+Así trabaja Octavio Chávez, delegado de Colón; Las vialidades con hoyos de Daniel Sibaja y Raymundo Martínez Carbajal; Prevenir Violencia, Entre Morras Cuidarnos, Antes De Que Escale
La frase:
¿Por qué todos los delegados que hay en el municipio de Toluca no son como Octavio Chávez?
ES PREGUNTA
EMERGENCIA: Un grupo de lectores hace un atento llamado de S.O.S. (auxilio) al alcalde de Toluca Ricado Moreno Bastida y al alcalde alterno Gerardo Lamas Pombo para que cualquiera de los dos tape los enormes cráteres, porque ya no son baches, que se han desarrollado en la avenida Isidro Fabela, tanto en su salida con destino a Naucalpan como en su entrada de Ixtlahuaca con destino a la ciudad de Toluca, así como entre avenida Morelos y Paseo Tollocan.
Esta avenida la repavimentó, recortó su camellón, inventó una ciclovía y un estacionamiento, el difunto (políticamente hablando) Daniel Sibaja, a quien prometieron abrirle un expediente desde enero pasado. Según él, hizo la vialidad más moderna de Latinoamérica, pero el pavimento no duró ni siquiera dos años.

Históricamente (palabra adhoc de la 4T) fue una porquería de pavimentación.
Así como los enormes cráteres en desarrollo tanto en avenida Morelos, como en Andrés Quintana Roo, ambas vialidades pavimentadas por el ex alcalde en exilio (de su casa, bueno, si es que todavía está ahí, recluído) Raymundo Martínez Carbajal, las que inclusive presumió a más no poder, con grandes inauguraciones, y no aguantaron más allá de tres años.
¡Urge se movilicen!

LA DIFERENCIA: Contrasta sin duda, el trabajo que realiza en la Delegación Colón y Ciprés, Octavio Chávez, hijo del charro y escritor del mismo nombre y nieto de don Felipe Chávez Becerril, dos veces presidente municipal de Toluca, quien avisó lo siguiente a sus conciudadanos:
Buenas tardes, espero que se encuentren muy bien.
Les informo que ya quedaron concluidos los trabajos de limpieza de la calle Jesús Carranza, desde Paseo Tollocan hasta Venustiano Carranza. Se realizó el retiro de basura, recorte de pasto y retiro de algunas ramas de árboles que obstruían el paso peatonal.

Asimismo, quedaron concluidos los trabajos de bacheo en la intersección de Jesús Carranza y Venustiano Carranza.
El día de mañana continuaremos con los trabajos de retiro de grava en algunas calles de nuestra delegación.

Prevenir Violencia, Entre Morras Cuidarnos, Antes De Que Escale
Marco Cancino, director General de Inteligencia Pública sostiene que la violencia de género en México ocurre mayoritariamente fuera del sistema institucional y rara vez se denuncia.
Frente a la saturación y limitaciones de la procuración de justicia, la detección temprana y las redes comunitarias se perfilan como estrategias más efectivas de prevención. El Kit Entre morras nos cuidamos propone herramientas prácticas para identificar señales iniciales, romper el aislamiento y acompañar de forma segura, reforzando la capacidad de respuesta antes de que la violencia escale a niveles críticos
En México, hablar de violencia de género sigue siendo, para millones de mujeres, un acto que ocurre en voz baja, en confianza, en espacios íntimos. No comienza en una agencia del Ministerio Público ni en una carpeta de investigación. Comienza en una conversación entre amigas, en un mensaje a medianoche, en una confesión que muchas veces llega acompañada de duda: “igual estoy exagerando”. Ahí es donde empieza —y donde también debería empezar la política pública.
Sin embargo, la mayoría de los esfuerzos institucionales que se han construido en el país están diseñados para intervenir cuando la violencia ya escaló. Cuando ya hay golpes, amenazas, lesiones o un riesgo inminente para la vida. Las cifras son contundentes: de acuerdo con la ENDIREH (INEGI, 2021), más del 70% de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida; sin embargo, la gran mayoría de estos casos nunca se denuncia. La cifra negra supera el 90% en delitos de violencia familiar y de género. Al mismo tiempo, los sistemas de procuración de justicia enfrentan una saturación estructural: miles de carpetas abiertas, pocos casos judicializados y una carga de trabajo que, en promedio, rebasa con creces la capacidad operativa de los Ministerios Públicos.
Denunciar no es fácil. Implica tiempo, dinero, desgaste emocional, revictimización y, en muchos casos, la sensación de que el proceso no necesariamente traerá justicia ni protección efectiva. Las medidas de protección, aunque previstas en la ley, enfrentan serias dificultades para hacerse cumplir en el ámbito local. Y mientras tanto, la violencia sigue su curso: escala, se normaliza, se vuelve cotidiana. El problema es que estamos llegando tarde.

