-Metáforas de un encuentro- (Prosa poética)
Ella:
Siento como si me encontrara en un lugar perfumado con fragancias de pino, menta, lavanda y rosas, donde mis pensamientos vuelan. Me hallo ante lo que puedo ver con los ojos de mis fantasías, sentir con las quimeras de mi alma y que me cuesta expresar con palabras.
Abro las puertas de la imaginación y las ideas se van desdoblando lentamente, indolentes y al mismo tiempo activas, como estrellas que titilan, como olas cadenciosas que traen consigo un rumor que me invade. Pensamientos, tal vez escasos, pero exclusivos, que florecen en los viñedos de mi cerebro y que ponen de relieve lo que realmente me vale la pena: todo aquello que no se da a manos llenas; elixir que viene en envases pequeños y en dosis aún más pequeñas.
En ese estado de euforia que se produce cuando se muestra la belleza en todo su esplendor y nos hace vibrar, así estoy y a la vez, anonadada, por sorprendida y abrumada. Sintiendo como si el cielo se besara con la tierra, quién sabe si en verdad lo hacen. Y, en ese puente etéreo que cruza mares y cielos, por donde transitan los sueños, donde cada uno de ellos es una realidad, se me hace posible gracias a la varita mágica de la fantasía.
Mi alma, que vuela en las alas de los vocablos, quiere que vengas a volar conmigo. Ven, toma las llaves de las puertas de mi corazón, descifra las incógnitas que puedan estar echando raíces y atrévete a conocer mis secretos junto con las verdades ocultas de mis emociones más profundas.
Que los jazmines de tus valles broten perfumando el aire del cielo que nos cobija. Y, con los bordados profundos de la creatividad, que tienen las metáforas, los dos, podamos descubrir nuevos caminos. Nuevos lugares donde la oscuridad la convirtamos en luz, y la luz, sea reflejo de tu mirada y, con tu sonrisa apaciguadora, le des forma a los símbolos escurridizos y ocultos. Allí, donde la poesía seas tú, y yo, la que, al llegar a tu esencia, la dibuje de alegría.
Estamos juntos, amor, en el reino de las metáforas, donde el lenguaje de los sueños me dice que estás conmigo y la voz de mis sentimientos me susurra tu cercanía. Todo es real, amor, aunque no fuera más que un sueño. La certeza de que, cuando los versos de la poesía de la vida se fusionan, se convierten en un universo tan especial como esas alegorías que con tanto amor hacemos realidad.
El:
Soy el diminuto riachuelo que va hacia el mar. La inmensidad del más allá que a todos unifica. Soy un grano de arena en las playas de la vida. Efímero arcano menor, profano y a la vez secular. Soy una parte insignificante del tiempo restante, navegante por el río de la vida hacia el más allá.
Lo finito y a la vez lo infinito, soy todo y soy nada, apilada granalla en las orillas y una astilla del azar. Alegoría que busca un alma para llegar, ser y estar sin olvidar que, donde habita, un día ha de acabar. Y, al saber que vine del más allá y al más allá, iré, mirando al pasado, sentado en el banco del ayer.
Pude contemplar, embelesado, pero no abrumado, la belleza nunca pasajera de la pasión verdadera.
El amor y la seducción la inocencia del corazón que le pueda a la razón. Y supe de aguas sembradas que me sedujeron desde sus orillas, manos ansiosas que las abrazaban. Yo supe, de las cosas que estaban a mi alcance, de las inalcanzables y de los sueños posibles.
De pantanos, lagos y estanques de las aguas calmadas y en reposo de orillas sin olas y, aun así, la besaban. A veces, aun en las dudas, que eran muchas, los cambios llegaban sin que pudiera hacer nada.
Salía del agua oscura y brumosa abriendo paso sin tierras ni surcos en su batalla por ver la luz y la vida me preguntaba, sí, las dudas que me atormentaban no serían el final de un camino sin retorno, sin fin y sin destino. Nunca toda abierta, ¿qué me ocultaba? Tras sus pétalos virginales, inmaculados en la visible blancura de su rara pureza.
El tiempo imparable y las aguas calmadas me podían, solamente, a mi pesar, me dejaban mirarla.
¡Qué frágil es el tiempo que te sostiene!
Efímero por lo duradero, tan escueto,
que solo te dejas ver lo que un suspiro.
Era un ser en una isla rodeada de interrogantes que no descifraba, pero que soñaba cuando la miraba.
Y en ella veía, sin ver, raíces que curan, que calman y alivian y yo, solo pensaba en sus aguas quietas que la disfrutaban.
Un interrogante en las ramas de la higuera, nada de sus hojas me era ajeno, las dudas y las certezas.
Lejanos los lagos, los pantanos y los estanques,
pero, en las orillas, sin olas, absorto, yo la miraba y de ahí, todas mis preguntas y mis interrogantes.
La brisa, mi aliada, la que me hacía soñar que, mis suspiros eran besos, caricias que hondas formaban.
Pero yo, en un acto de valor, y cuál devoto que jamás olvida la sombra que le cobija, obviando todo, suspira. ¡Ay, mi Flor de loto!
Milenaria que tienes en tu interior las semillas de la vida, la que floreció en mis aguas calmas y, a la vez, sin orillas. La que representa la pureza del cuerpo y del alma. Mi chiquilla bonita y preciosa, la que siembra de belleza mis aguas.
(Sami Sanz)
