UNA PALABRA
Una mínima sonrisa,
Alguna microscópica
Quizá de aquellas que sobran por inercia
Una sonrisa al paso
O al menos diplomática
De esas que no cuestan
Que se dan en automático
Es decir, espontánea,
Como si no fuera invisible
O,
Renunciando a recibir esa sonrisa,
por supuesto de un desconocido…
–los conocidos andan con las comisuras cansadas–
Una mirada,
De esas inevitables
Que se dan porque se encuentran
En el foco óptico
O para que se entienda,
En el marco ocular,
Cuando no pueden dejar de verte
Y uno queda al atajo de pescar
De pescar esa mirada
Por lo menos tibia
Que diga algo
Una mínima mirada,
Alguna microscópica
Quizá de aquellas que sobran por inercia
Una mirada al paso,
Por lo menos tibia
–hoy hace más frío que nunca–
O al menos diplomática, también
De esas que no cuestan
–entiendo que requieren cierto esfuerzo, cierto–
De esas que se dan en automático
Es decir, espontánea, que se escapa sola
Una mirada de una miradora que mire plausible
Sin migajas de ternura,
Porque para tal caso, la cambio por un abrazo,
Que me urge como una última emergencia
Un abrazo mínimo,
Alguno microscópico,
En el peor de los casos atómico
Quizá de aquellos que sobran por inercia
O como mero ejercicio
Para que no se acalambren los brazos
Un abrazo al paso
O al menos diplomático,
Transo por uno de compromiso
De esos que no cuestan
Más gratuitos que el mar
Uno, no dos, uno, en automático
Es decir, espontáneo, a mucho pedir
Como si no fuera invisible,
O en el peor de los casos
O en el mejor de los casos,
Una palabra.

