VENEZUELA… APRENDAMOS LA LECCIÓN

Views: 231

“La tragedia venezolana demuestra que la riqueza sin instituciones es solo pobreza diferida”.

Juan Guaidó

DE 1989 AL ESPEJISMO PETROLERO: Durante décadas, Venezuela fue presentada como el ejemplo perfecto de que un país con petróleo estaba condenado a la prosperidad. La realidad demostró exactamente lo contrario: la abundancia mal administrada acelera la ruina.

El deterioro de la economía venezolana no comenzó con las sanciones internacionales, ni con un supuesto “bloqueo imperial”. Comenzó mucho antes, cuando la política sustituyó a la técnica y la ideología desplazó al conocimiento económico.

El estallido social de 1989, conocido como el Caracazo, fue la primera señal de alerta de una economía desequilibrada que sufría un gasto público desbordado, una dependencia extrema del petróleo y un Estado ineficiente. Aun así, Venezuela seguía siendo una economía funcional, con inflación elevada pero controlable y con instituciones que, aunque débiles, operaban.

El verdadero punto de quiebre llegó a partir de 1999. Con la llegada de Hugo Chávez y el auge de los precios del crudo, el país recibió el mayor ingreso petrolero de su historia. Esa riqueza extraordinaria pudo haberse traducido en diversificación productiva, ahorro intergeneracional e inversión en capital humano. Ocurrió lo contrario.

La empresa petrolera estatal, PDVSA, dejó de ser una compañía técnica para convertirse en una herramienta política. La meritocracia fue sustituida por lealtades, la inversión por subsidios y la planeación por discurso. No había sanciones, pero ya se estaba sembrando el colapso.

EL CONTRASTE QUE INCOMODA: Mientras Venezuela dilapidaba su renta petrolera, Noruega, que inició su auge petrolero prácticamente en el mismo periodo, tomó el camino opuesto. En lugar de convertir el petróleo en herramienta política, lo trató como lo que es: un recurso finito que debía transformarse en bienestar permanente. Para ello, blindó sus instituciones, mantuvo la operación petrolera bajo criterios técnicos, separó la política del manejo económico y estableció reglas fiscales estrictas que impidieron gastar hoy lo que pertenecía al mañana.

La pieza central de ese modelo fue la creación de un fondo soberano -el Government Pension Fund Global- diseñado para ahorrar, invertir y distribuir con prudencia los ingresos petroleros. Hoy, ese fondo financia pensiones, estabiliza la economía y protege a futuras generaciones, sin provocar inflación ni dependencia fiscal. Noruega demostró que el problema nunca fue el petróleo, sino qué se hace con él y quién lo administra. Donde unos repartieron renta para conservar poder, otros construyeron instituciones para preservar prosperidad.

EL COLAPSO ANTES DEL “BLOQUEO”: Entre 2013 y 2017, con la caída del precio del petróleo, la economía venezolana mostró su verdadera fragilidad. Inflación descontrolada, controles de precios que destruyeron la oferta, escasez generalizada y una expansión monetaria sin respaldo marcaron el inicio de la hiperinflación.

Es un hecho incómodo para la narrativa oficial, pero ineludible: la hiperinflación comenzó antes de las sanciones más severas. El problema no fue externo. Fue interno, estructural, acumulado y, lo peor, negado en el discurso oficial mientras 7 millones de venezolanos huían de una dictadura de facto.

Bajo el gobierno de Nicolás Maduro, el deterioro se profundizó. En lugar de corregir errores, se radicalizó el modelo, más controles, más emisión de dinero, más improvisación. La economía quedó en manos de operadores políticos, no de especialistas. El resultado fue la destrucción del poder adquisitivo, el colapso de los servicios públicos y la mayor migración forzada de la historia reciente de América Latina.

LA GRAN MENTIRA DEL BLOQUEO: Las sanciones agravaron una economía ya devastada, pero no la crearon. No existe bloqueo capaz de destruir una economía sana, ni riqueza natural suficiente para salvar una economía mal gestionada. Países con menos recursos y sin petróleo han logrado estabilidad; Venezuela, con las mayores reservas del mundo, no.

Culpar exclusivamente al bloqueo es una coartada política que evita asumir responsabilidades. La verdadera causa del desastre fue haber convertido la renta petrolera en un instrumento de control político y no en una palanca de desarrollo.

DE FONDO

FELIZ AÑO NUEVO: En una operación militar sin precedentes, las fuerzas de Estados Unidos llevaron a cabo un ataque a gran escala en Caracas el 3 de enero de 2026, conocido como Operación Resolución Absoluta, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La pareja fue trasladada a suelo estadounidense, donde enfrentarán cargos por narcotráfico, narco-terrorismo y conspiración, con una comparecencia ante la justicia en Nueva York programada próximamente. 

El presidente estadounidense anunció que su país supervisará una transición de poder en Venezuela y que incluso podría administrar temporalmente el país, incluida su industria petrolera. La operación generó reacciones mixtas en la comunidad internacional y en el propio pueblo venezolano, entre quienes celebran el fin de un régimen y quienes denuncian violaciones al derecho internacional y soberanía. 

Este hecho histórico no solo marca un punto de inflexión político, sino que también obliga a una reflexión profunda: si tras décadas de mala gestión interna se llega a un desenlace militar internacional, la causa del colapso está clara y no puede atribuirse únicamente a factores externos.

DE FORMA

Daron Acemoglu (Why Nations Fail) ha sido claro: los regímenes que sustituyen instituciones por propaganda y técnicos por leales no fracasan lentamente, fracasan de golpe. El caso venezolano confirma que una dictadura incompetente no cae por conspiraciones externas, sino por el peso de sus propios errores.

Venezuela no fracasó por falta de recursos. Fracasó por excluir el conocimiento, despreciar la técnica y confundir propaganda con política económica. Cuando la economía se gobierna con consignas y no con datos, el resultado no es justicia social, sino pobreza generalizada apoyada en una injusticia legal. Cuando el poder desprecia al conocimiento, la ruina deja de ser ideológica y se vuelve matemática.

DEFORME

Noruega demuestra que el petróleo puede ser una bendición si se administra con instituciones, reglas y visión de largo plazo. Venezuela confirma la otra cara de la moneda: cuando la economía es manejada por políticos y no por especialistas, ni siquiera la mayor riqueza natural alcanza, ¿o no es así, PEMEX?…