¿Por Qué Puede la IA en la Salud Profundizar las Desigualdades?

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Adriana Lucía Chávez, Socióloga, especializada en antropología médica y bioética. Integrante del Seminario de Sociología Política de los Cuidados del Instituto Mora, alerta que la IA en la salud promete ampliar el acceso a los cuidados, pero también puede profundizar desigualdades, despersonalizar la atención, fomentar el aislamiento y transformar el cuidado en un producto.

En la actualidad, la Inteligencia Artificial (IA) se ha consolidado como una herramienta de utilidad indiscutible, abarcando cada día más ámbitos de la existencia. El campo de la salud y los cuidados no son la excepción. Al día de hoy, existe una amplia diversidad de chatbots enfocados en el bienestar, desde los de acompañamiento psicológico hasta modelos de lenguaje de acceso libre que las personas pueden utilizar para gestionar su salud física y psicoemocional. 

A primera vista, esto representa un avance en el acceso a los cuidados, pues los chatbots están disponibles 24/7 para quien cuente con un dispositivo y conexión a internet. Sin embargo, esta democratización es engañosa, en tanto que deja fuera a los grupos más vulnerados; comunidades indígenas sin infraestructura digital, personas con discapacidades intelectuales que requieren mediación humana o personas en situación de calle. De modo que, la tecnología que promete inclusión termina ensanchando las brechas de desigualdad, creando una salud basada en el acceso tecnológico.

En el ámbito psicoemocional, estas herramientas parecen una alternativa confiable ante situaciones que pueden generar vergüenza o juicio, o cuando no se tienen recursos para una terapia psicológica. Sin embargo, cuando el chatbot se vuelve el consultor cotidiano para conflictos existenciales, ocurre una disociación con la realidad y una desvinculación socioafectiva. Resulta muy cómodo contar con un «aliado» digital que siempre dice lo que queremos escuchar, y que parece estar de acuerdo en todo; un sistema que no cuestiona nuestros comportamientos ni nos reta a reflexionar sobre la responsabilidad ética de nuestras acciones frente a los demás.

Este alivio momentáneo es en realidad una trampa de aislamiento, al evitar el desacuerdo y la otredad del vínculo humano, se fomenta una «individualidad patológica» que nos desconecta de la experiencia colectiva, contribuyendo a la desintegración del tejido social, es decir, lo que pudo ser una estrategia de autocuidado al ofrecer un desahogo en cuestiones psicoemocionales, termina provocando problemáticas de salud social, generando desapego, hacia la humanidad. 

Es fundamental considerar el riesgo de la privacidad y la soberanía sobre el cuerpo. Entregar datos personales, síntomas íntimos, e información sobre nuestras vulnerabilidades y vida cotidiana a servidores permanentes debe analizarse bajo la lupa del biopoder. No conocemos aún cómo esta información puede ser utilizada para el control o la mercantilización de la vida por corporaciones que priorizan el lucro. Además, muchos servicios que iniciaron como herramientas libres han implementado muros de pago. Esto transforma el cuidado en un producto de consumo de lujo, alejándolo de su naturaleza como un derecho social y colectivo que el Estado y la sociedad deben garantizar.

La automatización desmedida amenaza también con desplazar a especialistas que cuentan con una formación de muchos años, como personal de enfermería, laboratoristas o especialistas en diagnóstico. Estos profesionales poseen una intuición clínica y capacidad de trato humano que un código no puede replicar. El cuidado es una labor compleja que no puede reducirse solo a monitorear signos vitales, implica apoyo emocional, contacto físico y la dialéctica de compartir con otros. Un chatbot no puede sostener la mano de un paciente en crisis, o resolver dificultades que salen de lo cotidiano.

En conclusión, si bien la IA puede aliviar la carga mental al gestionar agendas o datos técnicos, no debe ser un reemplazo de los cuidados humanos. El cuidado es un acto político que requiere interacciones sociales y empatía real, delegarlo a la tecnología nos conduce a la desconexión y nos encamina hacia catástrofes sociales y ecológicas. Debemos usar la tecnología para sanar el tejido social y fortalecer nuestra capacidad de cuidarnos los unos a los otros, reconociendo que la vulnerabilidad es lo que nos hace verdaderamente humanos.

*Licenciado y Maestro en Periodismo    

lurame_3@hotmail.com                  @luciorm