Horizonte Preclásico
Después de volar por territorios y tiempos lejanos en la historia, retornar a la lectura del libro de Historia del Estado de México, de Alfonso Sánchez García, nuestro querido cronista municipal de Toluca, nombrado en 1981 como reconocimiento a su sabiduría, su magisterio, su labor incansable de saber sobre la entidad y en particular de Toluca, donde para él los Matlatzincas se convirtieron en tema de vida. Escribe: Por lo que toca a estos puntos, adoptaremos el nombre de Horizonte Preclásico, que es el más reciente y por ende el más popularizado. Para su caracterización nos valdremos de las aportaciones técnicas del arqueólogo Román Piña Chan, que se ha preocupado especialmente por el estudio de este periodo.
Antes que nada, Piña Chan sostiene la justeza de la clasificación en Horizontes Culturales, y las razones que le asisten para considerar al Preclásico como una etapa congruente y bien definida: Esta división como se verá más adelante, denominada bajo el término de Preclásico a un Horizonte Cultural homogéneo que se caracteriza al mismo tiempo por una gradual evolución cultural periódica, lo cual también se pueden correlacionar por medio de las fases temporales que parten desde el inferior hasta el superior. En otras palabras, aunque existen variaciones locales, la cultura se ajusta en lo general a una línea evolutiva continua desde las primeras manifestaciones hasta el final del Preclásico. Para estudio de Matlatzincas y de la palabra Toluca y, su relación que es simbiosis del nacimiento; porque esta cultura impone su manera de ser y de vivir durante varios siglos, en lo que hoy es Toluca, y también, en su relación con lo que llamamos Valle de Toluca.
Miles de años no pueden resumirse en unos cuantos párrafos. El repaso que hace don Poncho es de largo aliento, y los nombres aparecen uno tras otro, hasta hacer girar la cabeza por tanto conocimiento que desgrana. Del tema que se estudia, cita: En esta forma siguiendo la idea de correlación entre las fases temporales. Piña Chan divide el Horizonte en tres periodos a los que denomina: 1.- Preclásico Inferior. 2.- Preclásico Superior o Preurbano. 3.- Preclásico Superior o Protourbano. El primero abarca de 1700 a 1300 a.C., el segundo de 1300 a 800 a.C., y el tercero de 800 a 200 a.C. De esta manera se siguen las huellas de lo sucedido al realizar excavaciones, que para el caso del arqueólogo Román Piña Chan, entre sus logros más vistosos, lo es la recuperación de la zona arqueológica que llamamos Teotenango: ubicada en mesetas cercanas a la cabecera municipal de Tenango de León Guzmán, o Tenango del Valle, como le conoce el sentir popular.
En el primer periodo escribe el autor: Prevalece la aldea lacustre de materiales efímeros. En las riberas de los lagos el hombre cultiva el maíz, calabaza, frijol y chile, aunque gran parte de su tiempo lo dedica a la cacería y a la pesca utilizando lanzadardos, jabalinas con punta de piedra y navajas. Ya conoce el bastón plantador (Coa) y fabrica raspadores, metates, molcajetes y otros utensilios de piedra y madera fundamentalmente.
Cada periodo o subperiodo representa todo un reto para los estudiosos e investigadores, pues los descubrimientos van tejiendo sorpresas y cambiando la visión que se tuvo de tal o cual lugar descubierto. Lo que destaca en el caso del Valle de Toluca es que su afición a la pesca tiene que ver con la riqueza lacustre que se tuvo hace miles de años. Por lo que no debe sorprender que lo que los arqueólogos encuentran en sus excavaciones tenga que ver con restos en lo que fue rica zona lacustre. Seguiditos están: Toluca, Metepec, Calimaya, Santa María Rayón, San Antonio la Isla, Tenango del Valle. Hermanados por sus costumbres, por las especies que les daban alimento, por su forma de prender el fuego para cocer y freír sus comidas del día. Por su manera de ver el cielo plagado de estrellas y sorprendidos por la Luna que en plenitud esa noche les da la maravilla de un cielo iluminado como nunca.
