Y todo el jazz…

Views: 1771

La ciudad estaba aterrada por que  parecía que  la lluvia no nos dejaría dormir, los lugares de la calle permanecían cubiertos bajos los hules colores que hacían resbalar la lluvia, las esquinas albergaban a más de diez personas que, amontonadas, rezaban para que el charco de lodo y agua no fuera alterado por una llanta veloz, así nos acercamos al Soumaya, porque llevábamos mucho tiempo queriendo ir, queriendo ver la obra, soy una apasionada de los Musicales, más en teatro que en películas, me emociona todo de ellos; el montaje, el escenario, los arreglos, el elenco, el vestuario y hasta el folleto impreso que me puedo llevar a casa; los boletos para ver CHICAGO el musical, estaban en nuestras manos, un musical que si bien ya se había presentado en nuestro país, no con este elenco, y con la cantidad de publicidad que se le hizo.

Leía reseñas, comentarios, tweets y hasta videos filtrados en los ensayos, presentaciones de prensa, el punto es que nadie le dice que no, a un musical clásico, nadie le dice que no, a una ida al teatro, tan cerca de nosotros, tan poco común, tan especial la fecha y para mí, tan especial la compañía.

Compramos los boletos para la función de las ocho, en jueves, donde todo es más callado y solitario, donde sin presiones la tarde nos llevó por la autopista, donde los luces de la ciudad, la fiesta de jueves y el ánimo por finalizar la semana nos vino bien.

Sentada en mi buatca comencé a recordar mis canciones favoritas, las imágenes en mente sobre lo que para mí es CHICAGO, pero nunca imaginé que la obra me emocionara tanto, la obra se tejió como en cadena, el primer paso fue mi piel de gallina, al escuchar el saxofón, al ver la banda en vivo, las manos y los movimientos de FOSSE, el paso dos fue descubrir las grandes interpretaciones de Biby Gaytán (Velma Kelly) y María León (Roxie Hart), impecables, entregadas, hermosas, gigantes y talentosas, paso tres, redescubrir cada canción y cada acto con un espléndido cuerpo de baile, el escenario pulido en negro, en bocas y miradas estudiadas, en sillas y escaleras sacudidas para vestir las coreografías, cada recuerdo con el que ahora me atrevo a escribir me vuelve a erizar la piel.

Tal vez si no eres una persona de musicales, la notes pesada y hasta poco divertida, pero no sentí los minutos pasar, disfruté cada uno de los momentos, a pesar de que, por mi divina ansiedad, tenía en mi mente ciertos parámetros e ideas en torno a las actuaciones, la sentí especial, sentí como si nunca la hubiera visto,  creo que vale, toda, la pena y cada peso que pagué, lástima que subestimemos tanto al teatro y a los espectáculos caros, pero si en lugar de criticarlos le diéramos una oportunidad, veríamos las cosas distintas.

Siempre que salgo de los teatros admiro más a los actores, a ese valor por sintetizar tantos talentos en una puesta en escena que, apuesta por ellos, que respalda el trabajo de toda una vida y que hace que nosotros, los espectadores, vivamos al teatro como toda una experiencia cultural.