Vida sin mí
Y entonces,
algo pasó,
como pasa siempre,
las rachas buenas y malas
tu voz sufre una grieta riquísima y
por ahí pasa la mía
como si estuviéramos ya en alguna cama,
y entonces, entonces,
uno entra en el tobogán
sin retorno,
digo.
Llega el aire acondicionado,
el chofer,
los chefs
para los desayunos
los relojes en forma de mayordomo
los instructores de golf
y las reuniones con traje de alta marca,
y uno
entonces, entonces,
va dejando de leer,
escribes menos
tu celular
no para de invitarte a todo
tipo de ágapes
te vuelves en un mago de mil sonrisas
sin fogatas de verdad
sin borracheras secas
sin drogas multicolores
sin fabulosas conversaciones
como si fueran las últimas
sin faldas de mujeres que se van acortando
sin la lujuria poderosa
que le pone cortina al sol para dejar el ambiente
a media luz
con un tango por ejemplo, que nos acompañe
como un himno, si,
hablo del emblemático Cafetín de Buenos Aires
y por ahí,
en el momento menos esperado,
vuelve,
el chofer, el golf
el aire acondicionado y adiós
fogata de la entraña atractiva
adiós besos a oscuras sin saber a quién
adiós contemplación,
sin tango que valga,
y como irónica venganza quieres volver
y suena por algún lado Adiós muchachos
y ocurre lo peor,
que uno se queda en medio de cierto desierto,
y nuevamente, las bodas con pasteles de quince pisos…
y un run run de rutina amplia y variada
te toma, y ya seducido, empiezas a engordar…
y se acerca,
porque, a pedido de la señora
el mayordomo, jamás,
te pasará algunas llamadas.

