TRATADO DE LIBRE COMERCIO… ¿DEBACLE ECONÓMICA?
“El comercio puede ser un poderoso motor de crecimiento, pero solo funciona plenamente cuando existe un marco institucional que garantice el cumplimiento de las reglas.”
Douglass North
EL TRATADO QUE CAMBIÓ A MÉXICO: El Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue firmado en 1992 y entró en vigor el 1 de enero de 1994. Desde entonces, México dejó de ser una economía relativamente cerrada, petrolizada y maquiladora básica, para convertirse en una plataforma manufacturera integrada a la economía más grande del mundo.
En 1993, antes de la entrada formal del TLCAN, México exportaba alrededor de 51,886 millones de dólares; para 2025, las exportaciones mexicanas alcanzaron aproximadamente 664,800 millones de dólares. Es decir, el país multiplicó por más de doce su capacidad exportadora.
El tratado no solo ha incrementado las exportaciones, cambió la estructura económica y potenció sectores como el automotriz, autopartes, electrónica, equipo médico, agroindustria, logística, transporte y servicios vinculados al comercio exterior. México aprendió a producir en cadenas regionales, no como isla.
El problema es que ese motor no ha sido suficiente para transformar todo el país. El comercio exterior creció más rápido que el PIB, entre 1994 y 2022, las exportaciones crecieron a una tasa anual cercana al 8.4%, mientras la economía mexicana creció alrededor de 2% anual. México sí se integró al mundo, pero no logró integrar a todos los mexicanos a esa prosperidad.
El TLCAN fue sustituido por el T-MEC en 2020. Y en 2026 no se firma exactamente “otro tratado”, sino que se revisa formalmente el actual. Esa revisión puede extenderlo por 16 años más, mantenerlo bajo revisiones anuales o, en el peor escenario, abrir una ruta de incertidumbre que podría llevar a su terminación en 2036.
Aunque en el discurso minimicemos el hecho o bien “odiemos” por sistema a nuestros vecinos subyugados por Trump, el riesgo no es menor. Estados Unidos recibe cerca del 80% de las exportaciones mexicanas, según Reuters, y el comercio bilateral de bienes México–Estados Unidos alcanzó unos 872,800 millones de dólares en 2025, de acuerdo con la Oficina del Representante Comercial de EE. UU.
Si el T-MEC se debilita, México no solo da al traste con el mayor acuerdo comercial del continente, pierde certidumbre jurídica, reglas de origen, acceso preferencial, integración logística y atractivo para el nearshoring, no es poca cosa, es la columna vertebral de nuestra maltratada economía.
El crecimiento pudo ser mayor, mucho mayor, pero internamente, incluso institucionalmente, nos encargamos de que no fuera así, y no es culpa de un “neoliberalismo” mal entendido, la corrupción y su socio mayoritario, el crimen organizado pusieron el freno de mano a lo que pudo ser el crecimiento económico más espectacular del mundo.
LA SEGURIDAD, PROBLEMA DE FONDO: La revisión del T-MEC en 2026 no ocurrirá en el vacío económico, sino en un contexto donde la seguridad pública se ha convertido en variable crítica de competitividad. Diversos análisis han señalado que la expansión de la delincuencia organizada -particularmente en corredores logísticos, puertos y zonas industriales- eleva costos, introduce incertidumbre jurídica y deteriora el Estado de derecho, factores todos que inciden directamente en la confianza de los inversionistas.
El Institute for Economics & Peace ha estimado que el impacto económico de la violencia en México ronda en el 20% del PIB, lo que ilustra la magnitud del problema más allá de la estadística criminal. A ello se suma la creciente presión política en Estados Unidos para vincular comercio y seguridad -incluyendo la decisión de clasificar a los cárteles como organizaciones terroristas- lo que podría endurecer posturas en la mesa de revisión. En este contexto, el narcotráfico deja de ser un problema interno para convertirse en un riesgo sistémico para la integración comercial, capaz de obstaculizar acuerdos, imponer condiciones adicionales o, en el extremo, erosionar la viabilidad misma del tratado.
