LA ETICA EN LA VIDA

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Ya en otras ocasiones aborde el tema de la ética, desde la perspectiva aristotélica en la cual se habla de virtudes. Siendo éstas las atinentes o aplicables a la felicidad. De tal suerte que se recomienda practicarlas para alcanzar la felicidad, como una de las alternativas que presenta Aristóteles.

Ahora corresponde enfocar dicho tema desde la perspectiva de Wittgenstein. Wittgenstein señala o afirma que la ética no se puede enseñar, que la ética no es una ciencia; que no es posible conducir a los hombres al bien.

Afirma Wittgenstein que la esencia del sujeto viene enteramente velada. Este centro del mundo que llamamos el yo es el portador de la ética. . .

Ciertamente desde el punto de vista de los hechos o si se quiere decir: desde la perspectiva o enfoque existencial, quien realiza una conducta es el ser humano, aunque no siempre apegado o actualizando las llamadas reglas de la Ética. Si sus actos tienen las características que culturalmente se han asignado a los actos virtuosos, si será el portador de la ética en sus términos de Wittgenstein.

Continúa nuestro filósofo:

“Cuánto se quiere dar como una definición del bien, será siempre una equivocación.”

No hay una explicación plausible sobre este aserto. Sin embargo, leyendo e interpretando entre líneas y con el riesgo de caer en un gran error, quiero creer que se refiere a las modernas corrientes ya del subjetivismo, ahora del relativismo ético llamado moral, como si se tratara de la moda que reza:

La moda es ad hoc, para quien le acomoda o la expresión que se pretende se convierta en frase lapidaria: lo bueno y lo malo no existen, como diría Hamlet todo está en la mente del individuo. Un ejemplo chusco y que tal vez rompa la sobriedad y formalismo de una reflexión como esta, es lo siguiente:

El nieto le pregunta a su abuelo sobre la existencia de lo bueno y lo malo. A lo que el anciano responde: Por supuesto que lo bueno y lo malo existen- Lo bueno es lo que haces a la luz del día y deseas que todo el mundo lo sepa. En cambio, lo malo se hace en la noche, en la obscuridad, a escondidas y no quieres que nada nadie se entere.

Continua Wittgenstein:

“La ética no aumenta nuestros conocimientos en ningún sentido”.

Dependiendo del ángulo en desde el que se mire, puede ser verdadero este aserto. Si se toma en su aspecto propio, la moral o ética solo aportan reglas sugeridas de comportamiento. Pero tales reglas descansan en valores. Valores de los que se encarga estudiar la Axiología; la que también podría desestimarse si se observa como un conocimiento sustantivo. Categoría en ese sentido en la que no encaja un valor por ser abstracto, pero que ilumina a la ética para la praxis de la virtud, la que si encaja en la categoría del verbo.

Por su parte Dilthey menciona a propósito de la experiencia de la vivencia algo que sugiero aplicar al mundo ético.

No se puede juzgar en términos de verdad o falsedad, sino de veracidad o carencia de ella, pues el fingimiento, la mentira, el engaño, rompen aquí la relación entre la expresión y lo espiritual expresado.

El sujeto es, pues, la sede exclusiva del valor (y habría que completar: tanto ética como estética) …

La expresión se antoja afortunada a prima facie, a primera vista, porque en caso de conductas valiosas es, efectivamente el individuo quien las aloja, pero como operador y en cuanto a resultados en el mundo fáctico. Sin embargo, el valor se hace presente o actualiza, en una conducta, cuando el operador o sujeto, actúa con conciencia del acto, con libertad y por supuesto con la voluntad intencional.

Agrega nuestro filósofo principal:

“Si la voluntad tuviera algún efecto sobre el mundo solo podría tenerlo sobre sus límites, no sobre los hechos.

No puedo orientar los acontecimientos del mundo de acuerdo con mi voluntad, sino que soy totalmente impotente. Esto es un hecho lógico…”

La impotencia es, de cada individuo. Coincido con él, mas no en el tono de pesimismo sino de objetividad, tal vez los resultados palpables no puedan verificarse, pero eso, es lo menos importante. Lo vital es trabajar con la fe de que se puede desarrollar todo nuestro potencial y ponerlo al servicio de los demás.

Habla quien en el libro comenta:

“Acogiéndonos a Wittgenstein plural de las investigaciones, la diferente calidad de los enunciados éticos y de los intramundanos se podría plantear así: un juicio de hecho nos informa acerca del objeto al que se refiere, mientras que un juicio de valor tiene un doble frente, hacia el objeto y hacia el sujeto. Para la relación objetiva el criterio sería la verdad; para la subjetiva se impondría hablar de veracidad. Entendiendo por tal el modo en que el sujeto se involucra – se pone en juego- en el discurso y sus enunciados…”

Ciertamente para que un acto pueda ser objeto de valor es necesario conocer fundamentalmente las características o elementos que tiene el acto humano para ser entendido como tal. Esto de conformidad con el pensamiento de Tomás de Aquino que establece una distinción entre acto humano y acto del hombre. Siendo este último, un simple movimiento mecánico; no pensado, sino simplemente es un mecanismo que opera ante un estímulo pasajero como sería el quitarse una mosca de encima. En cambio, un acto humano para ser tal requiere de conocimiento, de libertad y de voluntad. Si reúne estos requisitos y provoca un beneficio en la otredad, se podrá calificar de valioso o de un acto moral; en cambio, sí causa daño al alter, entonces carecerá de valor o será un acto inmoral. Habiendo una tercera opción, la que consiste en la carencia de alguno de los elementos descritos. Entonces hablaremos de un acto carente de valor o un acto amoral. Es decir, un acto que no es humano stricto sensu, en sentido estricto, no puede ser calificado de moral o inmoral. Por decirlo así: es un acto primitivo, un acto telúrico.

Por otra parte, considero relevante mencionar las circunstancias de ejecución. Me refiero a que cada circunstancia implica una interpretación, ya que el ser humano puede actuar no sólo de acuerdo con sus valores, sino también de conformidad con las circunstancias tanto externas como internas. Al hablar de internos me refiero al estado de ánimo. En cuanto a las externas, son los factores externos como el lucimiento con los demás de mi generosidad o de mi buen corazón si soy político, etc. Actos que nada tienen que ver con la Ética, ni con el efecto interno que produce un acto ético o valioso.

Finalmente, un acto humano, para ser calificado de valioso en sentido estricto debe partir de una internalización de valores. Esto es, que los valores están adheridos a la mente humana de tal forma, que sus acciones si bien es cierto que son pensadas y deliberadas previo al acto, no menos cierto es, que son acciones conscientes, libres y voluntarias y que además están impregnadas del valor universal llamado amor. Y hasta aquí la reflexión de hoy, agradeciendo de antemano su atención.