LAS ENERGÍAS

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…los pensamientos nunca son honestos. Las emociones sí.
Albert Camus.

Querido y aguzado lector, le saludo con el gusto de siempre. Espero esté a salvo durante estas torrenciales lluvias que trajo consigo el verano.

Esta semana encontré una imagen en redes sociales que tenía un mensaje que decía:

Aislarme en mi rareza y mi silencio, mantiene mi energía limpia y brillante.

Aislarnos, ¿es posible estar completamente aislados de todo?, o al menos físicamente, porque en el móvil podemos estar en conocimiento de propios y extraños. Un comentario, un like, un view, por ejemplo,  nos hace presentes en la realidad virtual.

Probablemente esa misma dinámica nos da la sensación de sentirnos, mirados, invadidos, tal vez, el constante sonido de notificaciones nos dice que no estamos aislados, en silencio.

Para algunos ha sido una solución a su dificultad de tratar a las personas cara a cara, cuántos han hallado alivio en dejar sonar el móvil una llamada de voz para después atender por vía mensaje, simplemente mantenerse en contacto en la virtualidad.

Antes se adjudicaba a una cuestión de edad, hoy es más esta situación de la simplificación por mensajes, o al menos es lo que dicen los que prefieren el tecleo incesante y los emoticonos.

Sabemos que la comunicación cara a cara implica el uso de todos los sentidos prácticamente, escuchar y diferenciar en los tonos de voz, observar y descifrar los gestos, ademanes y símbolos que impregnan al interlocutor, también sentir en caso de proximidad física; y si a ello se le agrega algo de comida o bebida, e incluso el ambiente, los olores que acompañan el encuentro, el olor del participante. Si lo ponemos así, eso implica cierto esfuerzo, ¿no?  

Esfuerzo que a veces se imposibilita por cuestiones de tiempo, no hay tiempo para verse entonces están los medios para acercarnos, o qué tal cuando se trata de alguien a quien no queremos ver, mejor un texto o un correo electrónico.

Porque a veces  nos cuesta lidiar con algunas personas, porque no tenemos la energía, las ganas, o una situación psíquica nos limita, una depresión, ansiedad o alguna condición que  nos impida querer interactuar con otros. 

La energía, pudiéramos interpretarla como el impulso que tenemos para realizar nuestras actividades diarias, …que la energía se vincula con la capacidad de estar y/o sentirse “bien con uno mismo”, para realizarnos en el día a día. Pero también hemos escuchado que se habla de energía buena y mala;  

Este bienestar es definido como un estado de armonía entre las entidades que conforman la persona, cuerpo, mente y espíritu. 

Entonces el flujo energético individual habla o expresa al cuerpo, mente y espíritu de cada uno, lo que nos permite lograr o no el vínculo con otros o con el entorno; de acuerdo a esta aseveración en la investigación realizada por Mariana Bordes, titulada: ¿De qué hablamos cuando hablamos de energía? Una aproximación a las nuevas culturas terapéuticas desde la sociología del conocimiento.

Además de que con esta noción, se le adjudica un valor, la noción de energía habilita a detectar las cualidades negativas o positivas de las personas, lo que lleva a que esta categoría cobre una dimensión moral.

Entonces si hay un problema con el cuerpo, una enfermedad o algo que no lo tenga en armonía; la mente, cuál es la salud mental de cada individuo cuando estamos bajo un constante bombardeo a la mente con infinidad de estímulos de todo tipo.

En su vertiente negativa, esto queda explicitado en un amplio espectro de características personales, que incluye desde malas personas en general –por ejemplo, si buscan generar un daño en otros, gente mala, perversos, psicópatas, egoístas, gente que no puede dar, sólo recibir, gente que se queja con o sin razones, que critican, entre muchas otras referencias registradas–. Hasta individuos que no son necesariamente etiquetados de acuerdo con su intención de dañar o importunar a terceros, pero sí definidos negativamente debido a que no pueden disfrutar, son personas apáticas, o directamente porque se encuentran ávidos de afecto, o están bajoneados… 

[…] la energía positiva constituye un atributo de personas bien intencionadas, que desean compartir con otros y que se alegran por su bienestar, seres con fuerza de voluntad, con determinación para lograr lo que se proponen y con ganas de salir adelante (a pesar de los condicionamientos sociales). Esta característica puede llegar a constituirse en expresión y dispositivo de reforzamiento del carácter carismático del sujeto –por oposición a la función de estigmatización que genera la definición de una persona en términos de energía negativa–.

Vaya que son más los atributos malos que hay en la energía que nos hacen alejarnos de ciertas personas, o que hacen que la gente se aleje de uno mismo porque también puede suceder que no somos conscientes de que alguna característica nos vuelve repelentes ante los demás.

En este sentido, de ahí la necesidad de algunos por aislarse en su rareza y silencio, ya sea por no coincidir con las buenas energías a causa de la propia inarmonía o por el encontronazo con las malas.

Al ser un asunto moral y de cada individuo, su sentido subjetivo nos deja mucho por analizar, en términos de una sociología del conocimiento, estas concepciones son relativas a las condiciones sociales de producción de estos significados.

Cuando las condiciones sociales para la interacción entre los seres es trastocada por la violencia, la maldad, o bajo los efectos de los males de estos tiempos, la ansiedad, la depresión; será que la única salida es el aislamiento, la búsqueda de la conservación de la energía limpia y brillante, la buena. No dejarse contaminar, invadir, dañar.

Pero qué sería la vida sin el encuentro con los otros, dónde quedarían los aprendizajes, cómo podríamos construir una fortaleza, dónde se pondría en práctica la bondad, con quién. Cómo se darían las amistades, de dónde surgirían las historias, los sueños, la biografía. 

Por otro lado, cómo superar o enfrentar la maldad a la que a veces nos enfrentamos, ante el horror de lo inhumano, aquello que nos deja marcados, traumados.

Entonces el instinto de conservación nos lleva al aislamiento, la soledad. Cuan sanadora, placentera puede resultar la soledad sin el conflicto, sin el tumulto, sin las discrepancias, sin la maldad. Y pienso en aquella frase que adjudican a Fiódor Dostoyevski que dice, arderás y te consumirás; sanarás y volverás.

Ay querido lector, queda aquí entonces la provocación a considerar si es posible mantener intacta la energía limpia y brillante y si en verdad es fatal el encuentro con algunos otros pues todo lo que hemos vivido nos ha llevado a ser quienes somos ahora. 

Me despido con una frase de Pablo Neruda que dice: 

Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.

Sí querido lector, el amor, o el Amor, así con mayúsculas, ese que nos hace despertar cada día, el que nos mantiene vivos y nos hace continuar pese lo que sea.