El llamado “derecho de piso” y las extorsiones a lo largo de la cadena productiva operan, en los hechos, como un impuesto o costo ilegal que distorsiona por completo los beneficios de un mercado libre. Cuando un productor agrícola, un transportista o un pequeño industrial debe pagar cuotas a la delincuencia organizada para poder sembrar, mover o vender su mercancía, ese costo se traslada inevitablemente al precio final.
El resultado es perverso para el pueblo, se encarece artificialmente la oferta, se reduce la competitividad frente a otros países y se castiga al consumidor con precios más altos, eso se llama inflación, anulando una de las principales ventajas del libre comercio, la eficiencia en costos. Este “sobrecosto criminal” no solo eleva precios, sino que introduce incertidumbre, rompe cadenas de suministro y expulsa a productores formales del mercado, debilitando el tejido económico.
Es obvio que la inseguridad ya figura entre los principales obstáculos para hacer negocios en México, lo que convierte al crimen organizado en un actor económico distorsionante que compite -y muchas veces sustituye- al propio Estado.
DE FONDO
CASO REAL: Un productor de aguacate que vende su producto en 20 pesos por kilo en condiciones normales enfrenta hoy tres “costos criminales” a lo largo de la cadena, paga derecho de piso en producción (2 pesos por kilo), soporta además la extorsión en transporte (1.5 pesos por kilo) y es obligado a cubrir una cuota en punto de venta o intermediación (1 peso por kilo). El precio ya no es 20, sino 24.5 pesos por kilo, es decir, un incremento de 22.5% sin que haya mejorado ni la calidad, ni la productividad, ni la logística.
Yel efecto no termina ahí. El distribuidor, al percibir mayor riesgo, añade un margen adicional de protección -digamos otro 10%-, llevando el precio final a casi 27 pesos por kilo. Entonces el consumidor paga hasta 35% más, el productor gana lo mismo o menos, la cadena se vuelve menos competitiva frente a importaciones y el “mercado libre” deja de ser libre. Entonces no es el mercado libre el problema, la delincuencia organizada no solo roba, redefine los precios de la economía.
DE FORMA
El riesgo de que México debilite su posición en la revisión del T-MEC en 2026 no radica únicamente en factores externos, sino en la erosión interna de sus propias instituciones. Como advirtió Douglass North, los mercados solo funcionan cuando existen reglas claras y, sobre todo, cuando se cumplen. En ese sentido, la expansión de la delincuencia organizada y la normalización de costos ilegales como el “derecho de piso” no solo encarecen la producción, sino que minan la competencia basada en eficiencia.
Cuando el crimen sustituye al Estado en funciones básicas, como garantizar seguridad y certidumbre, el país deja de ser un socio confiable y se convierte en un riesgo estructural. Así, el problema ya no es si México negocia bien el tratado, sino si puede sostener las condiciones mínimas para que dicho tratado tenga sentido económico.
Si a eso, o a causa de eso, se endurecen las condiciones de renegociación del T-MEC, otros sectores estratégicos darían al traste con una economía que, adicionalmente mal manejada con megaproyectos caros y poco o nada productivos y una deuda pública que ya se vislumbra impagable, se sostiene con alfileres. El golpe sería especialmente fuerte en la industria automotriz. Ya hay advertencias de armadoras extranjeras sobre retirar modelos baratos del mercado estadounidense si no se conserva un marco comercial favorable bajo el T-MEC.
DEFORME
Los discursos nunca han sustituido a la inversión ni evitado el alza de precios, tampoco pagan nómina, no llenan contenedores y no sustituyen cadenas productivas. El TLCAN no resolvió todos los problemas de México. No eliminó la pobreza, no corrigió la desigualdad regional y no convirtió automáticamente al país en potencia, pero nos dio un motor exportador y modificó su infraestructura productiva. El dilema económico en la renegociación es ser o dejar de ser…
COLOFÓN: Nos señala una lectora: “Curioso que ante las acusaciones de narcotráfico se exijan pruebas contundentes y fehacientes y para congelar cuentas bancarias baste con “indicios” de apreciación subjetiva… el mundo al revés”.

