Tres prosas poéticas…

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Luciérnagas danzando

A veces pienso que no te conozco, por esa maldita costumbre de apagar la luz cuando estamos solos.

Llegas; no reconozco tu corte de pelo, ni ese vestido rojo que hoy te entalla perfectamente. ¿Te verías mejor con un pantalón azul de reducidas manchas en los muslos?

No sé, por eso pienso que no te conozco; pero desnuda, en habitación sin luz; todo cambia completamente.

Es como si tus pezones, trajeran luciérnagas danzantes a su alrededor, o si en tu ombligo se atesorara el ocaso; y mostrarán siluetas perfectas de la figura escondida entre tus ropas.

Respiración agitada

Podría morir sin decir media palabra, permanecer inmóvil con labios deslucidos, con ojos inundados de olas mirando islas en el cielo, con el habla aprisionada para no pronunciarte. Difícil es, ocultar el goce, si arroja lluvia a mis acordes agrietados. 

Ahora que mi voz corre al viento, y los sueños mostraron tu rostro, y permites adentrarme en fábulas de tu mar, y tus palabras se vuelven mi abrevadero y pudieron al fin palparte mis nerviosas ramas; hay luciérnagas anunciando tu presencia en mis incoloras plumas.

Me alegra navegarte al compás de nuestros latidos, sentir al viento cuando hace repiquetear el maizal en tu espalda. Me alegra alimentarme de tu rocío infatigable, de tus temerosos gestos queriendo esconder el eco de tus campanas y mi badajo.

Duelen los sonidos

Tiemblo junto al silencio, a la ausencia; cuando faltan explosiones de palabras y se inquieta el eco clamando cosquillas. Hacen faltan nardos floreciendo tu esencia.

Cae tu nombre, lo dejo arrastrarse en callejones de espera, sin apaciguar tu sombra; le duelen los sonidos del empedrado, cuando balbucea tus abandonados pasos. 

Hace falta tu caminar en mi alborada.

Se borra la belleza de tus dedos jugueteando en mi rostro, corriendo mi espalda, dibujando palabras en mis labios, esbozando caminos sin expresiones.

Hacen falta tus pecados orando en mis desvencijadas manecillas.