Encuentro, libro abierto el museo
Un museo es un lugar espiritual. Las personas bajan la voz cuando se acercan al arte. Así lo pone de manifiesto Mario Botta y tiene bastante que ver con que el ser humano está al filo de lo que compone su naturaleza y, por otro lado, su sentido espiritual; de modo que parece que ambos se anteponen, siendo tan contrarios, sin embargo, de su naturaleza podríamos decir que es una parte ciega y el lado espiritual la necesidad de querer ver.
Entonces, ¿por qué existe aquello que conocemos como museo? Para responder esta pregunta, es necesario saber que desde 1977, cada 18 de mayo celebramos, por iniciativa del (ICOM) Consejo Internacional de Museos, el Día Internacional de los Museos. Tan solo la CDMX se encuentra entre las cinco ciudades con más museos alrededor del mundo, con un total de 170 museos y 43 galerías contabilizadas hasta el día de hoy, según menciona la revista digital Travesías de 2024. En cuanto al Estado de México, ocupa el segundo lugar en toda la República Mexicana con mayor número de museos.
El museo existe por la necesidad de mostrar al público una visión muchas veces extraída de ruinas, de otros países, de otras culturas, con la intención de ampliar lo que conocemos, de situarnos en el tiempo y observar que todo lo que hoy conocemos tuvo un origen, y esto a su vez nos permite sentirnos identificados con la historia. Al ser humano le causa gran curiosidad saber dónde tiene origen lo que observa; por ello los museos ofrecen gran variedad dentro de sus instalaciones. El ICOM establece los diversos tipos de museos que existen: Arte, Historia Natural, Arqueológico, Monográfico, Histórico, de Ciencia y Técnica; por último, el museo de Agricultura y Productos del Suelo.
Sin embargo, encubierta se encuentra otra clasificación de museos: por un lado, más concurridos por ser famosos; tal es el caso del Museo de Arte Popular (MAP) de la CDMX. Otra clasificación son los museos abandonados, como el Museo de la Estampa, donde la gente de Toluca podría decir que no se habían percatado de que en ese lugar hay un museo. Otra clasificación más, los museos de temporada, como el museo del alfeñique, que también se encuentra en Toluca, al que se le promociona por temporada de Día de Muertos; parece que este museo existe en la memoria de la sociedad solo en esas fechas.
Cada museo, sin importar su ubicación, ni la temática que contiene, tampoco el tamaño de las salas; ninguna de estas características demerita el valor que tiene el museo. Entrar a un museo es el encuentro con un libro abierto, donde se ponen de manifiesto nuestros sentidos; observamos algo desconocido, colores distintos, formas extrañas, el tiempo medido a través de una pintura, el cambio en los estilos de vida a través de la exposición de cartas; es decir, nos volvemos más perceptivos y más conscientes del valor que tiene la historia.
Insisto en que un buen ejercicio para aquellos que se dedican a la crónica, debería ser visitar museos, porque en ellos hay un repaso de la historia y mediante la crónica, mostrarle a la gente que esa historia no se quedó atrapada en el tiempo. Es importante conocerla, pero también saber lo que esa historia sigue causando en la actualidad. Su relación con otros tipos de arte, la transversalidad que hay en los museos; incluso hablamos de un asunto emocional. Sería interesante preguntarle a la gente que asiste a museos: ¿Qué emoción experimentaron al visitar las salas?
El museo es un lugar de encuentro, un espejo que nos permite observarnos como parte de ese pasado, de sensibilizarnos a través de un cuadro. No es pérdida de tiempo ir a un museo; para muchos de los que visitamos museos, acudir a ellos se convierte en una cita, un momento de compartir con alguien más, un asunto educativo para nuestros niños. En media hora o dos horas que dure el recorrido, la persona que entra cambia su perspectiva cuando tiene frente a ella un objetivo que denota que otras manos lo esculpieron, otras manos con otra historia. Aún hay muchos museos por conocer; visitemos los más cercanos a nosotros porque algo nuevo hay en cada uno de ellos esperando por ser vistos.
