¿Vamos de Lucha por Autonomía, al Retroceso del Clientelismo?

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Elio Villaseñor Gómez es director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción del Diálogo AC habla del retroceso silencioso: de la lucha por la autonomía al retorno del clientelismo. Lo que alguna vez fue una lucha por la justicia, la equidad y la autonomía ha sido reemplazado por una pugna por cuotas de poder y beneficios personales. Este ciclo no solo perpetúa el clientelismo, sino que amenaza con desmoronar los cimientos de una sociedad democrática y participativa.

Lamenta que es profundamente desolador observar cómo muchos de aquellos que alguna vez lucharon contra el PRI —un partido hegemónico, clientelista y autoritario— hoy guardan silencio ante el evidente retroceso que vive el país. Irónicamente muchos de ellos, que combatieron el autoritarismo en el pasado, ahora ocupan cargos en el gobierno y fomentan precisamente lo que antes condenaron: el clientelismo y una relación asistencialista con los ciudadanos, que alguna vez cuestionaron.

En su momento, la lucha por la democracia buscó empoderar a la ciudadanía a través de experiencias autogestionarias y modelos de gestión colectiva. La fuerza social, expresada en movilizaciones y demandas organizadas, fue el motor de un proyecto que aspiraba a lograr autonomía y generar beneficios comunitarios. Los ciudadanos dejaron de ser meros espectadores para convertirse en actores activos del cambio. Sin embargo, todo ese esfuerzo parece haberse desmoronado, dando paso al regreso del modelo paternalista, donde los gobernantes benefactores entregan dádivas a ciudadanos reducidos a roles pasivos y despojándoles su agenda política.

Este retroceso no solo implica la pérdida de conquistas democráticas, sino también la degradación de las relaciones entre gobernantes y gobernados. A medida que el clientelismo se expande, las tensiones internas dentro del gobierno se intensifican. La incapacidad de satisfacer las crecientes demandas de las clientelas alimentará inevitablemente disputas internas por el control de recursos, territorios y espacios de poder.

En este esquema, la lógica de “todo bajo mi control” prevalece. Quienes no se alineen serán considerados enemigos. La lealtad ideológica desaparece, dando paso a la conveniencia y al interés personal. Cada actor dentro del sistema buscará garantizar primero su beneficio individual y, si conviene, el de su grupo, dejando de lado el interés colectivo.

Esta pugna interna fracturará aún más al sistema político, afectando gravemente a la ciudadanía. Los conflictos entre gobernantes se traducirán en estrategias desleales, bloqueos y luchas de poder que paralizarán cualquier avance significativo para el país.

Lo que alguna vez fue una lucha por la justicia, la equidad y la autonomía ha sido reemplazado por una pugna por cuotas de poder y beneficios personales. Este ciclo no solo perpetúa el clientelismo, sino que amenaza con desmoronar los cimientos de una sociedad democrática y participativa.

Es urgente reflexionar sobre este proceso. Recuperar la fuerza social que una vez nos movilizó es imperativo. Necesitamos reconstruir un proyecto colectivo donde los ciudadanos retomen su papel protagónico, no como receptores pasivos de un sistema clientelar, sino como actores activos en la construcción de un país justo y equitativo.

*Licenciado y Maestro en Periodismo

lurame_3@hotmail.com                  @luciorm