Estrella

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Dicen que hay ángeles

Este espacio que nos distingue en el universo, tiene un mundo inescrutable por vivir, esto lo desconoce una niña. Ella vive esas cosas raras que los adultos llaman cosas de niños

En los últimos días, Estrella encuentra en su cuarto, en su casa, objetos propios y sublimes aromas que la sorprenden. En su condición de hija única la convivencia consigo misma le permite observar minuciosamente todo lo que hay a su alrededor

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A veces encuentra un zapato ligeramente puesto adelante del otro, como iniciando el paso teniendo presente que, los dejó en orden. Sus listones del cabello, pulseras y accesorios amanecen desacomodados por otras traviesas manos; algunas ocasiones adornadas por pequeñas plumas blancas. 

En su mundo infantil, no se pregunta ni busca entenderlo, pero su observación de niña, le permite percatarse de que algo sucede o de que alguien lo ocasiona.

En otros momentos la casa hace ruidos, los muebles rumoran con objetos pequeños; cuando los escucha, detiene lo que hace dejando toda su atención al minúsculo sonido que hace un rentintín en su alma, pareciera que le dijeran algo, pero como no alcanza a descifrarlo, continuando con su mundo. 

La niña Estrella guarda sus secretos, presiente que, si los platica, no le creerán además de atizbarle un: locuras de niña que no quiere.  Para ella, los ruidos del silencio, son sonidos vivos que su mente percibe y su corazón siente, son un refugio que la salva del mundo de los adultos. 

Una noche su imaginación la sobrepasó, estando dormida sintió que una luz encendió su habitación viendo salir como una ráfaga a otra niña. En primera instancia pensó que su mamá había entrado o que había amanecido fulgurantemente. Todo fue muy rápido, se quedó nuevamente dormida. 

Cuando se levantó, pensó en el sueño que había tenido, pero las prisas de la mañana para llevarla a la escuela, la hicieron olvidarlo. Su madre la entregó en la puerta de la escuela, Estrella se integró a su grupo e iniciada la clase, al agacharse miró una pluma blanca pegada a su zapato solo que esta vez, más blanca y más finamente detallada por la naturaleza.  Al tocarla con las yemas de sus dedos, la hizo sentir un arcoíris en su interior, sonriendo abrazó la pluma con su tierno corazón. En ese momento supo que jamás la volverían a molestar, que ya nada le dolería, que ya no sentiría tristeza ni dolor alguno. 

En su universo, la niña Estrella, guardó la pluma entre las hojas de su cuaderno como la respuesta contundente a los suplicios de no volverse a sentir golpeada por el mundo. Abrazó con más fuerza el cuaderno e inició su día de clases como el primero de su vida.