¿Cómo “buscar un lugar en este siglo”? Invitación a las ideas de García Canclini

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En esta ocasión quisiera ocuparme del texto Latinoamericanos buscando un lugar en este siglo, del sociólogo argentino Néstor García Canclini. Para ello, quisiera presentar, brevemente, la imagen actual a raíz de la que su autor nos invita a pensar la actualidad del continente, ahora que concebirlo como una unidad homogénea es prácticamente una ilusión, y que contestar a la pregunta ¿qué significa ser Latinoamericano hoy? exige la inclusión de más voces que nunca.

Para abordar esta pregunta, García Canclini parte de reconocer un hecho fundamental: ya es casi imposible hablar de América Latina como un conjunto bien dado –tal vez nunca fue posible. Repensar qué significa hoy ser latinoamericano, supone interpretar, de alguna forma, la persistencia y los cambios de una historia conjunta que se caracteriza por negarse continuamente a sí misma por distintas distracciones que, en cada presente de interpretación en el que estas aparecen, dificultan la asimilación de esta misma, su propia historia. Hoy en día, por ejemplo, tratar la pregunta supondría hacerse cargo de las tendencias aceleradas y violentas que exaltan más la competencia que la colaboración entre países latinoamericanos.

Por eso que su texto busca elaborar una respuesta sobre la manera en que siempre cambia esta pregunta y cómo se van constituyendo nuevas respuestas frente a ellas. Y es que, en esta tarea, cada vez se necesitan integrar distintas voces que se van sumando con nuevos argumentos importantes que atender, precisamente porque en el contexto globalizado actual que en este instante vive América Latina, es vital atender al hecho de que, finalmente, son quienes dejaron sus países quienes ahora extienden las culturas latinoamericanas más allá de la región. Más concretamente, su análisis no es estadístico ni doctrinal, sino que es una exploración por aquellas situaciones que todos los latinoamericanos reconocemos en forma de efectos socioculturales similares derivados de las problemáticas actuales del capitalismo que se atraviesan de manera mancomunada en todo el territorio. 

Y es que, ¿qué sucede en América Latina, aún en nuestros días, para que, pasados sus periodos de dictadura, aquellas personas que no están dispuestas a normalizar su sufrimiento, terminen yéndose del país masivamente y que sea algo que sigue estando bien visto? Creo, con García Canclini, que reubicarse en Estados Unidos o en España para aun latinoamericano, ya no es una cuestión únicamente ideológica como en épocas de dictaduras militares.
Ya desde los años 90, se empezó a aceptar la idea de que el fenómeno de la globalización no responde solo a una conquista del mundo por parte de imperios. Más bien, el asunto, desde hace mucho, responde a otra cosa que a imponer globalmente un mercado integrador de toda la humanidad disfrazado de los beneficios del libre comercio –pensemos en la Argentina de Milei como un proyecto de literalmente regalar un país. Frente a este nuevo contexto, los países latinoamericanos resisten, pero de distinta manera. Por eso que el problema es más complejo que la disminución de la migración una vez entrado en crisis el territorio estadounidense después de los sucesos de septiembre de 2001. Así, es como, creo, que la pregunta sobre qué significa realmente ser latinoamericano se ha complejizado hasta la actualidad. Las respuestas paradigmáticas, según lo anterior, claramente se encuentran en crisis porque cada vez más voces que tienen cosas importantes que decir se suman a la discusión y es totalmente necesario considerarlas. (Poblaciones indígenas y afroamericanas, campesinas y suburbanas o femeninas). 

Más bien, ahora hablamos de un contexto globalizado al que América Latina tiene que responder en forma de Estados-Nación que, en su interior, tienen una serie de tensiones debido a que distintas formas de vida que antes no eran tomadas en cuenta, no se sienten reconocidas con lo que cada uno de ellos dice que es su país y quienes lo habitan. Y sin embargo, este tipo de cosas, no responden solamente a una explicación basada en el mercado, como quiere dejar ver García Canclini. Esto lo vemos, pues, en las migraciones masivas a sitios en los que se cobra menos que en Estados Unidos y sin embargo en los que los latinoamericanos parecen querer estar. Por esto mismo, América Latina está despoblada y quienes la sostienen, lo hacen desde afuera sin posibilidad de hacerlo con el mismo poder económico que fuera. ¿No es paradójico que, aún cuando las épocas del imperialismo económico pasaron, América Latina siga siendo, en cierto sentido, incapaz de mantenerse como le gustaría por sí misma y sin salir de su territorio?

Por esto mismo, que espero haber hecho claro, hasta aquí, uno de los puntos más importantes de la propuesta de García Canclini: entender el grado en que los habitantes de América Latina dependemos de lo que pasa fuera de la región, no se agota en cifras y distintos estudios estadísticos. Tras toda la supervivencia de muchas de las personas que viven dignamente en sus países en base a remesas porque dentro de ellos mismos esto no es posible, es algo más que una falla económica: es, fundamentalmente, el resultado de vivir en Estados-Nación fallidos que provocan desarraigo y desintegración de comunidades históricas que viven en el seno de sus países y que no se saben atender; que es una dimensión socio-antropológica del problema que solemos ignorar. 

En suma, el texto de García Canclini, me parece, es una más que adecuada puerta de entrada para empezar a relacionarse con la problemática fundamental que atraviesa la actualidad del continente a haciendo girar el enfoque de lo sucedido alrededor de la noción de Estado-Nación –cosa que, me parece, puede refrescar significativamente el enfoque que le solemos dar a nuestros problemas en el continente. Y es que, el fallo de los Estados-Nación como proyecto integrador es una causa fuertísima de la despoblación de América Latina que, sin embargo, no agota sus efectos en su aspecto mercantil o estadístico. Por eso que la perspectiva del texto es especialmente interesante. Porque nos hace ver el asunto como una tensión constante que ya no explica linealmente nuestro presente, sino que entrecruza viejos y nuevos procesos perennes en el continente; reconociendo, y más bien, aceptando, toda la complejidad de este lugar en el que vivimos.