Angustia de la posibilidad

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En semanas pasadas se hizo viral una entrevista realizada al jugador más joven que tiene la selección mexicana en este mundial 2026; el reportero hace la pregunta a Gilberto Mora: ¿Y si sí? La respuesta fue impresionante; respondió con total seguridad. ¿Y por qué no? La pregunta lanzada por el reportero, haciendo alusión a lo que sucedería si, por primera vez en la historia, la selección mexicana ganara un mundial, si 2026 fuera el año en que al final lo lograra. Lo anterior presagia los 40 años que México no ganaba un partido de eliminación directa en un mundial; así, después del juego de ayer contra la selección de Ecuador, en la que México obtuvo su pase a octavos de final, la icónica respuesta de Gilberto Mora, cobra peso en la memoria de los mexicanos.

El país se encuentra en un proceso de cambio-resistencia, fe y desesperanza, angustia, pero a su vez posibilidad; no es para menos, después de los intentos por ganar y no conseguirlo, por cada vez que frente a nuestra religión decayó la fe, por cada intento fallido. Sin embargo, todo esto que estamos viviendo tiene una explicación. El filósofo Kierkegaard llama angustia de la posibilidad a esa parálisis que experimentamos al ser conscientes de nuestra libertad y de las múltiples opciones que tenemos para dirigir nuestra vida, responsables de nuestros aciertos y fracasos. Esta teoría nos despoja de nuestras ilusiones superficiales y nos despierta a la realidad para actuar desde ella. 

La sociedad ha normalizado que todos perdemos, así que da lo mismo seguir perdiendo que la persona que se arriesga a hacer algo distinto es porque vive de sueños, que si alguien deja un empleo que no le gusta por hacer algo para lo que es bueno, esto es porque no tiene los pies en la tierra. Por aquellos a quienes juzgaron por dejar su trabajo aparentemente estable por emprender su propio negocio, sin duda la angustia es latente en nuestra vida; sin embargo, junto a ella confluye también la posibilidad que nos reta a nombrar las cosas como si ya estuvieran ocurriendo, aquella importancia de repetirle a nuestro cerebro que tiene la capacidad de hacerlo.

En 40 años hemos ganado y perdido la fe en que las cosas pueden cambiar. Lo que está ocurriendo con nuestra selección mexicana durante este mundial es un mensaje para la sociedad, donde tenemos que apreciar que el cambio de mentalidad de los jugadores de la selección es parte fundamental para que ellos logren avanzar hasta donde lo han hecho; todo comienza en la mente, con un cambio de perspectiva. En la Biblia, un referente primordial para la literatura, hay un significado que enmarca el número 40. El diluvio del que se habla en el libro de Génesis nos dice que llovió durante 40 días y 40 noches y, sin embargo, la lluvia se

detuvo. En el libro de Números, el pueblo de Israel pasó 40 años en el desierto; sin embargo, fueron libres de la esclavitud en Egipto y llegaron a la tierra prometida. En la 1ª carta de Reyes, el profeta Elías caminó por el desierto durante 40 días. Cansado y ya sin esperanzas, pidió que Dios le quitara la vida; no obstante, Elías cobró fuerzas y logró llegar al monte Horeb. En el libro de Jonás, el pueblo de Nínive tenía 40 días para arrepentirse de sus malas actitudes antes del juicio; por último, en el libro de Mateo se narra a Jesús orando en el desierto durante 40 días como preparación antes de su ministerio. 

No es casualidad que estos 40 años que no hemos visto ganar a nuestra selección no hayan llegado hasta que las personas que portan un uniforme de México entendieran que existe la angustia de perder, pero también la probabilidad de ganar. No puede llover de continuo, no podemos perder siempre, no vamos a encontrarnos siempre en el lugar que no deseamos estar. Este próximo domingo 5 de julio, nuestra selección se enfrenta a la selección de Inglaterra; el mensaje es claro para los mexicanos, ¿y si sí? ¿Y si sí nos arriesgamos a tomar nuevos retos? ¿Y si esta vez hacemos cosas distintas, y si asumimos los errores, pero caminamos distinto a fin de acertar? Todos hemos perdido alguna vez; vayamos siempre con la mentalidad de ganar.