11) La fotografía
La fotografía era una de las actividades favoritas de Iker; le gustaba tomar todo tipo de paisaje, en especial cuando veía un partido de futbol. También le interesaba escribir crónicas de cada uno de los juegos que participaba. El tiempo seguía con su paso rápido, ya se encontraba en el segundo año, nuevamente se reencontraría con Pamela en el equipo de la escuela, algo que le esperanzaba muchísimo.
Los padres de Isabel se divorciaron al terminar el año escolar. La joven siguió el consejo del castaño, busco encontrar sentido en algo superior a través de la visita de los domingos cada fin de semana, acompañada de su mejor amigo y sus familiares. Por otra parte, los entrenamientos dentro de la escuela cada vez eran más pesados. El lugar en la cancha estaba más peleado que en sexto de primaria, en la mayoría de los partidos Iker comió banca, cosa que no le importó, pues así no se desgastaba, tenía la suficiente energía para entrenar y jugar en su filial. Además, podía tomar fotos de las acciones del partido.
—Sonríe Isa —gritó Iker al ver que su amiga había marcado el gol de triunfo. Ella se acercó a la banca y guiñó el ojo para que él tomara la foto perfecta. Después del juego, ambos se fueron directo al número 78 del Carrer d´Amílcar.
—Siempre estás tomando fotografías, ¿qué ya no quieres jugar? —preguntó la chica de gruesos labios.
—No es eso, simplemente no quiero cansarme, además tú sabes que me apasiona tomar fotos —respondió él.
—¿Puedo verlas? —pidió ella ansiosa.
—Claro, déjame saco la cámara de mi mochila —respondió el chico de trece años.
—Pamela, Pamela, Pamela, Miguel, Pamela, Pamela, Jorge y finalmente yo, te sigue gustando, ¿verdad? —cuestionó tratando de incomodar a su amigo. Iker se puso totalmente colorado y nervioso.
—No, no para nada, solo tomó fotos de lo más destacado del partido y ella siempre está en esas jugadas —contestó él.
—Casi, casi lo dices suspirando, aparte en solo en dos fotos tenía el balón. Sí te gusta, sí te gusta —continuó molestándolo.
—¡No lo grites! —señaló entre dientes—. Sí, lo acepto, pero no digas nada —reveló el dorsal 98 de los periquitos un poco desesperado.
Llegaron a la casa de los abuelos (obviamente del chico), hicieron la rutina de siempre: fueron al cuarto del chico, adelantaron un poco la tarea, pasaron al comedor para alimentarse de manera apresurada y después de eso Isabel tomó un baño. La confianza de ella hacia su amigo era tanta que pasaba más tiempo en su casa que la propia, decidió quedarse con su papá y como trabajaba la mayoría del tiempo, tenía mucha libertad.
—No mires, ¿entendido? —advirtió ella casi casi amenazando a su mejor amigo.
—No lo haré, ¿cuándo lo he hecho? —contestó él.
—Si tomas tantas fotografías y escribes tanto de partidos de futbol, ¿por qué no te unes al diario escolar? —preguntó la chica, quien estaba a nada de ponerse la ropa deportiva del Español.
—¿El diario escolar…? No sé, lo hago por gusto y no por trabajo, ¿crees que soy lo suficientemente bueno? —dudó el chico de trece años.
—Únete después de vacaciones decembrinas, te dará grandes recomendaciones y podrás estar más cerca de Pamela, incluso le podrías hacer una entrevista —respondió ella con sarcasmo.
—Sabes que ella me odia, no me aguanta verme, aunque me agrada tu idea apartando lo último.
—No pierdes nada con intentarlo —sugirió Isa sonriéndole a su amigo.
—Ya es tiempo de entrenar, vámonos —apresuró Iker.
Pasaron los meses, inició un nuevo año, el 2013. Las clases reiniciaron después del Día de Reyes y él cumplió la promesa de entrar al periódico escolar. Lo primero que hizo de regreso a clases fue ir al salón dedicado a esta actividad, allí se encontraban más diez adolescentes, cinco de ellos se estaban escribiendo en varias computadoras. David, uno de ellos, pertenecía al cuarto año, tenía quince años, ojos miel, cabello liso y castaño, de corte moderno, vestido a la moda y unos lentes grandes. Él era el director general de dicho periódico, el dorsal 98 de los pericos se acercó:
—Me gustaría unirme al periódico escolar —comentó el chico de trece años.
—¿Tienes alguna recomendación?, ¿alguna experiencia en el mundo editorial? —preguntó aquel chico. Iker estaba por contestar, pero antes de que pudiera abrir la boca, fue interrumpido—. ¿Qué es lo que sabes hacer? Venga di algo, estoy perdiendo mi tiempo —agregó David.
—Soy muy bueno tomando fotografías. No tengo ninguna experiencia, pero en mis tiempos libres suelo escribir crónicas de los eventos deportivos. Traigo algunos en mi mochila, si quieres te los muestro —contestó Iker tratando de hablar lo más rápido posible. El tal David leyó rápidamente los textos del dorsal 98 de los pericos y al final abrió su boca:
—Nada mal, nada mal, nos hace falta desarrollar más esa sección. El diario es nivel de secundaria y bachillerato, no hay ninguna paga, solo recomendaciones y reconocimientos.
—¿Entonces estoy dentro? —preguntó el chico de pelo castaño y ojos marrones que gustaba de tomar fotografías.
—Empiezas mañana, te quiero en el primer receso aquí —exigió el jefe a cargo del diario.
Como fotógrafo, cubriría todo tipo de eventos escolares, podría salir de clase cuando le placiera, siempre y cuando tuviera un papel firmado por David. Iker siguió entrenando y disfrutando del futbol, iba a pasos agigantados en la filial del Español, con catorce años ya se encontraba en la filial sub-16.

