Salvemos las reservas, del turismo depredador al ecocidio neoliberal
No sé ustedes, quienes leen, pero yo ya no puedo leer un titular que diga desarrollo sostenible sin que se me revuelva el estómago. La frase huele a incienso de oficina, a lobby con corbata, a ingeniero que nunca ha puesto un pie en el manglar que firma destruir. Sostenible es hoy el adjetivo con que el capital viste su desnudez antes de entrar a violar. Por eso esta columna no va a ser sostenible, va a ser, llamémoslo, incómoda. Filosófica, sí, pero como lo es un cuchillo bien afilado, no para adornar la mesa, sino para partir la carne de los argumentos que nos venden. Política, también, pero no la política de los eslóganes, no, más bien una un poco más de las coordenadas exactas donde el poder se sienta a negociar mientras afuera el arrecife se muere, y geopolítica, claro, porque el crucero que no atracará en Mahahual tiene dueño, y ese dueño tiene bandera, y esa bandera tiene ejército.
Antes de empezar quisiera poner un escenario lírico, imaginativo, para adentrarnos en este tópico, con una imagen que me persigue desde que empecé a entender de qué trata realmente esta crisis.
Es la imagen del jardín de un hotel.
Uno de esos hoteles grandes, de esos que se construyen donde antes había selva o manglar o playa virgen, el jardín es hermoso, está perfectamente podado, regado por aspersores automáticos, con flores traídas de otro continente porque las de aquí no son lo suficientemente vistosas. Hay una piscina de forma irregular que imita una laguna, y hamacas estratégicamente colocadas para que el huésped mire el mar sin tener que ensuciarse los pies en la arena. El huésped cree que está en la naturaleza, pero no, está en su representación. En una versión sanitizada, domesticada, sin mosquitos ni espinas ni riesgos, un jardín de hotel es la naturaleza después de que el miedo a lo salvaje la ha limado hasta volverla decorativa.
Esa imagen del jardín de hotel, es la mejor metáfora que conozco del antropocentrismo, esa creencia de que todo lo material existe para responder a las necesidades humanas, como si el planeta entero fuese un terreno que podemos talar, pavimentar, cercar y redecorar a nuestro antojo.
Así que ahora sí, empecemos.
Hay noticias que deberían ser celebradas con algarabía, pero que en quienes tenemos la memoria larga, recibimos con cautela, el martes 19 de mayo de 2026, la secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena, anunció lo que millones exigían, el megaproyecto Perfect Day at Costa Maya de Royal Caribbean no será aprobado. La empresa estadounidense soñaba con construir, en 90 hectáreas de selva y manglar de Mahahual, un parque acuático con el tobogán más largo del mundo, 30 albercas, 24 bares y capacidad para recibir a 21 mil turistas diarios en una comunidad de apenas 2 mil 600 habitantes . El precio no era nada menos que la destrucción indirecta del Sistema Arrecifal Mesoamericano, la segunda barrera de coral más grande del planeta, hogar de más de 500 especies de peces y barrera natural contra huracanes. La presidenta Claudia Sheinbaum, científica de formación, ambientalista de discurso, ordenó la revisión exhaustiva. Y la Semarnat hizo lo propio, no. La empresa, según reportes, ya explora la posibilidad de retirarse.
¿Celebramos? Parcialmente. Porque la misma lógica que quiso pavimentar Mahahual acecha hoy, bajo otro disfraz, en Loreto, Baja California Sur, y mientras tanto, al sur del continente, en Perú, el Congreso debate esta misma semana si entregar el 8% del mar protegido a la pesca industrial.
La columna de hoy es un viaje por esa geografía del saqueo. Pero también una declaración filosófica de que esto no es una serie de conflictos ambientales aislados, cómo hemos podido entender es un patrón, y el patrón tiene nombre y hasta corriente, es, antropocentrismo depredador.
Mahahual, cuando el pueblo dijo basta (y el gobierno escuchó)
El caso de Mahahual merece un análisis detallado porque es, quizá, la primera gran victoria ciudadana contra el turismo de enclave. Pero, vamos por partes, con unas preguntas y respuestas, ¿Qué pretendía Royal Caribbean? Construir un día perfecto para sus cruceristas, toboganes con forma de jaguar de 50 metros de altura, una piscina de 30 mil metros cuadrados (equivalente a cinco campos de fútbol), y un río lento artificial que sería el más largo del mundo, todo en una zona de manglares y humedales que alberga especies en peligro de extinción como la tortuga caguama, el jaguar, el manatí, el mono araña centroamericano, entre otros.
¿Qué argumentaba la empresa? Que ya existe un muelle de cruceros, que el terreno ya fue intervenido previamente, que crearían empleos, es decir esos argumentos clásicos del desarrollismo extractivista, ya está dañado, dañémoslo más. ¿Qué hizo la diferencia? Una campaña ciudadana masiva que superó los 4.8 millones de firmas en Change.org., con activistas, científicos, creadores de contenido digital y la propia comunidad de Mahahual construyeron una narrativa tan poderosa que la conversación en redes alcanzó un 91% de rechazo al proyecto, con un 47% calificándolo directamente como ecocidio.
