‘LA PERSPICUIDAD DE NUESTRO LENGUAJE’ El Wittgenstein intercultural de Cavell
I
Lo que en la filosofía desafía nuestra humanidad, lo que nos tienta con una desesperación excesiva o con una falsa esperanza, recibe el nombre de escepticismo. Es el escenario de la lucha de la filosofía consigo misma, por sí misma.
Stanley Cavell
Introducción
En este texto, exploraré brevemente la cuestión sobre cómo encontrar un cauce de comprensión cultural en las Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein desde la lectura que Stanley Cavell propone hacer de ellas en su texto This new yet and unapproachable America. Lo que quisiera sugerir es que la pertinencia de una filosofía de la cultura basada en las Investigaciones responde a que las reflexiones que Wittgenstein esboza allí, dada su pretensión de no imponer estructuras conceptuales sobre cualquier grupo humano, son especialmente propicias para explorar los sentidos propios que las culturas nos comunican a través de sus múltiples manifestaciones.
Desde la lectura del texto que propone Stanley Cavell, en las Investigaciones, está implícita una mirada filosófica sobre el lenguaje que pretende acercarse no al significado, sino a la vivencia de las palabras como el lugar en el que se forma el sentido propio que cada cultura les imprime –lo que, además, podríamos decir, se presenta como una expectativa de reconocimiento–. Hecha método esta mirada, y adoptados los compromisos éticos y actitudinales que esta exige a los ojos de Cavell, el filósofo norteamericano asegura que se logra que la exploración filosófica sobre la cultura, deje de ser una búsqueda por la estructura que explica cómo cada grupo humano imprime significado a sus expresiones para empezar a perfilarse como un cauce de comprensión cultural, poniendo por delante la formación afectiva y vivencial de estos significados.
Explorar las Investigaciones Filosóficas a la luz de lo que presenta Cavell, entonces, presupone empezar a familiarizarnos a leerlas buscando un sentido que traspasa enteramente la obra que pretendería entender al lenguaje no como una abstracción teórica sobre cómo lo usamos y cómo los significados influyen en nuestro comportamiento, sino como un conjunto vivo de prácticas y hábitos sostenidos social y afectivamente en contextos concretos. Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta lectura del texto se aleja de visiones convencionalistas del mismo que pudieran pretender que el lenguaje, para Wittgenstein, se reduce a convenciones sociales sobre necesidades que pudiéramos explicar recurriendo a explicaciones teóricas. En cambio, Cavell propone poner atención en los usos ordinarios de nuestras palabras para poder apreciar cómo, en ellos, subyacen vivencias y necesidades confesadas en ellas como si fuesen lugares comunes donde nuestra afectividad encuentra un lugar donde ser cómodamente. Lo que hay tras el lenguaje, para él, no es una estructura que explique ni su funcionamiento ni nuestro interior, sino necesidades propias de las formas de vida que lo insuflan de los significados que sentimos como propios en cada contexto, concretizados en forma de criterios gramaticales.
En ese sentido, llevar esta lectura de las Investigaciones al problema de la comprensión cultural, se hace sugerente al tener en cuenta que, por lo anterior, Wittgenstein estaría exento de tener que encontrar una estructura precultural objetiva que los distintos contextos humanos pudieran sentir como desconectada del sentido y forma de ver el mundo que subyace a sus expresiones: la principal limitación de la mayoría de los paradigmas en filosofía de la cultura. Para explorar este asunto, presentaré el sentido antropológico que Cavell da a la expresión habitar el lenguaje para aclarar cómo las palabras y sus sentidos responden a una integración de vivencias, hábitos y al trasfondo afectivo e histórico en el que nos desenvolvemos cotidianamente. Y, posteriormente, referiré la importancia del concepto de forma de vida, para elucidar la sugerencia de esta perspectiva frente a otros paradigmas en filosofía de la cultura.
- “Habitar” el lenguaje
El sentido de lo ordinario en la lectura que Cavell propone de las Investigaciones Filosóficas es el primer asunto con el que familiarizarse para poder entender su propuesta. Cavell considera que este sentido de ordinario recorre enteramente el libro para proponer una exploración del lenguaje como si este fuera una ciudad que se habita y en la que se vive, y que el lugar en el que poner atención para apreciar estos aspectos, son los usos ordinarios que damos a las palabras. En ellas, vistas así, lo que quedan son residuos de lo que realmente estamos queriendo hacer al usarlas. Este escenario no da paso al relativismo sino que es una oportunidad para escuchar el lenguaje no desde una nueva perspectiva teórica sino con una nueva sensibilidad. Por aquello, Cavell (2021) sugiere que Wittgenstein no quiere solucionar los problemas que surgen de malinterpretar nuestras formas lingüísticas volviendo a teorizar de una forma correcta el lenguaje, sino que esa malinterpretación apunta a aplicar estructuras a priori del lenguaje a la intencionalidad de las palabras del otro (p. 69). Lo que se encuentra en lo cotidiano, qué paz hay ahí respecto a las “profundas inquietudes” (…) causadas por nuestras malinterpretaciones filosóficas (Cavell, 2021, p. 69).
