EL AMOR TAMBIÉN SE ESCRIBE EN NUESTRO CUERPO Lo que la neurociencia revela sobre el corazón, el cerebro y la salud

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El amor ha inspirado algunas de las expresiones más hermosas de la humanidad. La literatura lo ha convertido en poesía, la música en melodía y el arte en imágenes capaces de conmovernos. Pero, más allá de su dimensión emocional, el amor también es una experiencia biológica que involucra al cerebro, al corazón y a numerosos sistemas de nuestro organismo.

Cuando amamos, no solamente cambia nuestra manera de mirar a otra persona. También se modifican nuestra atención, nuestras respuestas fisiológicas y la forma en que experimentamos el mundo.

El cerebro enamorado: una maravillosa actividad neuronal

La antropóloga Helen Fisher y los neurocientíficos Arthur Aron y Lucy Brown estudiaron mediante resonancia magnética funcional qué sucede en el cerebro de personas intensamente enamoradas.

Encontraron actividad en regiones vinculadas con la motivación y la recompensa, particularmente el área tegmental ventral y el núcleo caudado, que forman parte de circuitos relacionados con la dopamina. 

La dopamina participa en la motivación, el aprendizaje y la búsqueda de experiencias que consideramos valiosas. Esto ayuda a comprender por qué durante el enamoramiento deseamos intensamente la cercanía de alguien, prestamos especial atención a sus gestos y experimentamos entusiasmo ante la posibilidad de encontrarnos.

Pero el amor no permanece necesariamente en esa primera etapa de intensidad.

Bianca Acevedo, junto con Aron, Fisher y Brown, investigó a personas que llevaban décadas casadas y continuaban profundamente enamoradas. Sus resultados mostraron que el amor romántico duradero puede conservar actividad en circuitos cerebrales de recompensa, acompañada de la participación de regiones relacionadas con el apego.

El amor, por tanto, no tiene que desaparecer cuando termina la novedad. Puede transformarse en una experiencia donde conviven el deseo, la confianza, la intimidad y el compromiso.

¿Y qué sucede en nuestro corazón?

Aunque solemos decir que amamos con el corazón, las emociones se construyen mediante la interacción entre el cerebro y el cuerpo.

Cuando vemos a alguien que amamos, nuestro sistema nervioso autónomo puede modificar el ritmo cardíaco, la respiración y otras respuestas fisiológicas.

Durante la emoción intensa, el corazón puede acelerarse. En cambio, cuando nos sentimos seguros y acompañados, determinadas interacciones afectivas pueden favorecer respuestas de relajación y recuperación.

El nervio vago constituye una de las principales vías de comunicación entre el cerebro y distintos órganos, incluido el corazón. Participa en la regulación cardiovascular y en procesos relacionados con el descanso y la adaptación al estrés.

También intervienen sustancias como la oxitocina, relacionada con procesos de vinculación social, aunque sus efectos dependen del contexto y no puede considerarse simplemente una hormona del amor.

Lo fascinante es que nuestras relaciones no solamente influyen en nuestros pensamientos: también pueden modificar la manera en que nuestro organismo responde a las experiencias cotidianas.

Amar y sentirnos amados también puede beneficiar nuestra salud

La psicóloga Julianne Holt-Lunstad y sus colaboradores analizaron 148 investigaciones que reunieron a más de 308 mil participantes. Encontraron que las personas con relaciones sociales más sólidas presentaban mayores probabilidades de supervivencia durante los periodos estudiados.

Este hallazgo confirma la importancia de considerar nuestros vínculos dentro de la salud integral.

Por otra parte, la Asociación Estadounidense del Corazón ha señalado que la soledad y el aislamiento social se asocian con mayores riesgos cardiovasculares.

Las relaciones afectivas de calidad pueden proporcionarnos apoyo emocional, ayudarnos a afrontar situaciones difíciles y favorecer hábitos saludables. También pueden contribuir a reducir la percepción de amenaza y facilitar nuestra recuperación después de experiencias estresantes.

No obstante, amar no siempre produce bienestar. Las relaciones caracterizadas por violencia, inseguridad o conflicto persistente pueden perjudicar la salud. Lo verdaderamente protector no es solamente tener pareja o estar acompañado, sino contar con vínculos seguros, respetuosos y recíprocos.

El amor que se cultiva todos los días

El amor no se expresa únicamente en grandes declaraciones. También habita en la atención con que escuchamos, en la disposición para comprender, en la ternura cotidiana y en la capacidad de acompañar sin invadir.

Una conversación sincera, un abrazo deseado o la tranquilidad de saber que alguien estará presente pueden convertirse en experiencias de profunda conexión.

La ciencia nos permite comprender algunos de los mecanismos que acompañan estas vivencias, pero no agota su significado humano.

Es por ello que seguimos asociando el amor con el corazón: porque aquello que sentimos por los demás termina resonando en todo nuestro organismo.

Amar y ser amados no nos vuelve invulnerables, pero nos ofrece la experiencia de saber que nuestra vida está vinculada con otras vidas y que el bienestar también se construye en compañía.