominio.com, y, parece ser que ahora con los criptoactivos, la fiebre del rendimiento ha provocado que se inyecte un valor imaginario para activos que nunca podrán soportarlos, y que, como dije, van más allá de que se trate de tangibles o intangibles, sino que, como puede verse con la muestra de un activo digital, como son las criptomonedas, el verdadero problema está en la especulación y en el otorgamiento forzado de un valor que no tiene un soporte económico con recursos fundamentales.

Por ello, si de especulación se trata, se viene la temporada de las montañas rusas a las que habrá de sumársele el escenario de una recesión que eventualmente compartirá motivos similares, la falta de liquidez basada en una producción y distribución de recursos ineficiente por no estar dirigida hacia objetivos de calidad orientados a la mejora de vida del ser humano, sino que únicamente tienden a elevar el valor individual de las compañías en la competencia globalizada, que, frente a los medios tecnológicos debería cambiar sus objetivos y orientarlos a lo que las Naciones Unidas ya ha identificado para el desarrollo sostenible.

Una vez sorteadas dichas complicaciones, tanto en el ámbito regulatorio, como en el operacional incluyendo la viabilidad y continuidad del ecosistema frente al uso aplicado de la computación y algorítmica cuántica, el uso del ecosistema Blockchain podrá resurgir de las cenizas de manera más eficiente, como el caso de los nombres de dominio que no solamente se han mantenido, sino que se han diversificado y, actualmente encuentran una variedad de valor frente a la potencial conectividad de los dispositivos inteligentes en un internet de todo, sin embargo, este ecosistema está destinado a estallar como burbuja, salvo que se inicien trabajos para el descifrado de dicha burbuja y, el entorno económico de un vuelco que permita que las crisis económicas se prevengan a partir de la verdadera acción que puede ayudar a mover la economía: la solidaridad y la fraternidad. Hasta la próxima.