Seamos propositivos

Views: 1604

Como responsable de este espacio de difusión, he señalado una y otra vez, las grietas del sistema educativo en su complejidad; pero denunciar sin proponer es apenas catarsis ilustrada. Si queremos dejar de ser espectadores indignados y convertirnos en constructores incómodos, necesitamos medidas concretas y no lamentos bien redactados.

La ironía sirve para desnudar la realidad, pero la propuesta es la que permite moverla. En educación, ese teatro donde todos actúan sin haber ensayado, hay cuatro personajes que exigen respuestas distintas: el padre desentendido, el mitómano social, el líder fallido y el ciudadano anestesiado. A cada uno se le responde con una mezcla de lucidez, límites y una dosis de sarcasmo que no destruya, sino que ilumine.

Primer caso; cuando un adulto renuncia a ser adulto, se le debe recordar con elegancia quirúrgica que la autonomía no es abandono. La frase a mi ni me digas suele significar no quiero lidiar con el conflicto

La respuesta propositiva consiste en devolver la responsabilidad sin humillar: Perfecto, acompañemos juntos esa decisión para que tenga consecuencias formativas. El subtexto es claro: no se trata de obedecer al niño, sino de enseñarle a decidir. El sarcasmo puede aparecer en la forma de una sonrisa que dice: qué maravilla, un menor gobernando un hogar, pero la acción debe ser firme: establecer acuerdos, exigir presencia y documentar procesos. 

Segundo caso; personajes que viven de distorsionar la realidad como si fuera plastilina emocional. La estrategia no es confrontar su fantasía, eso los alimenta, sino anclar todo en evidencia verificable: actas, correos, acuerdos, bitácoras: la verdad institucional como antídoto. 

El sarcasmo funciona cuando se usa para exhibir la incoherencia sin caer en el ataque personal: Qué interesante versión; ahora revisemos los datos oficiales. La propuesta está en blindar procesos, no en ganar discusiones. La mentira se desarma cuando no encuentra superficies blandas donde pegarse.

Tercer caso; líderes sin autoridad moral. No se trata de juzgar biografías personales, sino de señalar que la autoridad moral no se improvisa; cuando alguien pretende dar ejemplo sin tener uno, la respuesta propositiva es desplazar el foco: del predicador a la práctica. 

Se tratará de mostrar liderazgo en lo que sí controlamos: decisiones, procesos, resultados, por supuesto que la ironía puede subrayar la contradicción, si no pudieron salvar su matrimonio, ¿cómo pretenden decir que resuleven conflictos?, enfatizar que el liderazgo se valida por impacto, no por narrativa o el supuesto de que somos excelentes sólo por tener tiempo en un cargo. 

El cuarto y más generalizado, me parece, una sociedad pasmada y permisiva. El reto mayor es transformar espectadores en participantes y la pasividad se combate con tres movimientos puntuales: información clara, participación sencilla y consecuencias visibles. 

La ironía aquí sirve para despertar: la realidad no mejora sola, aunque sería un gran invento, pero la propuesta exige crear espacios donde la gente pueda actuar sin sentirse inútil: microproyectos, decisiones compartidas, responsabilidades distribuidas. La ciudadanía se activa cuando descubre que su acción, por pequeña que sea, produce un cambio tangible.

Al final, todo se reduce a dejar de aplaudir la mediocridad disfrazada de normalidad. No necesitamos héroes ni mártires: necesitamos adultos que asuman su papel, instituciones que no tiemblen ante el berrinche social, líderes que lideren de verdad y ciudadanos que recuerden que la realidad no es un espectáculo sino una factura que siempre llega. 

La educación, esa trinchera donde se decide el futuro, no puede seguir siendo administrada por la apatía, la mentira o el autoengaño. Estamos en un momento crucial; o nos hacemos cargo, o nos hacemos cómplices. 

Me parece que ya estuvo suave de complicidades: es momento de incomodar, de exigir, de actuar con la misma contundencia con la que la realidad nos golpea. Porque si no movemos el mundo, el mundo nos pasa por encima. ¿En qué frente queremos clavar la primera estaca?

horroreseducativos@hotmail.com