El Valle de Toluca con su adherencia a los territorios que además iban por Mexicaltzingo, lugar donde los reyes aztecas venían a reposar en sus jardines más amados. Hacia el norte de ese lugar Texcalyacac, Almoloya del Río, Santa Cruz Atizapán, Santiago Tianguistenco, Xalatlaco y más allá Ocoyoacac, el eslabón que une al Valle de Toluca con el Valle de México. Nos debemos preguntar si todos estos territorios eran espacios fraccionados hasta el grado de no tratarse ni intercambiar sus relaciones, aventuras, vivencias cotidianas. Y si unos aprendieron de los otros, o se hizo en el paso de los siglos una muralla que dividió a todos los habitantes de esta enorme zona territorial llena de riquezas naturales que eran envidia de cualquier conquistador que asomara su nariz.
¿La pregunta es si podemos entender que las múltiples culturas indígenas tuvieron una vida aislada dentro del Valle de Toluca, o la idea de conocer más allá les lleva a convivir y a guerrear de manera constante?… Ello, porque la palabra ‘Toluca’ o ‘Matlatzinca’, debemos de estudiarlas cual entes aislados, que no tuvieron mayor referencia de sus vecinos, o al contrario: saber y sufrir por los que al venir a conquistarles: aztecas, nahuas, tenochcas, mexicas, la convierten con sus rudas acciones en patio trasero de su imperio.
Toda sociedad humana en su desarrollo hace de la convivencia social su mayor alegría y felicidad. En el siguiente periodo, don Poncho cita: Las comunidades de este periodo alcanzan mayor densidad de población y mantienen una producción más intensa. Sin duda se integran los primeros grupos sacerdotales (magos) alrededor de religiones totémicas. Surgen las primeras Villas que dejan muestra de sus primitivas construcciones de piedra, todavía no monumentales. Se han encontrado cimientos para techumbre de paja, pavimentos, etcétera. Son los tiempos en que la cultura Olmeca, a través de los Totonacas de Veracruz, comienza a infiltrarse en el Valle lacustre.
De ahí reciben los pueblos locales un fuerte impulso en cuantos a las artesanías y a la religión. La palabra Olmeca es una palabra que resume como pocas la metáfora de la palabra judía: Aleph, en esta cultura nace ella y de ella nacen otras culturas pues reciben adelantos en muchos campos del conocimiento primitivo y refinado de aquellos tiempos de la cultura indígena que mucho nos enorgullece al ver sus obras y conocimientos que desplegaron. Sí, estudiar a los Matlatzincas y la palabra Toluca, nos obliga a ir al fondo de las cuestiones que plantean estas dos imágenes que despliegan sus letras para sorprendernos por los contenidos que se dan en cada una de ellas. Olmeca es por lo tanto expresión de una antigüedad que le hace respetable imagen que enseña los enormes niveles de talento, inteligencia y sensibilidad que tuvo esa cultura regada, sobre todo por las costas de Veracruz y llegando hasta el mundo Maya. Si, primos de los Matlatzincas son muchos otros integrantes de diversas etnias y al seguir el paso de sus familiares yendo hacia las raíces de la aparición del hombre en este territorio nacional. Comprendemos aún más que no se puede separar nada del cuerpo que es hoy la patria mexicana. Hacerlo así, es demostrar una supina ignorancia y mala fe al valorar las piezas históricas de que está formado México.
Interesante es lo que cita el cronista: Hay indicios de que se establecen las ceremonias religiosas y los ritos mágicos en adoración de un dios “Serpiente jaguar”, relacionada con las lluvias y que indudablemente tenía mucho del tótem felino de los olmecas y del Quetzalcóatl serpentino de Teotihuacan. Las deformaciones craneanas, las incrustaciones en huesos y dientes, etcétera, evidencia la presencia de inquietudes religiosas y de estética personal. No hay duda que el paso hacia las religiones transformó las pequeñas aldeas y les dio prestancia para fundar sus centros ceremoniales poniendo en ello corazón y vida pues pensaban en la vida eterna como algo que nunca debería de terminar. El hombre y la Mujer no sólo podían estar enamorados de sí mismos. Ya estaban enamorados de su entorno.
