Valorar obra de arquitectos

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Huellas de quien haya sido un privilegiado por la naturaleza o por Dios. La obra que dejan artistas y en este caso, arquitectos, debe ser valorada por encima de ideologías, coyunturas o actitudes de empatía o antipatía para poder valorar de manera fehaciente lo que es la obra urbanística, religiosa o monumental que dará valor más allá del tiempo de vida del artista o como en este caso, del arquitecto que ha nacido para crear arte más allá de la sola idea de construir una casa, edificio o calle para servir a sus causas principales. Lo que deja para Guatemala el arquitecto principal del siglo XVIII en ese país es prueba de la grandeza de su arte e inteligencia que le hacen el arquitecto principal de ese país por la obra realizada. Es arte permanente, los grandes constructores lo que hacen para el bien de su país es crear arte permanente y no sólo luces de cuetes que si bien merecen nuestro aprecio, son arte efímero que desaparece con el trueno. No, la obra arquitectónica que fundan los genios de cada país es prueba de que lo que se construye con visión y trascendencia más allá de ocurrencias sobrepasa a todos y sobrepasa la vida física de artistas, pintores, arquitectos, escritores, etcétera, y como en el caso de Diego de Porres hace ver la importancia de un Bernini para la ciudad eterna de Roma en Italia, o la obra de Ramón Rodríguez Arangoiti y Vicente Mendiola para la ciudad de Toluca, en México.

Diego de Porres es ejemplo en América Latina de la presencia señera de un artista: arquitecto-fontanero que funda ciudades. En él destaca su labor como fontanero, una de las profesiones más importantes en el terreno no sólo de la urbanización, sino en el de la salud por el bien de sus habitantes. Leo lo que señala la plaquette referida lo siguiente: Principales trabajos de fontanería / El Ayuntamiento, al tomar en cuenta sus merecimientos le confiere el nombramiento de Fontanero Mayor de la ciudad, el 12 de octubre de 1713, lo cual le hace descollar como caso excepcional entre los arquitectos coloniales. De sus principales trabajos emprendidos como tal, debemos mencionar la introducción de agua a la población de San Bernardino Patzún en 1712 y a San Juan Comolapa en 1722, incluyendo la hechura de la fuente que se encuentra en la plaza de dicha población. Naturalmente, debió de realizar los trabajos rutinarios de mantenimiento y ampliación del abastecimiento de agua corriente de la ciudad de Santiago, provenientes entonces como ahora de Pamputic, Santa Ana y Las Cañas, así como la datación de agua para el vecindario de la misma urbe.

Imaginemos un siglo antes, de que José María González Arratia se decida a dar agua a la pequeña ciudad de Toluca en 1827, seis años después del logro de Independencia de la colonia española. Con cuanta ansia espera a sus fontaneros y arquitectos esta ciudad de fama por sus chorizos y la cría de puercos, lo que seguramente no era un mundo urbano de higiene como se podría esperar al ser designada capital del grande y extenso territorio del Estado de México. ¿Quiénes han de ser los fontaneros y arquitectos-artistas de la nueva capital mexiquenses en aquellos inicios de la entidad? El siglo XIX ha de contar con un arquitecto de la talla de Martín de Porres en Guatemala, su nombre Ramón Rodríguez Arangoiti. Cito por último el párrafo que hace referencia a una creación que aún perdura en la capital guatemalteca. Leo: En 1738 al decidir el Ayuntamiento de la ciudad la construcción de una nueva fuente para su Plaza Mayor, se le encomienda su diseño y hechura a Diego de Porres, quien la concluye al año siguiente, siendo felicitado por ello por el cabildo, legando de esa manera a su ciudad natal de Antigua Guatemala la bella fuente de las Sirenas que todavía preside su Plaza Mayor. En general, podemos decir que le correspondió a Diego de Porres vivir un momento de crecimiento urbano que le dio mayor prestancia a la ciudad, lo que le hizo tener que dedicarse intensamente a sus labores de fontanería.

Si pensamos en ello, nos damos cuenta que Toluca, aún no Ciudad sino pueblecito de menos de 8 mil habitantes no contaba con estos avances como urbanización que le reincorporara a su prestancia cual futura capital del poderoso Estado de México al llegar la Independencia de los españoles de manera oficial el 28 de septiembre de 1821.