LA AMLOCALIPSIS MEXICANA

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“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una tragedia y la segunda como una farsa”. Karl Marx

 

LA AMLOCALIPSIS MEXICANA

Se reunieron de madrugada amalgamados por sus ánimos destructivos, inyectados de fanatismo por su líder sin medir ni mucho menos reflexionar sobre el daño que estaban propinando a la tranquilidad de una sociedad. Este lamentable hecho en la historia de la humanidad, marcaría un antes y un después en los ataques terroristas en el mundo.

Esta organización criminal autodenominada Septiembre Negro, cimbró la tranquilidad de las instalaciones en donde dormían los atletas participantes en los Juegos Olímpicos de Munich, dejando a su paso muertos, heridos y rehenes hace precisamente 52 años, una madrugada del 5 de septiembre.

52 años después, en una madrugada de un 4 de septiembre, amalgamados por su ánimo destructor, acicateados por el fanatismo y veneración a su líder, otra organización a la que llamaremos Septiembre Moreno, para tropicalizarlo con aquel que cambió el destino de la humanidad, pero ahora asesinando el Estado de Derecho en un país para cambiar radicalmente el destino, cada vez más incierto, de todos los mexicanos.

La historia es la misma desde hace 500 años y desde entonces, se repite cada siglo; una parte de la población mexicana renueva su actitud de obediencia infantil, como bien lo precisó Erich Fromm: “Preferimos libremente seguir y obedecer, a ser libres”.

Una vez más, para nuestro desánimo, una buena parte de nuestros paisanos se rinden ante los espejitos y ante el conquistador de almas. Ese gran colectivo de mexicanos atolondrados ante el mesías que les ofrece resolver todos sus problemas; me recuerda uno de tantos pasajes literarios de Bertrand Russell, el que se refiere al razonamiento inductivo en su breve monografía Los problemas de la filosofía: “El hombre que alimentó al pollo todos los días a lo largo de su vida, al final le retuerce el cuello, con lo cual muestra que los puntos de vista más refinados en cuanto a la uniformidad de la naturaleza habrían sido útiles para el pollo”. Esta cita refleja de forma perfecta las trampas de la inducción. Nos empuja hacia el escepticismo. Es una súplica de la razón. Sin duda que los mexicanos tenemos mucho que aprender de ello.

El proceso de inducción de mis compatriotas, es como el del pollo, simplista.

Siguiendo con la ruta de los emplumados y los desplumados, la historia consigna esta anécdota muy cruel, pero muy cierta para estos tiempos populistas que estamos sufriendo.

En una de sus habituales reuniones, Stalin pidió a sus secuaces que le trajeran un pollo: lo agarró y lo apretó fuertemente con una mano mientras empezaba a desplumarlo con la otra. La gallina gritó de dolor e intentó escapar por todos los medios sin éxito, el agarre era demasiado fuerte para ella.

Stalin logró desplumarla sin mayores problemas y una vez terminado les dijo a sus ayudantes: «Ahora miren lo que pasa».

Puso la gallina en el suelo y se alejó de ella, fue a buscar un poco de maíz mientras sus adoradores la miraban atónitos mientras, la gallina dolorida y sangrando, corría hacia él que tiraba puñados de maíz al suelo dando vueltas por la habitación.

Cada paso que dio, correspondió al mismo número de pasos que dio la gallina que no se alejó.

En ese momento, Stalin se volvió hacia sus ayudantes, sorprendido por lo que estaban observando, y dijo: «Así de fácil se gobierna a la gente estúpida».

La mayoría de la gente es así, prefieren seguir a ciegas a sus gobernantes y políticos a pesar de todo el dolor que les causan, con el único objetivo de recibir un regalo sin valor o simplemente algo de comida para unos días. Les da pavor abandonar su círculo de confort.

El escepticismo no va con la mayoría de los mexicanos. Aquí pareciera que Nietzsche tenía razón cuando sentenciaba en su obra Más allá del bien y del mal: “En los individuos, la locura es rara; pero en grupos, partidos, naciones y épocas, es la regla”.