La evidencia internacional es clara: las estrategias más efectivas para prevenir la violencia de género no comienzan en la denuncia, sino en la detección temprana y en el fortalecimiento de redes comunitarias. Como se documenta en el desarrollo del Kit “Entre morras nos cuidamos”, la violencia no aparece de un día para otro; es progresiva. Inicia con el control, los celos, la humillación, el aislamiento. Conductas que muchas veces no se identifican, ni se nombran como violencia, pero que son la antesala de formas más graves. Y si no se identifican a tiempo, escalan.
Ahí es donde cobra sentido una intervención distinta: más cercana, más humana, más accesible. Una intervención que no sustituya al Estado, pero que sí permita actuar antes de que el Estado tenga que intervenir en crisis.
El Kit “Entre morras nos cuidamos”, desarrollado por Inteligencia Pública, y con el apoyo de la Dirección de Participación Ciudadana del Municipio de Ciudad Juárez, parte de una premisa sencilla pero poderosa: las mujeres hablan primero con otras mujeres. No con instituciones. No con autoridades. Con una amiga, una vecina, una compañera de trabajo, una líder comunitaria. Y esa conversación puede cambiarlo todo.
El Kit traduce conocimiento técnico en herramientas prácticas: lenguaje cotidiano, tarjetas visuales, frases clave, microacciones seguras y rutas claras de canalización. No busca hacer diagnósticos clínicos ni sustituir atención psicológica o jurídica. Tampoco pretende que una mujer “resuelva” la vida de otra. Al contrario: establece con claridad que acompañar no es salvar, que escuchar no es cargar, y que el rol comunitario es orientar, validar y conectar con ayuda cuando es necesario. El Kit es, en esencia, una herramienta de prevención de la violencia.
Funciona en tres momentos críticos: identificar señales tempranas, romper el aislamiento y facilitar decisiones seguras. Permite nombrar lo que muchas veces no se nombra (“eso no es normal”), reducir la culpa (“no es tu responsabilidad”) y generar pequeñas acciones posibles (“hoy, solo una cosa”). Porque salir de una situación de violencia no ocurre en un solo paso, sino en una serie de decisiones graduales que requieren información, apoyo y, sobre todo, confianza. Y esa confianza ya existe en las comunidades.
Por eso, el Kit está diseñado para mujeres líderes comunitarias: aquellas que escuchan, que acompañan, que sostienen conversaciones difíciles. Mujeres que ya son un punto de referencia para otras, pero que muchas veces no cuentan con herramientas para actuar sin ponerse en riesgo o sin revictimizar. No se trata de trasladar la responsabilidad a las mujeres, sino de reconocer que, en un sistema institucional rebasado, fortalecer las capacidades comunitarias puede salvar vidas.
Porque sí: el Estado tiene una responsabilidad irrenunciable en la prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia de género. Pero también es cierto que no puede (ni debe) actuar solo. La prevención efectiva ocurre antes de la denuncia, en lo cotidiano, en lo cercano, en lo humano.
El próximo 24 de abril se llevará a cabo un taller virtual gratuito para compartir esta herramienta con mujeres de todo el país. La invitación es clara: si eres una mujer que acompaña a otras, este espacio es para ti. Si formas parte de una red comunitaria, de un grupo cultural, deportivo, terapéutico o de cuidado personal, este conocimiento puede marcar la diferencia.
Y también es una invitación a autoridades estatales y municipales: es momento de complementar los modelos tradicionales con estrategias de detección temprana de la violencia. No como sustitución, sino como fortalecimiento. No como gasto, sino como inversión en prevención; y porque cada caso que se atiende a tiempo es un caso que no llega a crisis.
La violencia de género no se erradica solo con leyes. Se previene con redes, con lenguaje, con acompañamiento y con tiempo. Y, sobre todo, con la certeza de que ninguna mujer debería enfrentarla sola, ¿no le parece a usted, estimado lector?