La respuesta del gobierno fue, hay que decirlo, correcta. La presidenta Sheinbaum fue clara: No debemos hacer nada que afecte esa zona. Alicia Bárcena, tajante: Sabemos que la empresa está buscando desistirse, pero nosotros como Semarnat no lo vamos a aprobar.
La presión ciudadana organizada funciona. Pero funciona, también, cuando hay un gobierno dispuesto a escuchar. En la geopolítica del ecocidio, esa combinación es rara, celebremos, entonces, la excepción, pero no confundamos la batalla con la guerra.
Loreto y la ballena azul contra el decreto presidencial
Si Mahahual es una victoria, Loreto es el campo de batalla abierto. El 8 de abril de 2026, la presidenta Sheinbaum firmó un decreto que reclasifica el Puerto de Loreto como puerto de altura, abriendo la puerta al cabotaje internacional y al tráfico de buques de gran calado en el corazón del Parque Nacional Bahía de Loreto. Esto implica un dragado del canal de acceso, construcción de infraestructura portuaria industrial y, sobre todo, el tránsito constante de megacruceros y buques mercantes por una zona que es santuario de la ballena azul (Balaenoptera musculus), el animal más grande del planeta.
A continuación algunos datos:
- La bahía recibe más de 2 mil 400 ballenas azules al año, que llegan a alimentarse y a criar a sus ballenatos.
- El ruido submarino de los motores y hélices industriales desorienta a los cetáceos, provocando varamientos y colisiones fatales. Estudios en otras regiones documentan una disminución del 80% de presencia de ballenas en áreas con tráfico marítimo intenso.
- La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ya envió una carta a la presidenta Sheinbaum expresando su profunda preocupación y solicitando una evaluación ambiental independiente.
El argumento oficial es el desarrollo regional. Pero la diputada panista María Guadalupe Saldaña Cisneros destapó lo que muchos sospechaban: no hubo consulta previa a la comunidad, y la designación de Loreto como puerto de altura se hizo sorpresivamente, sin transparencia ni participación ciudadana.
La coherencia ambiental de un gobierno se mide en su capacidad de decir no también cuando el negocio tiene nombre y apellido mexicanos. Mahahual era una empresa extranjera, frenarla daba capital político. Loreto es un decreto presidencial propio. ¿Habrá la misma valentía para rectificar?
El precedente de Mahahual abre una puerta, si 4.8 millones de firmas frenaron a Royal Caribbean, ¿cuántas se necesitan para salvar a la ballena azul? La petición ciudadana ya está en marcha. Falta la voluntad política. Vaya novedad…
Perú y el debate del 8% que decide esta semana
Mientras México discute sus dos costas, en mí país, Perú la situación es, si cabe, más urgente. Porque allí la amenaza no es un proyecto futuro, es una industria instalada que ya opera dentro de las áreas protegidas. Nosotros sólo protegemos el 8% del mar peruano. Esta semana, el Congreso peruano debate los proyectos de ley 5666, 6668 y 7157, que buscan añadir el Artículo 27-A a la Ley de Áreas Naturales Protegidas, que propone prohibir de manera expresa la pesca industrial en todas las reservas marinas del país.
¿Por qué es tan importante? Porque actualmente esa prohibición existe nada más a nivel de reglamento, y un reglamento lo cambia el gobierno de turno con un simple Decreto Supremo. Una ley, en cambio, requiere otro proceso legislativo completo. Es más sólida, es más difícil de revertir, es el blindaje que necesitan Paracas, la Dorsal de Nazca y el Mar Tropical de Grau.
Más datos cuantitativos para que esta columna no quede en el aire:
- El mar peruano es uno de los más productivos del planeta (corriente de Humboldt). Produce el 15% de la pesca mundial.
- Solo el 8% está protegido, el 92% restante ya es de libre acceso para la pesca industrial.
- La industria, sin embargo, quiere ese 8% también, ha acumulado 99 sanciones por operar ilegalmente dentro de la Reserva Nacional de Paracas.
El argumento de los industriales (vaya, que siempre el mismo) es la economía, los empleos. Pero la realidad lo desmiente:
- Menos del 3% de la facturación de la pesca industrial proviene de capturas dentro de ANP marinas (datos de IMARPE).
- La pesca industrial es altamente mecanizada porque genera pocos empleos por millón de soles facturado. La pesca artesanal, en cambio, es intensiva en mano de obra, proteger las reservas es proteger a miles de familias pescadoras.
- El turismo en Paracas genera millones de dólares anuales y emplea a cientos de personas. La pesca industrial lo ahuyenta.
La comunidad científica ha respondido y más de 400 científicos nacionales e internacionales respaldan la prohibición, la Dra. Susana Cárdenas (UPCH) ha sido clara en sus intervenciones en RPP e Infobae: Cada temporada en la que continúan las operaciones industriales dentro de estos espacios aumenta el riesgo de degradación ecológica y reduce la efectividad real de las áreas protegidas.
