¿Quién borrará nuestro historial?

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Pues he llegado, después de veinte años, heme aquí, de regreso a la escuela, a mi alma mater, de donde me gradué como ingeniero en computación. Ha pasado mucho tiempo, siento que no he cambiado pero la escuela y sus instalaciones sí. Hay nuevos edificios, y ya no existen otros, unos han mostrado mejoras y remodelaciones otros han sido simplemente borrados. Igual que muchos de nosotros, compañeras que se han hecho bastantes arreglos quirúrgicos para mantener su juventud o para arreglar algún desperfecto que los acompañó durante la época de esculapios, y por los cuales eran molestados y posteriormente recordados entre nosotros. 

Igual que los edificios que ya no están, de igual forma hay características que fueron borrados completamente de algunos cuerpos de mis ex compañeros. 

A mí me ha crecido el vientre y he perdido cabello, la rodilla me duele y ya descubrí que cada que me siento y me levanto, suelo hacer un leve quejido que, según dicen irá aumentando de volumen con el tiempo.   

Las redes sociales nos han mantenido al tanto de nuestras respectivas vidas, gracias a ellas sabemos quién se casó, quién ya tiene hijos, cuántos y de qué edad, sus respectivos logros… quién ya se divorció, más de una vez incluso; y quién, como en mi caso, sigue soltero, y sin hijos. Y veo que somos varios. 

También presumen sus viajes, sus negocios, o sus ideas políticas y religiosas, sumergidos en un interminable debate. No conozco a nadie que haya cambiado sus creencias después de una intensa pelea virtual en las redes sociales.

Es un gusto volver a ver a una gran amiga, que no había visto hace ya algunos años, es chistoso porque, espero que no se acuerde, pero hicimos una pueril promesa en nuestros años mozos. Hicimos una promesa, que, si llegábamos a los treinta años y ninguno de nosotros se había casado o encontrado el amor, nos casaríamos entre nosotros mismos. Al parecer tenemos que cumplir dicha promesa porque no sólo pasamos los treintas, sino que ya vamos para los cuarentas y eso apremia mucho más las cosas. 

Nos saludamos, tristemente para mí, más cortés que efusivamente, pero después de unos minutos de plática y con las mimosas que rondaban en las charolas, llevadas por los meseros por todo el ancho y largo del gran salón, terminó acordándose y no sólo eso, sino que reunió a más amigos para comentar lo acontecido. 

Curiosamente todos los ahí reunidos éramos solteros y rondábamos los cuarentas, uno de ellos, sacó el tema respecto a que cada año en el mundo, mueren más de treinta mil personas sin que nadie lo note, vidas que se apagan en total anonimato, en el interior de sus casas apartamentos. 

Otra persona, completó el tema hablando de que, en Japón, existen empresas especializadas en limpiar los apartamentos tumba.

Entonces mi amiga suelta la pregunta incómoda y chistosa a la vez: ¿Quién limpiará nuestro historial? Todos hicimos una mueca de sorpresa, porque no todos captaron la pregunta. Sí, ¿Quién borrará nuestro historial del buscador?, repite para aclarar la idea.  ¡Qué pena que encuentre tu cadáver frente a tu computadora buscando algo comprometedor en el internet!  

Todos soltamos la carcajada. Entre dudas y bromas, el tema aflora. Las personas solteras ¿envejecerán solas? Y si es así, ¿Quién los cuidará? Ya que no tendrán hijos ni nietos. Pero ¿por qué ellos tendrían que cuidarnos?, es muy sabido los casos de personas que tienen hijos y muchos nietos y nadie se hace cargo de ellos. 

Mi padre siempre dice que un padre puede ver por siete hijos, pero siete hijos no pueden ver por un padre. 

Un amigo comenta: Eutanasia y todos felices y contentos. Alguien le recuerda que, al menos en nuestro país es ilegal. Y él remata con un: ¿todavía?

Entre broma y broma acordamos de cuidarnos todos, viviendo bajo el mismo techo. Repitiendo aquella promesa incumplida de mi amiga, sólo que esta vez involucra a más personas. 

¿Qué acordamos? Si llegamos a los sesenta y cinco años y seguimos solos, nos mudaremos a una casa con varias habitaciones para cuidarnos entre todos. Seremos unos roomies, pero en lugar de veinte tendremos más de sesenta años. O ¿quién sabe? Igual y viven con nosotros también mujeres y hombres jóvenes. Ellos nos cuidarán y a cambio les daremos techo y comida. 

¿Cumpliremos la promesa? ¿O se quedará igual que la de la boda con mi amiga?

¿Alcanzaremos a reunirnos dentro de otros más de veinte años? ¿Tendremos los recursos para adquirir esa casa de varias habitaciones?

En un mundo donde solamente se valora lo productivo, el silencio y la soledad se han convertido en una terrible enfermedad. 

Pero por lo menos tendremos la seguridad de que viviendo en grupo, alguien tendrá la atención de borrar nuestro historial.