DON MARIO Y LA CARRETA DEL PASADO QUE ES TRANSPORTE DEL PRESENTE
De lunes a viernes Metepec se remonta a una imagen extinta para diversas áreas metropolitanas, pues el sonido de los cascos sobre el asfalto se escucha fuertemente en algunas de sus calles. Aún entre el paso de automóviles y el crecimiento urbano, una carreta tirada por caballos se convierte en el carruaje de niños, niñas, padres y madres. Al frente va Don Mario, quien desde hace décadas mantiene un oficio que para varios locatarios ya parece parte de otra época.
Con tan solo 10 pesos, cualquier persona puede trasladarse hasta sus hogares, su ruta conecta varias comunidades como San Lorenzo, San Miguel Totocuitlapilco y hasta la colonia Álvaro Obregón, que aunque es un recorrido aletargado, reconoce que ha sido esencial para su familia durante casi un siglo, dado que es una labor introducida por su abuelo y su padre.
Un día de trabajo para Mario se concentra en salir a alrededor del mediodía, prepara a sus caballos y ajusta la carreta para llegar a la Escuela Primaria Adolfo López Mateos en el Barrio de Santiaguito, sitio en el que espera a los menores y sus padres para partir hasta sus hogares, aunque asegura que años atrás también salía desde temprana hora para llegar los lunes al mercado tradicional del Pueblo Mágico, sin embargo por respeto y cuidado tanto de su salud como la de sus caballos, ahora solamente hace un solo recorrido.
El carruaje especial también es ayudado por cuatro llantas que cargan con el peso de los pasajeros, los cuales pueden llegar a ser hasta 30, no obstante, ha estado acondicionándolo año con año para reforzarlo y que los protagonistas, que son los caballos, no sean afectados de ningún modo.

Para Don Mario, este trabajo es más que un simple medio de transporte. Es una forma de vida.
“Yo prefiero esto a estar estirando la mano”, dice con firmeza. “Nunca he estado en un semáforo pidiendo ni nada de eso. Prefiero ganármelo trabajando”.
Su historia también está marcada por la dificultad. Cuenta que fue a partir de una condición física, que encontró en este oficio una forma de salir adelante y darle un sustento a su familia.
“Gracias a Dios he podido convivir con mucha gente. Generaciones pasan y siguen viniendo”, comenta mientras observa a los animales que lo acompañan en cada jornada y al tiempo que saluda a todos sus pasajeros que lo buscan con respeto y cariño, ya que para ellos ha sido esencial su trabajo y además -dicen- consideran que su labor rescata la esencia del pueblo.

No obstante, a pesar del agradecimiento de sus viajeros, las críticas no han faltado, sobre todo en tiempos donde las redes sociales suelen cuestionar el uso de animales en el trabajo. Don Mario lo sabe, sin embargo asegura en el cuidado y aprecio que les da.
“La gente dice ‘pobres animalitos’, pero tampoco se acuerdan de decir: ‘mira, te doy unos pesos para que trabajes y les des de comer’”, comenta. Para él, el cuidado de los caballos es parte fundamental del trabajo, pues de no ser por ellos, no podría tener un sustento.
Don Mario vive en la colonia Álvaro Obregón, después de Condado del Valle. Desde ahí sale cada día para recorrer caminos que han cambiado con el paso de los años. Donde antes había campo, ahora hay construcciones y residencias.
Aun así, su carreta sigue avanzando entre el polvo, el sol y el tránsito moderno. Y mientras haya pasajeros que suban al recorrido, Don Mario seguirá sosteniendo una tradición que se resiste a desaparecer.

