La desaparición de los bitoques y llaves de agua pública en Toluca

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El diccionario de la Real Academia Española define al concepto de Anacrónico como: Algo que no es propio de la época de la que se trata, con sinónimos tales como extemporáneo, impropio, inadecuado, o improcedente.

En este caso, el tratar de explicarle a las juventudes qué es un bitoque se vuelve una tarea complicada, todo ello por varias cuestiones propias de nuestra temporalidad, aquella que está tan sumergida en el individualismo y el apropiamiento de recursos naturales por parte de empresas privadas y el Estado.

Pero vamos por partes, la mejor manera que he encontrado para explicar qué era un bitoque, es que eran sistemas hidráulicos que llevaban el agua hasta un punto específico en comunidades y barrios, comúnmente terminando en alguna pileta, cisterna o simplemente una llave de agua donde cualquier persona podía llegar a beber unos tragos para mitigar la sed o incluso podía llenar algunas cubetas de agua para disponer del líquido en su domicilio, ya fuese para lavar o hasta para preparar algún guisado.

A pesar de que nuestra constitución nacional garantiza el acceso universal al agua potable en el articulo 4to, podemos interpretar esa ley como que solo algunos, comúnmente los que pagan tienen derecho a beber del agua publica y ese es otro reto que surge al intentar explicarle a las nuevas generaciones lo que es un bitoque o llave pública, pues las opiniones inmediatamente se conjuran a la defensa de lo individual en detrimento de lo comunal, pues, ¿Por qué algo debería ser gratis si todos pagamos impuestos y derechos por las cosas? Incluso como si una simple llave publica fuese una trampa del comunismo internacional que busca destruir la propiedad privada.

Cuestión que resulta todo lo contrario, pues con la modernización de los sistemas hidráulicos, y las nuevas tecnologías para el bombeo del agua, cada domicilio comenzó a tener su propio acceso individual al agua potable, así que estas redes de agua pública fueron quedando poco a poco en desuso.

Pero los pocos bitoques que aun llegaron a sobrevivir hace tan solo un par de décadas atrás, fueron retirados a petición de los mismos vecinos, por el hecho de que no veían aceptable que unos pagaran por el servicio y algunos otros sencillamente decidieran seguir utilizando un servicio gratuito.

Entonces fue así como muchas generaciones crecieron con el nuevo sistema hídrico que surtía agua de manera eficiente a cada domicilio, pero han sido estas mismas generaciones las que han sufrido más la carencia del vital liquido por los cortes de agua derivados de la sequia vivida hace un par de años, aquella que dejó a la red del sistema Cutzamala en niveles críticos, además de los proyectos de rehabilitación del sistema hidráulico de los últimos gobiernos municipales.

Todo ello sin contar el negocio millonario del reparto de pipas de agua, pero ese es tema de otra columna…

Así es que estas nuevas generaciones montaron en colera cuando comenzaron a padecer cortes de agua, y vieron como opción de emergencia el ir corriendo por tinacos o reservorios de agua para así tener un depósito auxiliar que ayudara en los cortes de agua, que muchas ocasiones se prolongaron semanas.

Fue aquí cuando sin querer surgió nuevamente esta nostalgia por aquellas fuentes de agua pública que a veces venia de manantiales subterráneos o de los veneros de los cerros, la gente de mente tan individualista volvió a congregarse en comunidad tras cada entrega de agua por parte de esos enormes camiones cisterna, aquellos que no sabíamos si regresarían la siguiente semana o dentro de dos meses, la falta de agua en algunos casos volvió a unir a la comunidad pues los vecinos comenzaron a informarse sobre la siguiente entrega de agua, o aquellos con cisterna le donaban un par de cubetas a los necesitados.

El bitoque, ese concepto ahora anacrónico que nos evoca a un pasado donde aún vivíamos en comunidad y que hoy día se vuelven un artilugio transgresor al modelo de vida que se nos ha impuesto.