El Péndulo Zen, instrumento místico del alma
Me instalé en el Monte y cesaron los cuidados:
ya no ocupan mi mente pensamientos vanos;
más libre que las rocas donde inscribo versos,
me doy, cual barco sin amarras, a los hados.
Hanshan
( poeta chino de finales de la dinastía Tang, Año 907)
Oscilación, un peso en la punta de un hilo, eso es un péndulo, objeto de la vida cotidiana y científica al mismo tiempo. Un hilo o una varilla que viaja sin dejar un eje horizontal. La física y la gravedad y Galileo Galilei de manera particular, nos habrían de enseñar que a el péndulo finalmente serviría para medir el tiempo y que el tiempo es independiente de la amplitud del péndulo. Es todo, inicio del movimiento, instrumento de comunicación entre la conciencia y el inconsciente. En épocas agrícolas había que aprender a utilizarlo para buscar terrenos fértiles o para encontrar oro, actualmente se le puede preguntar sí, o no, o tal vez a través de la “radiestesia”. Desde tiempos inmemorables fue utilizado como Oráculo, para obtener respuestas de su movimiento esotérico, por tanto, fue tecnología y magia y hasta pudo demostrar que la Tierra se mueve. Y… ¿si no fuera así? Si un día aparece una idea, un suceso que nos fractura, el abandono, la separación del ser amado, ¿Qué pasaría si ese suceso convierte la vida en otra cosa, una situación inesperada? Es preciso preguntarlo al Péndulo.
Frecuencias diferentes cruzan la mente humana y si la mente es la unión de alma y cerebro, su movimiento, imperceptible, es un movimiento pendular, poco sabemos sobre el lugar preciso donde radica el espíritu, menos aún si alma y espíritu son la misma sustancia, pero anidan, las dos en la memoria y el recuerdo. El péndulo tiene tres componentes: la comprensión, la suspensión y la conservación. La comprensión de cómo la mente humana para cada suceso tiene una explicación, el que sea fácil o arduo entenderlo, es nuestro tiempo de oscilación. Nuestro Péndulo personal como lo dibuja en su trayectoria Zenón Vargas Martínez en este poemario titulado así: Péndulo Zen.
Es más podríamos decir que todo libro al abrirse por una página al azar y leer lo que ahí aparezca aplicándolo a lo que fuera tiene un movimiento de péndulo con nosotros y nuestro momentum. Es el caso de Péndulo Zen, que guarda una especie de bibliomancia en la que se pueden leer rasgos literario-filosóficos desde su primera página:
“Y sucedió. Fue un canto de sirenas que brillaba en cada letra que se escribía, encarnándose desde la piel, formando ecos que brotaban desde lo recóndito de las ideas, cobrando el precio de la memoria… para beberse por almas empapadas de avidez”.
Somos únicos, irremplazables, propietarios de un destino. Esta poesía no es de la clase de lo descriptivo, es prospectiva, y a pesar de mostrar los vacíos del hombre en su relación con el Otro / Otra plantea que el amor debiera entregarse en abundancia y generosidad como sucede en el mundo natural, sin considerar condiciones: “Hagamos el amor/ hasta que después él nos lo haga”
Lo más apreciado y generoso está dentro de nosotros, el vaivén del péndulo puede interrumpirse cuando pretendemos victimizar o contrariar al destino, nuestro objetivo debería ser el convertimos en reconocedores de las limitaciones en cada situación para mejorarlas, encontrar una mejor y holística manera de atacar un problema a la vez, como en una meditación, dejar vagar la mente ante la página en blanco. Con una disposición abierta, sin distracciones, con la intención de siempre retornar al centro.
El péndulo ofrece simultáneamente el no retorno y el retorno inmediato, de los recuerdos, las sensaciones de lo físico y lo metafísico, pues amar es un estado de gracia, sólo dos emociones amor y miedo rigen la vida, cuando expresamos amor, algo pasa y la vida comienza a moverse, el amor es también un péndulo. La felicidad, aceptación y libertad que trae consigo el amor, hacen pensar al común de las personas que alguien más es el responsable, cuántos viajeros cruzando el universo para encontrar el amor, pero no es cierto, solo yo puedo ser responsable de mi conexión conmigo mismo, duele porque la necesidad de tener no puede convertirse tan fácilmente en gratitud, por convertirse en la persona que se es hoy, “Duele hasta el pensamiento recordarte/ concluir que sólo puedo saberte/ con los suspiros de la distancia nuestra/.
El amor humano entre dos, en la tradición está reservado a una sola persona, un alto poder que existe en el infinito es el soporte detrás del suceso del amor, y aunque cualquiera puede hacer posible su amor, espiritualmente el riesgo es más alto, es estar sujetos al rechazo, al olvido, expuestos a la inseguridad en vulnerabilidad. El Péndulo del amor no para, es activo, poderoso, no hay manera de parar el amor, solo está el olvido, removiendo el ego, aceptando totalmente el significado de la separación o incomplitud, eso es el ego, enseñanza de melancolía para comprender el mundo material en el que vivimos sin amor.
Zen es tomar conciencia de la experiencia cotidiana. Buscar la iluminación a través de las palabras, un despertar espiritual para combatir la enfermedad y el dolor del alma. Todos nuestros temores y deseos están en la trayectoria del péndulo, la amplitud la limita el ego, cuando no queremos continuar, la oscilación se constriñe hasta que el péndulo ya no está vivo, el flujo debe seguir, aun cuando se dude, ser agradecido, aquí y ahora y no dejar que la desilusión deje todo atrás porque la experiencia de la sabiduría aparecerá más allá del discurso racional y las virtudes y perfecciones nos harán tener una trayectoria pendular sin obstrucciones.
Hasta abrir los ojos a la razón de la generosidad, concentrarse en hacer crecer el flujo de la vida y florecer y luego ser humano, una vez que puede verse la necesidad de ser generoso en el amor, lo que se dio en su nombre no es una pérdida, pues todo se renueva, expandiendo, como la ruta del péndulo que nunca termina. Interior y exterior.

