Game Over
Llego a la casa y otra vez: no esta arreglada. Hay ropa sucia en los sillones, no se ve que se haya barrido, ni mucho menos trapeado. Hay juguetes regados por toda la sala, casi me tropiezo y tiro las bolsas de la despensa. – Ya llegué amor, ¿Por qué no hiciste el quehacer como acordamos? Dijimos claramente que nos rolaríamos cada semana, esta semana te toca a ti, pero parece que se te olvidó.
Los trastes están en el fregadero, ya van casi tres días y siguen ahí, sin lavar, el tambo de la ropa sucia ya se acumuló y se está desbordando. Esto es un muladar, no hay nada en su lugar.
¿No hay nadie?, estoy inmersa en un silencio sepulcral. Se supone que tenemos niños, y no los oigo. Claro, están con sus mini audífonos mirando no se qué en sus teléfonos inteligentes. – Espero que ya hayan terminado sus tareas ¿eh? niños, si no van a ver. ¿Dónde está su papá?, ¡Ey! les hablo.
No me oyen con esas cosas dentro de sus oídos. ¿para qué les pregunto, si ya se donde está su padre?
Abro la puerta y ahí está, sentadote frete al escritorio, parece que ni se ha bañado: playera blanca o al menos era de ese color, shorts y chanclas. No puede ser.
– Oye amor, yo sé que después de la Pandemia en tu empresa se implementó el trabajo desde casa, y ya solo vas a la oficina dos veces al mes. No es bueno que pases tanto tiempo sentado frente a la pantalla, sí, ya se que tu silla es ergonómica y que está diseñada para los campeones de los videojuegos, pero no es bueno para tu salud, debes de pararte de ese lugar y jugar con los niños. Tus niños no pasan tanto tiempo como tú frente a las pantallas. Cuando no estás sentado en el escritorio con tus dos pantallas y tus audífonos grandísimos que me recuerdan a los comentaristas de la tele, se supone que ya existen audífonos pequeños que se incrustan en el oído, ¿por qué, entonces, usas esas cosas tan grandes que te tapan por completo las orejas?, ¿Estás haciendo una transmisión espacial a otro planeta o qué? estás postrado en el sofá con tu control ergonómico viendo fijamente la pantalla de nuestra televisión inteligente jugando tus videojuegos.
– ¡Respóndeme con un cara…mbas! ¿No dices nada? Comienzo a pensar que ya te corrieron del trabajo por tu adicción a los videojuegos. ¡Vamos! Ya no eres un niño. ¡Ya pasas de los treinta! Y sigues con tus jueguitos. Hay prioridades en esta vida, prio-ri-da-des. Y no me vengas con el mentado cuento de que existen campeonatos mundiales donde se otorgan premios de millones de dólares, ¿Acaso estás inscrito en alguno de ellos? ¿Estás en las semifinales de la Copa Mundial?, Si realmente estuvieras compitiendo otra cosa sería, pero ¿qué ganas con estar ahí frente a la pantalla?
Ya le metiste esa loca idea a nuestro hijo, de ser un gamer, dice que en su escuela ya abrieron una clase donde ven eso.
La otra vez en la boda de mi amiga, bien que te llevaste el celular para andar jugando en línea, con tus amiguitos adolescentes. No te desconectas para nada. ¿Quién sabe qué tanto harás en mi ausencia? Yo voy por los niños, yo mantengo la casa ordenada, en cambio tú, tú… te la pasas jugando esos jueguitos que nada de provecho te dejan. Ya se que no fumas y que no te gusta tomar, pero pues… ésta también es una adicción y que nos afecta gravemente a nosotros, tu familia.
Los videojuegos se han vuelto tu prioridad. Ahora trabajas menos y juegas más. Ya no nos pones atención ni a mí ni a nuestros hijos. Los videojuegos son tu adicción.
– Este juego se acabó. ¡Si, yo desconecté tu computadora! ¡¿Y?!, ¡¿Y?!

