Historias que quieren permanecer

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En narratología, el punto de vista es la perspectiva desde la que se cuenta una historia. En  un cuento es la  forma de transmitir de su autor, literaria (obviamente) pero también de manera  audiovisual ya que en el relato puede haber muchas formas de narrar una historia.

Ese punto de vista, en general, es una  postura, consideración filosófica o  actitud, e incluso la opinión (se dice desde mi punto de vista…) que adopta un sujeto, sobre un hecho, objeto, persona o entidad determinada, a causa de la propia subjetividad, de la que es indisociable. Es decir, el narrador va a decirnos lo que quiera como quiera y cuando quiera siempre y cuando nos prestemos a ese contrato autor-lector que inicia inocentemente cuando leemos la primera página de un libro de cuentos.

Ese punto de vista también es filosófico, social, y entonces surgen los modelos de punto de vista: el feminista, la neutralidad, el humor, el amor, el punto de vista múltiple, el de la música, el de la creación, innovación, por diseño o por tecnología, para llegar a palabras como mirada, perspectiva, visión de mundo, ficción, no ficción, origen infancia. ¿Cómo? ¿cómo llegamos a estas palabras, porque este texto mismo pretende ser un análisis integral, estructural en  el que caben los nombres de Parménides y Heráclito con su discusión entre apariencia y realidad y cómo sus respectivos puntos de vista, se conectan con la realidad.

También el titulo  de Margarita Vázquez Campos y Antonio Manuel Liz Gutiérrez, en su trabajo The Notion of Point of View (‘La noción del punto de vista’) o el Tractatus Lógicp- Philosophicus del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein y su teoría irónica   de imágenes o en la que  usó la palabra alemana Bild, que significa ambas cosas como ilustración de la relación entre los puntos de vista y la realidad, de  la obra  Cuentos del lado más oscuro de la luna de Jaime Ignacio Magnan Alabarce. Ed. Literatelia, Col. Visum e.m., México,  2025.

La propuesta inicial que es también la de Norman Friedman sistematizada en el artículo Point of view in Fiction. The Development of a Critical Concept, publicado en 1955  una teoría del narrador que ahora se conoce como  focalización en la que se parte del criterio de que todo narrador relata acontecimientos que han sido percibidos −o sentimientos que han sido experimentados− desde un punto de vista particular, esta focalización  le permite al narrador explicar su mundo empírico y  psicológico desde una mayor o menor amplitud, así, Jaime Magnan nos lleva por un verdadero carnaval o carnestolendas (así le llamaban los romanos al carnaval (por aquello del período festivo que antecede a tiempos cuaresmales mismos que recientemente hemos vivido) y nos dejará pensando en la cantidad de personajes que pueden desfilar en mascarada ante nuestros ojos, así mostrando sus despojos, sus picardías y maledicencias, sus instintos, cubiertos por máscaras de engaño y lenguaje. Porque nada es nunca lo que parece y nadie es siempre quien dice ser.

Y este modo melodramático de cámara o registro auditivo-visual (porque es como si estuviésemos oyendo a los personajes, insisto), nos va a entretener al grado de no soltar los relatos por su actitud proposicional, eso, una actitud, un estado mental muy americano, latino-sud-centro-americano, sostenido por tiempo y viajes y observaciones profundas. Basado en el creer algo, querer algo, adivinar algo, recordar algo que nos es entrañable, familiar, nacional, universal.

Un poco, un mucho se refleja de nuestro modo de ser, si el  lector se entrega a leer lo que hacen y dicen los personajes, mirar sus acciones externamente, percibir los escenarios y como ocurre en las didascalias del discurso dramático escrito; conocer la subjetividad de los personajes –de cualquiera de ellos− inferir  sus conductas. Ver el movimiento de cámara: en esta modalidad; las convenciones descriptivas ofrecidas se orientan a ofrecer un slice of life, un fragmento de vida, como si transcurriera la temporalidad; la realidad descrita desde esta modalidad narrativa, aunque utilice las convenciones de la objetividad, procede de una instancia autorial.

El autor quiere contarnos lo que quiere en el tiempo y proporción que elige. El propósito es dar la impresión de que el acontecimiento sucede en vivo y en directo, en tiempo real, dirigiendo las marcas enunciativas del narrador. Veremos desfilar

Una vivales caperuza a la que no le importó la perspectiva  de género ni el cuidado de los adultos mayores y haciendo uso de la infraestructura paraestatal se provoca un grave perjuicio, Yo, el mejor de todos, una antítesis de todo lo que debiera ser un buen esculapio o bien galeno, forense o enterrador, cruzando los límites entre la ética y el amor más allá de la muerte, y La Dorita, oh, la Dorita, la encarnación de la más férrea burocracia, con toda su belleza decadente  enfrentada a la revolución de la juventud en la guerra del anafe, La magia y la ignominia se viven en Cuestión de suerte o El plan de Magda, ésta la manipuladora encargadora de hechizos, y el sorprendente poder adivinatorio de un narrador que se va transformando en estas voces, desde diferentes “puntos de vista”

Si estos cuentos fueran una película, un relato audiovisual, cumpliría perfectamente con los requisitos enunciativos : cuenta con narradores, con  focalización (el saber), la ocularización (el ver) y la auricularización (el oír); que actúan dialéctica y simultáneamente para construir el punto de vista, inclusive de un capo del narcotráfico, en el Zoológico de Pablo Escobar​ o una mujer engañada en El lado más oscuro de la luna.

El orden aplicado a la creación final de un punto de vista es el siguiente: el aparato que narra se adjudica  a un narrador o a un personaje (ocularización y auricularización) lo que vemos y lo que nos dice  y sobre el que se desarrolla un flujo de saberes (focalización) La enunciación inicial de los hechos constituye el punto de vista en el origen del discurso, que se verá dialécticamente reformulado mediante la lectura/interpretación que deviene en el punto de vista del espectador (en destino). De esta manera, estaremos felices o tristísimos cuando a las hermanas Lala y Lela  las descubran o no  de asesinas en Papá dormía, mientras murió.

El narrador es la instancia que vehicula y da forma a un determinado relato. A lo largo del mismo, pueden ser diversas las instancias que modifican el discurso mediante la variación de las relaciones entre ente enunciador y espectador implícito. Vernos a nosotros mismos en una foto, como en Retrato de Oficina, es lo que denominaríamos el  Meganarrador al ente conceptual que representa al autor real en el seno del discurso, el cual da pie a la existencia de narradores de primer o segundo nivel, homodiegéticos o heterodiegéticos, y su manifestación de búsqueda de la transparencia enunciativa o no. ¿Así o más complicado?

Mejor dispongámonos a leer y/o escuchar los cuentos de Jaime Magnan, que buena cuenta de música y pintura nos recomienda en ellos, de arte vivencial, de emociones fuertes, suspenso, intriga, humor a carcajadas y a ironías, y en el fondo, el amor y la nostalgia, en una especie de Criogenia.