El asunto con lo ordinario es que él es lugar donde poder solucionar estos problemas relacionados a la incomprensión de la intención o el sentido cultural, si se quiere, de nuestras palabras como consecuencia de la rigidez del lenguaje filosófico tradicional. Lo que queremos captar en lo ordinario es la gramática profunda que está tras él, que las mismas vivencias de la comunidad que lo usa va transformando. No apunta, pues, a redirigir la posible vulgaridad de nuestra habla cotidiana o coloquial a formas semánticamente más depuradas. Cada vez que hacemos esto, ahorcamos esas confesiones, esas haecceidades implícitas en cada contexto en que las palabras son invocadas, y nos desconectamos de ese sentido subyacente que Cavell nos invita a explorar como si estuviésemos tratando cuestiones estéticas.
La salud del espíritu humano (Cavell, p. 71) entonces, se encontraría más en que nuestros acercamientos filosóficos a distintos grupos humanos apunten a reconocer las necesidades confesadas en los usos ordinarios de sus palabras que en conectarlos a entidades trascendentes que debemos reconocer para predicar a través de ellas lo que, nos parece, que quieren decir. En dejar ser y en aprender a escuchar cómo las confesiones del espíritu humano que quedan en el lenguaje nos hablan, se encuentra diferenciada la lectura que Cavell hace del sentido de terapia que muchos han entendido como una suerte de refinamiento conceptual que se mantendría apelando a entidades trascendentes que justamente son las que Wittgenstein está tratando de combatir. Así, Cavell (2021) nos invita a pensar en Wittgenstein como un inversor del problema clásico sobre si acaso nuestras vidas están distorsionadas o acechadas por ilusiones (p. 71), pues se estaría abandonando la idea de que todo aquello que no está enunciado desde conceptos objetivos es, efectivamente, una ilusión o una forma distorsionada de una forma de predicación superior nuestra, que debemos devolver a su lugar.
Invirtiendo esta relación, la propuesta de Wittgenstein para acercarnos a los sentidos más profundos que el otro está confesándonos continuamente, considera que lo conceptual, efectivamente, mediante sus ambiciones homogeneizantes, es el obstáculo mayor para capturar todos estos aspectos que pueden hacer cambiar nuestra visión sobre las cosas al entender cómo el otro, ve lo mismo que nosotros pero diferente. Pero para eso, Wittgenstein entiende como indispensable no conceptos más refinados u objetivos sino buscar otro tipo de comprensión, de la que comúnmente estamos alejados por pensar que la incomprensión entre culturas se encuentra sobre nuestras cabezas, cuando en realidad, está bajo nuestros pies (Cavell, 2021, p. 72), en nuestras vivencias más ordinarias, donde nuestro orden interior habla y el contexto revela el significado que rige cada situación en concreto.
Sin embargo, hacer efectiva esta mirada no presupone únicamente un cambio en nuestra forma de hacer filosofía, sino además, a ojos de Cavell y de Wittgenstein, un compromiso con una cierta actitud vital y espiritual para poder captar el intenso trasfondo ético de esta forma de hacer filosofía. Este compromiso, además, sería el antídoto que nosotros, los occidentales, necesitamos para dejar atrás nuestras constantes ganas de teorizar y empezar a poner atención lo realmente importante que habla en cada contexto. Pues, cuando solucionamos un problema teóricamente, no estamos contentando a nadie más que quienes piensan como nosotros y que tienen las mismas ansiedades derivadas del sentido de escepticismo que cruza todo Occidente.
El comportamiento de las palabras no es algo que pueda separarse de nuestras vidas en tanto hablantes competentes, cuando las dominamos. Son las vidas mismas las que deben regresar. (Cavell, 2021, p. 73). El asunto es que las palabras, en el sentido Cavelliano en que quieren ser captadas desde Wittgenstein, en el rigor filosófico tradicional, es lo que nos aleja de este, lo que exilia el sentido, lo que lo captura en el reino de lo trascendente y le prohíbe regresar a lo ordinario. Por eso que Wittgenstein nos dice que las palabras están buscando su nación, sin que nos demos cuenta de la importancia de esta cita.
Es una magnífica metáfora la de Cavell para reinterpretar a Wittgenstein a la luz del concepto de ordinario no como un centro, sino como una condición inevitable relacionada al mismo uso y desenvolvimiento del lenguaje. Es, como reconocer y dar paso a una suerte de inmanencia que siempre está modificando el interior del lenguaje. Algunos, han querido dar el hombre de naturalismo inmanente a esta posición filosófica, en la que el concepto de lo natural en tanto algo que se mantiene al interior de todos nosotros, lo hace de manera distinta según contextos y circunstancias concretas, pero en este nunca dejar de hacerlo, emergen nuevos contextos que dan una nueva forma constante a aquello que se mantiene como natural. Incluso, a lo natural, desde Wittgenstein podríamos decir que es algo que se va moldeando, que se va cambiando como cambia nuestra misma afectividad por el mismo devenir.

