Una estrella nacerá
Deja que la estrella que ilumina esta noche fría, tirite de melancolía; los suaves luceros del recuerdo nos anuncian su huida, un año se va y con él un cumulo de emociones; de momentos que forjaron nuestra vida, ilusiones que se convirtieron en acciones o se desmoronaron en el baúl de las intenciones. Un año se va con su paso sereno y gallardo, sentenciando que lo escrito no se podrá borrar, como sentencia bíblica nos recuerda: “lo escrito, escrito esta”.
En las fiestas decembrinas hay una dualidad indescriptible y pocas veces entendible: hay jolgorio, verbena y armonía en los hogares mexicanos; las luces centellan recordándonos a cada instante que somos vida y que nuestro corazón gozoso late y su marcha pretende no detener, los adornos brillan con las sonrisas que habitan en los hogares, hay inspiración bohemia, la alegría se reparte entre villancicos y cantos navideños, hay regalos en la mayoría de los hogares, y el fruto del año laboral alberga la esperanza de compartir con los seres queridos algo más que sueños e ilusiones.
Un suave olor a frutos decembrinos dibuja con su vaho la armonía y gracia de la naturaleza que aún en su decadencia nos protege contra las inclemencias climáticas; la pasión de un rojo encendido hecho flor nos permite entender en la hermosura de las noche buenas, que la vida es pasión; por nuestro torrente fluyen benevolentes nuestros lazos familiares que se solidifican en estas fechas, hay algo que nos incita a convivir, a reunirnos en torno a una hoguera que disipa la duda de lo vivido en 365 días; y aunque hay momentos que se han quedado tatuados en el paso del año, ese calor nos recuerda que, una estrella se apaga y otra nacerá.
Eterna dualidad, el bien y el mal, luz y oscuridad; mientras la época decembrina nos cobija con su alegría y candor, en algunas almas las fechas les persiguen con el tortuoso dolor del recuerdo, hay melancolía, en las calles van mujeres y hombres deambulando con niños, añorando que la caridad visite sus vidas; hay angustia en los hospitales que parece son más fríos que de costumbre y en busca de consuelo la soledad abraza a algunos y logra con su llanto embriagar a los cautivos.
Esta es la vida: la vida que cíclica nos incita a caminar por estaciones, a arrancar las hojas de un calendario para que cuando concluya su tiempo ceda su lugar a uno nuevo; espiral de ilusiones, humo de vergel que se eleva hasta el infinito para regresar plagado de esperanza, esperanza de que mientras el tiempo regrese a su estación, las circunstancias mejoren, los momentos sean plenos y que donde hubo tristeza germine la semilla de la plenitud, la gran ola del pensamiento positivo.
Y llegamos a este momento, donde seriamente cada uno hace un examen de conciencia, donde la vida nos pone en el pedestal de la balanza, donde se valora lo vivido en el año y se recuerda con suspiros lo que ha forjado nuestro destino, la gran pregunta estimado lector es: ¿Qué te deja a ti, este año que se va?
Es necesario saber exactamente donde nos encontramos parados, no podremos avanzar si no sabemos ni siquiera en dónde estamos; para crecer es necesario conocer de dónde venimos pues de lo contrario simplemente vamos caminando sin destino; tal vez en círculos como las estaciones del año; hoy que la vida dicen algunos “se vive de manera acelerada”, tenemos que aprender a darnos tiempo a nosotros mismos, a conocernos y entendernos, robarle espacio a cronos para que nuestras vidas sean nuestras verdaderamente.
Hagamos la diferencia; si estás leyendo estas líneas es reflejo de que te gusta entender el mundo a través de las letras y eso ya ha abonado a tu vida, y tarde que temprano la hará germinar. Esta fecha es propicia para decirte que este mundo necesita esperanza, esperanza para entender y comprender un mundo mejor, esperanza para cambiar nuestra historia si es que sentimos que se ha nublado, si se ha detenido y no encontramos la forma ni la manera de darle un giro; esperanza es una palabra que debe imperar en el año por venir, esperanza es el motor de la dualidad, esperanza en seguir creciendo, esperanza en que cosas buenas están por venir, esperanza fue lo que trajo con sus labios redentores el Rabí de Galilea.
Somos una pieza valiosa del enorme rompecabezas de este mundo, nuestra existencia es valiosa; así que, deseo con convicción que este año por venir traiga plenitud a tu existencia, paz en los momentos de tormenta, lágrimas de alegría y si estas son de melancolía que tengas a lado un hombro que te sostenga mientras en él te puedas recargar y desahogar, salud pues la modernidad nos está vegetando, larga vida para disfrutar con los tuyos, fuerza en los momentos de quebranto y sobre todo alegría; pues bien sabes que una sonrisa puede transformar tu mundo y el de la gente que te rodea.
Te agradezco por caminar juntos por los senderos de la palabra, a través de esta columna fue que tuvimos la dicha de conocernos y ahora debemos hacer que la palabra recobre su valor, nos corresponde construir una palabra más fuerte, con convicción y con vigor ¡hagamos bellos discursos con nuestros actos! Que el año que viene nos depare grandes momentos, que sigamos difundiendo la palabra como motor de cambio y esperanza, que las letras se fructifiquen para que podemos leernos y conocernos; que depositemos con bellas misivas la palabra redentora en el cataclismo de nuestro tiempo y que juntos edifiquemos por mucho tiempo nuestra “Oratoria epistolar”.
¡Que tengas un muy feliz año nuevo!

