JUEVES SANTO Segunda parte

Views: 474

Desde el comienzo de la tarde las calles se van llenando de caminantes. Carnaval de andarines que se aprestan a visitar las Siete Casas depositarias de las imágenes de Dios. Paseo único en donde se mezclaban lo profano y lo religioso, en donde se aprovechaba lo mismo para saludar a tanta gente, que tanto tiempo se tenía de no ver, que comprar el panecito sagrado de los templos. En donde lo mismo se reza contrito y pesaroso al pie del altar, que afuera se saborea una sabrosa nieve de flor de nata.

La tarde caminando en sus claroscuros ayuda a pintar el cuadro. Ya se ve aumentado el flujo de visitantes a los templos. En algunas calles céntricas ya se forma un gran río humano que hace difícil la entrada a algunas iglesias. En la competencia tácita por el arreglo del altar, algunos templos tradicionalmente lideraban en belleza y hasta con figuras casi humanas como sucedía con el templo del Carmen. Ahí es donde el conglomerado humano se apretuja. Y era común que por ejemplo, a la última Cena en la mencionada Iglesia del Carmen, a Cristo y sus discípulos sólo les faltara hablar.

Se sale del templo y en el caminar íbamos reconociendo la belleza escondida de la ciudad que el diario ajetreo no nos los había permitido. Nos reencontramos con el pasado y la memoria descubre los muchos cambios que la casa de todos presenta. Y la gente sobre todo la gente, montón de conocidos, la sonrisa, la plática y el abrazo en una ciudad que todavía era un pueblote. Hoy nada más caminas sin conocer a nadie.

Esa ciudad callada con miles de andarines viví exclusivamente para la religión en esos días. Se archiva la actividad oficial y en el centro brilla esplendorosamente el reino de la fe cristiana, en tanto los dos palacios laicos, el del Estado y el Municipal aparecen a lo lejos lóbregos y solitarios. De las dos grandes casas que el hombre eleva a los cielos hoy es el día del liderazgo religioso sobre el político.

Visita a las Siete Casas, fiesta infantil que rompe el aire con sus matracas. Trrr, los pequeños imprimen velocidad al juguete y el delgado rectángulo de madera camina los escalones de un circulo dentado. Matraca: pequeño barco del río del aire. Matraca: molinito de viento infantil que traquetea en el silencio. Música de Semana Santa.

Matraca con sus estampas de juego de lotería. Ahí van dando de vueltas en los extremos del juguete, el músico, la sandía, las jaras… sólo falta el grito: ¡looteríaaa!

Ahí van las familias unidas en la caminata. Los más jóvenes adelante, como queriendo jalar a todos y hasta atrás la abuela con el nieto: aurora y ocaso, uno, que apenas percibe la ruta, la otra, que ya camina lento por haber desgastado los caminos.

Entra la noche de lleno y el río humano aumenta haciendo que todas las iglesias tengan visita, desde la imponente, pétrea, altísima Catedral, hasta la humilde capillita del suburbio. Visitantes van y vienen, lo  mismo los que ornan regias galas que a la que sólo tiene una espiga de trigo en el centro del altar y es hasta ya muy noche cuando el río humano decrece. Sólo al final, se escucha a lo lejos el trrr de una matraca de un pequeño que quien sabe por qué no se ha dormido.