Historia, lengua y grupos étnicos
Ir de la mano de los investigadores que nos han desvelado la verdad sobre el pasado del que venimos. Pasado que mientras más allá va en los siglos, es prueba de la pasión que hombres y mujeres han dado a su presente y a la posteridad. Necesario es recordar al doctor Manuel Gamio Martínez, nacido en ciudad de México el 2 de marzo de 1883 y fallecido la capital de México el 16 de julio de 1960, tal y como cita Wikipedia. Hombre de dos siglos, igual que José Vasconcelos, Alfonso y Antonio Caso, Isidro Fabela Alfaro, Vicente Lombardo Toledano, es decir perteneciente a una generación de genios que hicieron de su existencia una propuesta del nuevo mexicano que sí forjó una patria en el campo de la cultura. Al recuperar nuestro pasado, consolidaron el México que hoy conocemos.
Leo datos de Wikipedia sobre Gamio: Arqueólogo, antropólogo y sociólogo. Tres ciencias para el estudio del hombre y del mexicano en especial. Sus textos son sintomáticos de su pasión: Forjando patria (1916), interesante dato, pues la publicación de Visión de Anáhuac de Alfonso Reyes aparece en dicho año. En 1922 aparece un texto fundamental para conocer nuestro pasado: La población del valle de Teotihuacan. Es decir, este 2022 se cumplieron cien años de dicha edición, en 1948, cito el dato, publica Consideraciones sobre el problema indígena. Tres obras para seguir la huella de Samuel Ramos: estudiar lo mexicano y a nosotros mismos para saber quiénes somos, parafraseando al filósofo michoacano. Otro paradigmático mexicano que los toluqueños no debemos olvidar es “…el arqueólogo, antropólogo, investigador e historiador Román Piña Chán, nacido en San Francisco de Campeche, el 29 de febrero de 1920, y fallecido el 10 de abril del 2001 en ciudad de México, según datos de Wikipedia, fue reconocido con el Premio nacional de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía en 1994.
Informes señalan: Profesor emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia, sus estudios sobre las culturas prehispánicas, principalmente las del centro y Golfo de México, ayudaron a caracterizar y periodizar la etapa que llamó Preclásico y se aprecian en Las culturas preclásicas de la Cuenca de México (1955). Su labor en el enriquecimiento de la historia del pasado quedó plasmada en unas 100 publicaciones, entre las que destacan Tlatilco (1958), Quetzalcóatl, Serpiente Emplumada (1977) y Culturas y ciudades de los Mayas (1959), en las que reunió un importante material de investigación. Dos personajes que señalan su trayectoria profesional con publicaciones, admitiendo en ello lo que de fortalezas intelectuales tuvieron. Dos personajes infaltables en todo estudio del pasado mexicano, mexiquense y toluqueño por comparación.
Así veo la labor de la doctora Noemí Quezada Ramírez, cuyo ensayo es muestra de rigor profesional en la investigación. Pocos textos tan admirables como este para conocer más de cerca a los matlatzincas y sus relaciones en aquellos siglos en que se fundaba la ciudad de Toluca de origen indígena. Le cito al hablar de Xolotl: …Este señor chichimeca tomó posesión subiendo al Xinantécatl y a la cima en que se encuentra Malinalco; seis señores le acompañaron como aliados en esta conquista, a los cuales premió con tierras; así ordenó a Acatonal, Cuauhtlapatl y Cozcaquah que, junto con Chalchiuhtlatonac gobernara la provincia de Chalco; a Quauhtliztac le otorgó la provincia de Tepeyac (Tepeaca) y a los dos últimos, Iztac Mitl y Tecpatl, los nombró señores de los mazahuas, además de concederles las “matlatzincas, malinalcas y otras muchas provincias” (Alva Ixtlixóchitl, 1891, I; página 453; II: página 45).
De esta manera se va viendo que dirigentes matlatzincas no están en lista de elegidos para gobernar provincias que se daban de manera tan dadivosa a diestra y siniestra. Es decir, sólo para los cuates. Siempre repitiéndose la historia de todo para los vencedores y, los vencidos, a pagar tributos y a morir bajo las armas de los reinantes la mayoría de las veces. Esa es lección de la historia de conquistas al paso de la humanidad por los siglos.
