PLENITUD Y SENECTUD, ALEGORÍA DE UNA JORNADA LÚGUBRE EN LA UAEMÉX

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Las dos mujeres que son imagen central de la escultura ideada por Vicente Mendiola y esculpida por Ignacio Asúnsolo, titulada “Plenitud y Senectud”, que remata una de las cuatro esquinas del hermoso edificio de Rectoría, y que se elaboró para festejar el centenario del ICLA en el año de 1927, atestiguaron este 6 de marzo de 2025 una lúgubre jornada para la máxima casa de estudios mexiquense.

La mujer anciana, Senectud, vio el primer brillo del alba con la esperanza de que la jornada que iniciaba, se inscribiera con letras de oro en la historia de nuestra Universidad y, fundamentalmente, en la de las mujeres universitarias que, contra viento y marea, luchando con arrojo e inteligencia, exigieron y lograron su incorporación a la Universidad; que con talento se ganaron un espacio para externar sus ideas y levantar su voz en las aulas -donde ya son mayoría-; de las miles de profesionistas que todos los días contribuyen al progreso de la entidad; de las que han abrazado la cátedra para formar a las nuevas generaciones; las que dan rienda suelta a su intelecto en los talleres y en los laboratorios; y, las que hacen política desde el gabinete universitario y sus sindicatos.

En tanto, Plenitud imaginó que el Torreón que ha albergado solo a varones, muchos de ellos hombres de enorme estatura intelectual y a uno que otro “rey chiquito”, por fin sería ocupado por una mujer que resultaría electa en el proceso histórico que estaba por iniciar.

Plenitud auguraba una jornada ejemplar y animaba a Senectud a no perder detalle de lo que pasaría frente a ellas, ¡nuestra Universidad será ejemplo nacional¡, repetía una y otra vez la joven mujer. Sin embargo, otra cosa pasaría.

Una despintada y sucia patrulla de la policía municipal de Toluca, atendiendo instrucciones de “los jefes”, se atravesó sin más ni más – a partir de las 08:30 de la mañana- en la esquina de las calles que conforman Juárez e Instituto Literario del centro de nuestra ciudad, justo frente al hermoso edificio de Rectoría, obstruyendo el tráfico en una hora pico y sin necesidad alguna.

Plenitud celebró la llegada de jóvenes universitarios con ambiente festivo, sin embargo, a los pocos minutos no entendía su comportamiento y comenzó a cuestionar a Senectud, para saber si ella lograba descifrar lo que ocurría frente a la entrada principal del edificio.

¿Acaso los alumnos de la carrera de artes escénicas montaban una obra? ¿Se trataba de un convite para que los transeúntes acudieran a una obra al Teatro de los Jaguares? ¿Era una manifestación estudiantil que exigía sus derechos frente a la autoridad, a expensas del malestar de cientos de automovilistas que vieron afectada la ruta a la escuela de sus hijos o a sus trabajos? ¿Era acaso la puesta en escena de un mitin priísta del siglo pasado?

Optaron por la última interrogante, pues había, como en todo mitin partidista, camiones apostados a pocas cuadras en los que se realizó el “acarreo” de estudiantes y profesores, cartulinas hechas a granel, mismas que jóvenes preparatorianos menores de edad, levantaban con sonrisas sin saber bien a bien quien era aquella persona por la que “hinchaban” como en un encuentro deportivo.

Más allá se veían las lonas que señalaban que tal o cual plantel, apoyaba, de manera unánime, a una aspirante; por allá sonaban los tambores de grupos de animación dignos de estar alentando al equipo local un domingo cualquiera en el Nemesio Diez, las porras y vítores también se escuchaban a lo lejos, en favor de quien era la beneficiara de esta “cargada” asincrónica y discordante con la realidad del mundo y del país.

Plenitud y Senectud miraban atónitas la partidización del proceso, la manipulación y utilización de la juventud universitaria que es quizás, el más grande pecado cívico, la partidización del proceso.

Si habremos de calificar el montaje, dijo Senectud, debo señalar que solo faltó la banda de viento, un mariachi, un poco de confeti y a la candidata llegando al centro de una cadena de brazos, escoltada por líderes sindicales.

Menores de edad que debían estar en clases, profesores que debían estar dictando cátedra, administrativos fuera de sus oficinas y la mano oficial, conformaron una masa que ha manchado el inicio de un proceso que debió ser histórico e inmaculado.

La política de terror que se maneja en la Universidad desde hace dos décadas al menos, vuelve a forzar el proceso; las amenazas a la comunidad han rendido frutos, los registros de quienes se han anotado solo para que en unas semanas declinen en favor del oficialismo y ganen espacios en la nómina, está en marcha.

Sin embargo, el indecoroso y obsceno oficialismo no se ha limitado a operar la “cargada” más burda de la historia universitaria, sino que ha impedido la participación de una de las mujeres que se inscribieron.

A punto de anochecer, Senectud contempló a la mujer que, cumpliendo con todos los requisitos que la convocatoria señaló, recibía la negativa de su registro, confirmando así, meses de acoso, de persecución e intrigas para minar su ímpetu e impedir su legítima participación en el proceso.

¿Quién gana con esta negativa? El patriarcado universitario y la candidatura oficial. Los asesores que, desde el gobierno municipal de la capital se consideran dueños de la candidatura hoy, y de la Rectoría mañana.

¿Quién pierde? La universidad, las mujeres universitarias, las demás aspirantes, el feminismo y la noble y legítima aspiración de Laura Benhumea.

¿Cuál es el temor para que la Doctora Benhumea recorra los planteles de la Universidad y presente su proyecto de Universidad ante la comunidad verde y oro?

Plenitud derramó lágrimas y Senectud, con la sabiduría que le dan los años, concluyó diciendo: “este proceso sólo será legítimo, si todas las mujeres aspirantes que hoy han recibido su registro satisfactorio, exigen al órgano electoral la incorporación de la Laura Benhumea, lo cual sería un acto pleno de justicia, de sororidad y de desafío al patriarcado que hoy, desde la oscuridad, vislumbra su continuidad”.

Si se insiste en quitar de la contienda a Laura Benhumea, no solo no se romperá el techo de cristal en la UAEMéx, sino que será reforzado por otro, construido desde la injusticia, la deshonestidad, la ilegalidad y el miedo a perder privilegios.

¿La regeneración universitaria, deberá esperar otros cuatro años más?

Ignacio Homobono Serapio