12) Regalo quince
Fotógrafo y futbolista, un doble rol bastante difícil de cubrir, pero Iker ya sabía de lo que se trataba cumplir con ambas actividades. Las cosas en segundo año fueron bastante buenas: clases nada complicadas, maestros buena onda, entrenamientos de táctica fija y técnica, nada cansado como en el primer, donde si sintió la transición de nivel.
Pasó al tercer año, uno más con el mismo grado de dificultad. El 30 de abril de 2014 cumplió los quince años, un día que cayó miércoles; a él le gustaba tomar el día como algo simple y normal, nada fuera de lo común, algo que detestaba Isa, su mejor amiga. Para ese día ella le tenía una gran carta y un regalo que nadie más le podía dar.
—Iker, ¿a dónde vas? —preguntó la chica de grandes ojos marrón.
—Tengo que ir a trabajar en mi crónica del partido pasado. Lo siento, te veo en clases —respondió él dirigiéndose al aula designada al diario escolar.
Isabel se estaba arrepintiendo de la idea que ella misma le había dado. Extrañaba pasar tiempo libre con su mejor amigo, ya era un largo tiempo sin él y a pesar de que seguían juntándose después de clases, ya no era lo mismo, o era el futbol o el periódico escolar. Fue en esos meses que empezó a salir con Miguel, el portero, el chico galán y de nariz prominente, quien se le había declarado a inicios de tercer año. Sí le gustaba, pero no le tenía la misma estima que a Iker.
Hora después llegó la hora de la salida y los mejores amigos recorrieron el camino hacia la calle donde vivía el joven. Mientras caminaba ya no se sentía esa alegría, llenas de risas y platicas profundas, estas se habían convertido en silencio, Iker todo el tiempo pensaba en sus pendientes y no se centraba en el presente. Su mejor amiga lo sacó de sus pensamientos:
—Hoy ni me has dejado darte tu abrazo de cumpleaños, ¿ya no tienes tiempo para mí? —preguntó la chica de catorce años.
—No, bueno sí, pero no, es complicado y creo eres quien más lo sabe —contestó el dorsal cuatro del colegio.
—Pensé que sí, pero últimamente me cuesta tanto, no sé por qué me llegaste a gustar —reveló ella entre dudas.
—Espera, ¿qué acabas de decir? —preguntó él poniéndole más atención.
—Sí, así es, la frase que más quisieras decirle a Pamela y que yo te digo a ti, en tiempo pasado —respondió Isa.
—Y sigues con la misma, sí me gusta y siempre me va a gustar, es algo especial. Tú eres mi mejor amiga y eso nunca va a cambiar, tenlo por seguro —consoló Iker.
—Pues ya no lo parece, ni siquiera has abierto mi regalo del día de hoy —replicó ella un poco enfadada.
—Mira, seré directo e iré al grano, era fácil ser el fotógrafo cuando estaba en la banca y observar; pero dentro de los once es muy difícil, me he cargado de demasiado trabajo por un consejo que tú me diste —reprochó él enojado y finalmente sintiéndose relajado consigo mismo.
—Entiendo, pero tú lo quisiste así, creo sería buena idea decirle a David que necesitas una asistente y me ofrezco con gusto. Pues ya para el siguiente torneo separarán los equipos mixtos —mencionó la dorsal seis.
—No es una mala idea y siempre me ha gustado cómo escribes. Tú te encargarías del equipo varonil y yo del femenil, me has dado el mejor regalo de cumpleaños.
—Y eso que ese no es el verdadero. El último en llegar a tu casa paga el cine de fin de semana —retó Isabel saliendo a máxima velocidad. Los jóvenes entraron a la casa y fueron directo al cuarto de Iker y ella sacó la carta que le había escrito. Los abuelos del niño le habían comprado un pastel para el postre después de la comida.
—Adelante, lee la carta —exigió la chica.
—Ok, aquí voy —contestó él centrándose en la carta.
“Querido Iker
De aquel chico silencioso de sexto grado, a un fotógrafo y futbolista casi profesional; de un desconocido a la persona a quien más afecto le tengo. No has dejado de ser mi mejor amigo desde ese primer día, has estado en cualquier momento, me has compartido tu experiencia, me cuidas y proteges, has convertido tu casa en un hogar para mí.
Hoy cumples quince años y a pesar de que no quieras celebrarlo, creo es relevante escribir esto, para que sepas lo importante que eres para mí. En el último año nos hemos distanciado un poco, demasiado y caí en los brazos de Miguel, di mi primer beso, fue extraño, quería contártelo al momento, pero estabas muy concentrado en otras cosas.
¿Puedes creer que desde un principio me gustaste? Te me hiciste un chico atractivo y entre más te conocía, tu profundidad y tu forma directa de ser nadie la tiene. Eres la persona con el mejor corazón que conozco y ese amor que le tienes a ella es impresionante. Sin embargo, por esperarla te estás quedando muy atrás. No has tenido novia, no has besado a nadie, no has aprendido a bailar fuera de la cancha y muchas cosas más han quedado en el olvido.
Has vivido estos cuatro años sin conocer tanto; te invito a abrir los ojos y conocer un poco más. Para que en el momento que ella y tú puedan estar juntos, tengas experiencia de todo. Te regalo todo lo que quieras, una amistad de por vida, alguien que siempre te protegerá y te pondrá antes que cualquier cosa. Te doy gracias por mostrarme a Dios y ser mi hermano, hoy hay descanso, no entrenaremos, así que mírame fijamente y empieza a disfrutar un poco más”. Isabel se acercó hacia él y le dijo:
—¿Quieres dar tu primer beso? —preguntó ella.
Iker empezó se sintió muy nervioso, algo que jamás había sentido, le gustó mucho la carta, las confesiones y secretos que le revelaba, pero ¿debían besarse? Dudaba mucho en su respuesta. Ella se acercó a él y lo abrazó, tomó su mano y le dio su verdadero regalo de cumpleaños, el primer y único beso de su vida.

