+ Lo más destacado del régimen de Michelle Núñez Ponce, en Valle de Bravo, ha sido su vestido del día del Grito… pero dice que era prestado

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La frase:

 

No hagas cosas malas que parezcan buenas ni a la inversa.

REFRÁN POPULAR

En Valle de Bravo, el gobierno municipal de Michelle Núñez Ponce vuelve a colocarse bajo los reflectores, aunque no precisamente por los resultados de una administración marcada por la necesidad de resolver los problemas cotidianos de un Pueblo Mágico que enfrenta retos en materia de servicios, infraestructura y obra pública.

La imagen de la alcaldesa ha terminado por mezclarse con una narrativa de protagonismo personal que contrasta inevitablemente con el discurso de austeridad que supuestamente identifica a Morena.

Y cuando una presidenta municipal aparece en el balcón del Ayuntamiento para encabezar el Grito de Independencia con un vestido de alta costura, las preguntas dejan de ser únicamente sobre moda y comienzan a ser sobre prioridades, congruencia y rendición de cuentas.

El pasado 15 de septiembre, Michelle Núñez Ponce utilizó un vestido rojo diseñado por Fher Santos, una pieza que diversos medios reportaron con un valor comercial aproximado de 100 mil pesos y que anteriormente había utilizado Fátima Bosch.

El atuendo, cubierto de pedrería y cristales, con estructura tipo corsé, transparencias, escote en V y una amplia capa, se convirtió en uno de los elementos más comentados de la ceremonia. Parecía una princesa arrancada de un cuento de Walt Disney.

El vestido en todo su esplendor, en la entrega de la bandera.

Ante los cuestionamientos, la propia presidenta municipal aseguró que el vestido no fue comprado con recursos personales ni públicos, sino que le fue prestado por el diseñador como parte de una colaboración y que posteriormente sería devuelto.

Esa explicación es relevante porque modifica la discusión: si la prenda fue efectivamente prestada, el debate no debería centrarse en afirmar que el Ayuntamiento pagó esos 100 mil pesos, sino en la imagen pública que proyecta una funcionaria cuya administración tiene la obligación de privilegiar la transparencia y la rendición de cuentas, pero sobre todo la austeridad republicana

La polémica adquirió todavía mayor dimensión porque aquella noche el programa de fiestas patrias incluyó un concierto gratuito de Belinda en el Jardín Central.

La propia administración municipal anunció la presentación y la cantante invitó públicamente a los habitantes a participar en la celebración. La ceremonia del Grito estaba programada para las 22:00 horas y el espectáculo se realizaría posteriormente.

Entonces comenzó otro debate: cuánto costó llevar a la cantante a Valle de Bravo y, sobre todo, si ese gasto era justificable frente a las necesidades del municipio.

 

Más allá del vestido, del maquillaje, del espectáculo o de la fotografía que termina circulando en diversos medios de comunicación, un gobierno municipal se mide también por la forma en que administra el dinero público y explica cada peso destinado a celebraciones, contrataciones y servicios.

La pregunta no es si un municipio puede organizar una fiesta, la pregunta es cuánto costó, con qué recursos se pagó, bajo qué procedimiento se contrató y qué beneficios concretos obtuvo la población.

Mientras en Valle de Bravo se discuten los reflectores de una noche de celebración, en materia de fiscalización existen asuntos mucho más serios que requieren explicaciones.

De acuerdo con información publicada sobre la Auditoría Superior de la Federación, fueron detectadas presuntas irregularidades por 40 millones 717 mil 575 pesos relacionadas con nueve obras financiadas con recursos del FAISMUN 2024.

¿Alcaldesa o princesa de un cuento de Walt Disney?

Entre las observaciones se mencionaron faltantes de pólizas contables, facturas, números generadores con documentación soporte y reportes fotográficos. Esto no significa que ese dinero haya sido desviado ni que la alcaldesa haya sido declarada responsable de un delito.

 

También existe un antecedente documentado en la propia Gaceta Municipal: en noviembre de 2023, el Cabildo aprobó por unanimidad un cambio de proyecto de obra pública que sería financiado con recursos del FAISMUN.

El documento oficial identifica a Michelle Núñez Ponce como presidenta municipal, mientras tanto, la distancia entre los discursos políticos y las imágenes públicas comienza a ser cada vez más evidente.

Morena construyó buena parte de su narrativa política alrededor de la austeridad, la honestidad y el combate a los privilegios, por eso, cuando una alcaldesa aparece públicamente con prendas asociadas a la alta costura y organiza espectáculos de gran convocatoria, el debate sobre la congruencia resulta inevitable, aunque cada gasto deba ser revisado.

Y hay otro episodio que llama la atención, es el del pasado 17 de septiembre, apenas dos días después de la celebración del Grito, la gobernadora Delfina Gómez Álvarez acudió a Santo Tomás para entregar la rehabilitación del Puente Ixtapantongo, sobre la carretera Valle de Bravo-Santo Tomás.

La obra tuvo una inversión estatal de 8 millones de pesos, fue ejecutada de manera urgente después de que una tromba provocara un socavón y permitió restablecer la comunicación con municipios y comunidades del sur mexiquense. La intervención beneficia a más de 87 mil 300 habitantes y recuperó una vía por la que circulan alrededor de 3 mil 517 vehículos diariamente.

 

La ausencia de Michelle Núñez en ese acto ha sido interpretada políticamente en algunos espacios como una señal de distanciamiento entre el gobierno municipal y el estatal.

Sin embargo, una ausencia por sí misma no permite acreditar las razones personales o políticas detrás de ella, lo que sí puede observarse es el contraste: mientras el gobierno estatal acudía a entregar una obra de infraestructura carretera con una inversión de 8 millones de pesos, la conversación pública alrededor del Ayuntamiento de Valle de Bravo seguía concentrada en la imagen de su presidenta municipal, su vestido y los festejos patrios.

Y ese contraste debería hacer reflexionar a cualquier administración, pues Valle de Bravo no necesita solamente fotografías espectaculares ni eventos capaces de llenar el Jardín Central, necesita servicios públicos que funcionen, calles atendidas, infraestructura suficiente, seguridad, mantenimiento urbano y una administración capaz de explicar con claridad en qué se gasta el dinero.

 

Para acabarla de amolar, Belinda tuvo a cargo el show.

Si el concierto de Belinda fue pagado con recursos municipales, corresponde conocer el contrato, el monto, el procedimiento de adjudicación y la fuente presupuestal. Si fue financiado por patrocinadores o mediante otro mecanismo, también debe explicarse públicamente.

Si el vestido fue prestado, como sostiene la alcaldesa, corresponde simplemente dejar constancia de ello y evitar que una versión sin sustento se convierta en una acusación.

 

Y mientras las fotografías del Grito quedan archivadas, los habitantes de Valle de Bravo seguirán esperando que el brillo de los escenarios también se traduzca en resultados visibles en las calles.