#JUSTICIAPARALILI, HAN PASADO 5 MESES Y NO HA SUCEDIDO NADA

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Por Fátima Chávez

Pese a la lluvia y al frío de la Plaza González Arratia en Toluca sostiene ahora un peso que no es material, sino de memoria.

Han pasado cinco meses desde que el tiempo se detuvo para Verónica Manjarrez, y ahí, entre el tránsito indiferente y el murmullo de la capital mexiquense, el nombre de Luisa Fernanda ha quedado grabado como un recordatorio de lo que la negligencia puede destruir.

No es solo un memorial; es el testimonio silencioso de una vida que se apagó el 30 de octubre de 2025, cuando una patrulla del Grupo de Operaciones Especiales (GOE), manejada por quien debía cuidar el orden, terminó por arrebatarle a Verónica su proyecto más grande de vida, a Lili.

La ironía de la tragedia arde con una intensidad particular: Lili murió bajo las ruedas de la institución que se sostiene con los impuestos de la ciudadanía para garantizar su seguridad.

Para su madre, la palabra «seguridad» ha perdido su significado original, convirtiéndose en un eco de corrupción e impunidad mientras el responsable sigue libre y activo en la corporación municipal.

Verónica describe una realidad donde el duelo se mezcla con la indignación de enfrentarse a una estructura que percibe como un engranaje de «pseudo policías», un director ausente y un alcalde que ignora las demandas de la sociedad.

Hoy, ella admite que respira por inercia y que los sabores se han desvanecido, pero esa misma fragilidad se ha transformado en el motor de una resistencia legal y social.

Acompañada por organismos que han comenzado a escuchar su reclamo, Verónica no permite que el nombre de su hija se pierda en el archivo de los casos olvidados.

El memorial es el punto de partida de «Por una Toluca Segura», un colectivo nacido del dolor pero alimentado por la urgencia de reformas legislativas que impidan que el uniforme sea un escudo contra la justicia.

Al pie de esa ofrenda, la promesa es clara: no habrá silencio mientras el encubrimiento siga siendo la norma.

En Toluca, la lucha de una madre ha convertido una tragedia privada en una exigencia pública, recordándole a la ciudad que la justicia, aunque esquiva, sigue siendo un derecho por el que vale la pena resistir.