La lucha por el mar es global, en México, el enemigo es el turismo de cruceros, en Perú, la pesca industrial. Pero la lógica subyacente es idéntica, la naturaleza como mercancía, como jardín de hotel, como depósito infinito de recursos, y el instrumento, también idéntico, presión legislativa, lobby empresarial, y la eterna cantinela del desarrollo que siempre significa beneficio privado con costos socializados.
Filosofía del ecocidio, Arne Naess y la ilusión de la separación
Uno podría leer esta columna como una sucesión de conflictos ambientales, pero eso sería un error, porque detrás de cada uno de estos proyectos (Mahahual, Loreto, Paracas) hay una visión del mundo, una epistemología, una forma de relacionarse con lo vivo. Y para explicarlo traigo al ecólogo noruego Arne Naess, fundador de la Ecología Profunda, quién lo diagnosticó hace medio siglo: La pretensión de que el ser humano es algo separado del resto de la naturaleza es una ilusión profunda, un espejismo. Para Naess, la crisis ambiental no es un problema técnico que se resuelva con mejor gestión, es pues, una crisis de identidad.
El antropocentrismo (esa creencia de que todo lo material existe para responder a las necesidades humanas, como si fuésemos los dueños del jardín y no parte de la trama) es el verdadero motor del ecocidio, y tiene consecuencias prácticas porque si creemos que somos separados, entonces podemos tratar a la naturaleza como recurso, si la naturaleza es un recurso, entonces su valor es instrumental (¿cuánto pescado da? ¿Cuántos turistas atrae?) Y no intrínseco. Y si el valor es sólo instrumental, entonces cualquier daño es compensable si el beneficio económico es mayor.
Esta lógica es la que permite a Royal Caribbean argumentar que el desarrollo genera empleos mientras destruye el arrecife que protege a Mahahual de huracanes. Es la que permite a la pesca industrial exigir el 8% protegido mientras ya tienen el 92%. Es la que permite firmar un decreto para Loreto sin evaluar el impacto sobre la ballena azul. Naess proponía una Ecosofía, una sabiduría ecológica que parte de reconocer nuestra interdependencia radical con todos los seres. Pero, ojo, ¡esto no es un romanticismo!, es un hecho biológico, el oxígeno que respiramos viene del fitoplancton marino, el clima que nos sostiene está regulado por los océanos, las ballenas azules fertilizan el mar con sus nutrientes, alimentando la red trófica de la que dependemos.
Debemos entender de una vez por todas que destruir al otro es destruirnos a nosotros mismos.
Geopolítica del saqueo
No seamos ingenuos, estos conflictos no ocurren en el vacío, tienen coordenadas geopolíticas muy precisas. Royal Caribbean es una empresa estadounidense, su proyecto en Mahahual respondía a una estrategia global de expansión de cruceros en el Caribe. El hecho de que el gobierno mexicano haya dicho no en un contexto de revisión del T-MEC y de tensiones migratorias con Estados Unidos, es significativo. Por más irrisorio que se lea, no es menor. Pero también es significativo que la empresa haya reaccionado con una caída del 3% en su valor bursátil y es qué el capital castiga cuando se tocan sus expectativas de ganancia. Y el capital también aprende, si en México ya no se puede, buscará otro país con leyes más débiles.
En Perú, la dinámica es distinta, la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) es un actor local con décadas de influencia en el Congreso. Las 99 sanciones acumuladas por sus empresas no han impedido que sigan operando, el lobby funciona. La pregunta es si la presión ciudadana y científica logrará lo que la ley no ha podido, que el 8% protegido deje de ser visto como una concesión y se convierta en un DERECHO IRREVERSIBLE DEL ECOSISTEMA.
Combatir el antropocentrismo no es un ejercicio académico, es desmontar el marco conceptual que permite el ecocidio, lo que implica: Dejar de hablar de recursos naturales y empezar a hablar de comunidades bióticas. Dejar de pensar en compensaciones ambientales (como si el daño tuviera precio, ese fetichismo de Marx) y pensar en derechos de los ecosistemas. Reconocer que la naturaleza no es un jardín de hotel donde entramos y salimos, porque es nuestra casa, y la casa se cuida, no se hipoteca.
Hay un verso del poeta peruano César Vallejo que me viene a la mente mientras escribo: Hay golpes en la vida, tan fuertes… yo no sé. El ecocidio es uno de esos golpes, golpes que no vienen de afuera, sino de nuestra propia especie, golpes que negamos mientras los infligimos, golpes que, cuando los sentimos, ya es tarde. Pero también hay victorias. Mahahual es una, una pequeña, frágil, reversible si no la defendemos. Pero una victoria al fin…
La pregunta que atraviesa esta columna, y que dejo a quienes la lean, es simple, si la industria ya tiene el 92% del mar, ¿por qué quiere también nuestro 8%? Es qué no les calza, ni siquiera el planeta entero. Jamás será suficiente recurso para el capitalismo. Pero, la posible respuesta es más simple aún, porque el modelo no conoce límites, porque mientras haya algo vivo, algo que extraer, algo que pavimentar, algo que vender, el capital irá por ello, pues ésa, es su lógica. Y contra esa lógica, solo cabe una respuesta, organización, ciencia, filosofía.
Salvemos las reservas. Porque salvarlas es salvarnos.