Cada párrafo de la doctora Quezada Ramírez da lección perene: Resulta complejo determinar si estas denominaciones corresponden a grupos étnicos específicos, ya que la tradición era que los habitantes tomaran el nombre de la región o cabecera en la que residían o de la que eran originarios Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, 1965; página 65); por ejemplo, malinalcas de Malinalco, matlatzincas del Matlatzinco, mazahuas de Mazahuacan y, tolucas de Toluca. Sin embargo se puede afirmar que es a partir de la segunda mitad del siglo XII cuando empiezan a diferenciarse como grupo, pues antes, sólo se hablaba de los teotenancas (Piña Chán, 1975, II, página 544). Lo interesante es tratar de ligar estas referencias con la posible definición de los grupos étnicos y su separación lingüística, pues ambas permiten identificarlos como distintos. Cuánto por saber, por descubrir, por saber a ciencia cierta lo que fue aquella Toluca que siempre, parece fue un lugar de no muchos cientos o miles de habitantes. Eso plantea incógnitas a todo el desarrollo de lo que es hoy una ciudad cercana al millón de habitantes en el año 2022.
Teotenango, lugar mágico de excelentes mesetas cuya extensión a la fecha no se ha podido descubrir toda según me cuentan los amigos arqueólogos con los que conviví desde el año 1988 cuando se creó dentro del Instituto Mexiquense de Cultura la primera Dirección de Arqueología. Dirigida por el arqueólogo Ricardo Jaramillo Luque, Quien actualmente está laborando en el Cerro del Tolotzin. La doctora Quezada Ramírez prácticamente 25 años más tarde cuenta al respecto de dicho lugar: Antes del siglo XII, Teotenango fue el señorío hegemónico en el valle de Toluca, posteriormente, surgieron tres señoríos más que pueden relacionarse ya con grupos étnicos determinados: el matlatzinca de Toluca-Tecajic-Calixtlahuaca, el otomí-mazahua de Xiquipilco-Xocotitlán y el de Tenancingo-Malinalco, de posible filiación nahua antiguo; a veces aliados y otras rivales, lucharon entre sí para conseguir el control del área. Estas luchas internas entre grupos otomianos les permitieron, a pesar de todo, marcar sus límites con señoríos externos al Valle de Matlatzinco. Este ensayo, por charlas que he tenido durante meses, deja en claro, presencia de matlatzincas en todo el desarrollo en que aparecen y desaparecen. Según el estudioso con el que trate. Sí, la doctora Noemí Quezada Ramírez, es aleccionadora, ayuda a comprender lo que fueron y sucedió con ellos.
Cada párrafo una lección, magnífica escritora e investigadora, la cito: Por su estratégica situación geográfica entre los reinos tarasco y mexica, los matlatzincas mantuvieron su independencia, pues fueron objeto de conquistas tardíamente cuando los mexicas consideraron que eran serio peligro por su política militarista y de conquista tributaria y, con el fin de fortalecer sus fronteras con el reino tarasco, optaron por detener el avance del grupo hacia el Valle de México y otras zonas tributarias de los mexicas; recordaron entonces sus relaciones de parentesco y políticas con los tepanecas vencidos cincuenta años antes, en 1428 (Davis, 1973, páginas 26-28; Carrasco, 1950, páginas 305-310). Es interesante ver que esos años que citan en la historia de los matlatzincas y de la zona centro del Valle de México pareciera desparramarse en fechas relevantes, como si de un prólogo fuera antes de llegar el certero y fortísimo golpe contra las culturas indígenas.
Por ese año de 1428 podemos pensar en una figura emblemática de la cultura indígena: Nezahualcóyotl, el Rey-Poeta que ha de ver morir a su padre desde frondoso árbol con el terror en su rostro. Interesante es hacer la historia de los Matlatzincas situando los dos escenarios del Valle de Toluca y el Valle de México: mundo dinámico ese, que no sabía que la noche se le venía encima para tratar de destruir todo lo que fuera Indigenismo.

