EL ÍNDICE POZOLE… Y EL PODER ADQUISITIVO

Views: 18

“El bienestar económico no depende solamente de cuánto dinero recibimos, sino de lo que ese dinero nos permite hacer y consumir.” 

Amartya Sen

BIENVENIDOS AL ÍNDICE POZOLE: En el imaginario colectivo, políticamente se ha manejado que los aumentos al salario mínimos, que no descuentan la inflación, mejoran el poder adquisitivo de todos los mexicanos, no es así, no todos ganan salarios mínimos y no todas las familias consumen la misma canasta básica.

Imagine que en 2018 cuatro amigos se sentaron en una fonda mexicana y pidieron pozole. Uno ganaba el salario mínimo; otro tenía un ingreso cercano a la mediana; el tercero recibía aproximadamente el salario promedio y el cuarto disfrutaba de un ingreso considerablemente mayor.

Ocho años después regresan al mismo restaurante. Los cuatro ganan más pesos. Magnífica noticia. El problema aparece cuando llega el mesero con la carta. El pozole también gana -cuesta- más. Aquí, más importante que saber cuánto aumentó nominalmente el salario, es determinar cuántos platos de pozole puede comprar hoy cada uno con el producto de su trabajo.  

Aclaremos algo para evitar que algún economista ortodoxo o político populista abandone indignado la lectura. El Índice Pozole no existe, hasta ahora. Esta es su presentación formal y no pretende sustituir al Índice Nacional de Precios al Consumidor. No intenta demostrar que el INEGI calcula incorrectamente la inflación ni proponer que Banco de México establezca su política monetaria observando el precio del pozole.

Es simplemente un instrumento pedagógico para explicar algo que a veces se pierde entre porcentajes y demagogia, y es el poder adquisitivo. Es obvio que nosotros no comemos pesos, sino lo que podemos comprar con ellos.

EL SALARIO QUE CRECE: México ha experimentado durante los últimos años incrementos importantes del salario mínimo. El salario mínimo recuperó una parte sustancial de su capacidad adquisitiva.

El maniqueísmo político empieza cuando nos dicen por la mañana que como aumentó mucho el salario mínimo, aumentó en esa misma proporción el poder adquisitivo de los mexicanos, y eso, desde luego, no necesariamente es cierto.

La razón básica, que no se señala, por ignorancia o por interés, es que no todos los mexicanos ganan el salario mínimo. Millones de trabajadores perciben cantidades superiores, otros trabajan en la informalidad y algunos reciben remuneraciones variables.

Hay que considerar que cuando el salario mínimo aumenta 15, 20 o 25%, no significa que automáticamente aumenten en la misma proporción los salarios de quien ganaba dos, cuatro, cinco o nueve salarios mínimos.

Ahí se produce lo que en economía se denomina una compresión salarial. El piso sube rápidamente, pero los escalones intermedios, no necesariamente. Lo explicamos con un ejemplo simple: Supongamos que cuatro trabajadores ganan 10, 12, 14 y 100 pesos. El promedio es 34, solo que tres de las cuatro personas ganan muchísimo menos.

El promedio salarial puede ser estadísticamente correcto y, simultáneamente, describir bastante mal la experiencia del trabajador típico. La mediana explica algo más, ordenamos todos los ingresos y buscamos al trabajador que se encuentra exactamente en medio. La mitad gana más y la mitad gana menos.

Para estudiar bienestar, en serio, no como slogan, necesitamos observar, al menos, los indicadores de salario mínimo, salario mediano, salario promedio y distribución completa del ingreso. Utilizar solamente uno, el más “bonito”, puede producir conclusiones políticamente convenientes, pero económicamente incompletas.

LLEGA EL POZOLE: Aquí se valida nuestro experimento. Supongamos -y subrayamos que solo como ejemplo pedagógico- que en determinado año una persona gana 300 pesos diarios y un plato de pozole cuesta 100; su salario compra tres pozoles. Años después gana 450 pesos. Su salario aumentó 50%, excelente, pero si el pozole ahora cuesta 180 pesos, puede comprar dos pozoles y medio.

Nominalmente es más rico -o menos pobre- pero términos de nuestro índice, es más pobre. A eso se le denomina salario real. La comparación correcta no es simplemente saber cuántos pesos más se ganan, sino qué cantidad de bienes y servicios puedo comprar con ellos. El pozole simplemente hace visible algo que los economistas calculan mediante índices mucho más sofisticados.

DE FONDO

Existe además una confusión persistente, escuchamos que “bajó la inflación.” Además de no poner interés a la fórmula parcial, mucha gente interpreta que “bajaron los precios” y no es así, la inflación bajó, pero el pozole no.

Supongamos que nuestro pozole costaba 100 pesos. Con inflación de 10%, pasa a 110. Al año siguiente ocurre algo extraordinario, la inflación baja a 3% y el gobierno celebra, el Banco de México dice que logró su objetivo y los economistas escriben columnas de celebración.

Ah, pero el pozole No volvió a 100. Ahora cuesta aproximadamente 113. La inflación disminuyó, solo que el precio continuó aumentando. Esto es porque la inflación mide la velocidad a la que cambia el nivel de precios, no implica una reducción de los mismos. Por eso una familia puede escuchar que la inflación está controlada y seguir diciendo que todo está más caro. Incluso el pozole. 

Existe otro fenómeno ajeno al discurso populista. Pensemos en alguien que en 2018 ganaba nueve salarios mínimos. Su ingreso era claramente superior al mínimo; años después cambia de empleo, la nueva empresa le ofrece el equivalente a cuatro o cinco salarios mínimos actuales. Quizá nominalmente recibe más pesos que antes, pero perdió posición relativa y poder adquisitivo. Si simultáneamente vivienda, educación, seguros, alimentos, gasolina y servicios aumentaron, experimenta un deterioro real, aunque oficialmente no sea pobre.

DE FORMA

Existe el incremento del salario mínimo, pero usarlo como prueba de que mejoró el poder adquisitivo general es engañoso, la economía es más compleja. El Índice Pozole recuerda lo esencial, el dinero es medio, el consumo es resultado. Un salario puede subir 20%, pero si los precios suben 25%, se pierde capacidad adquisitiva.

Ejemplo: en 2018 el mínimo era de $88.36 y alcanzaba para 1.64 pozoles de $54. En 2026 sube a $315.04, mientras el pozole cuesta $103; ahora compra 3.06 pozoles. Bien para el mínimo. El discurso ignora el problema económico, otros salarios no crecieron igual. Muchos apenas siguieron la inflación (41%), algunos menos. El promedio reportado  en el IMSS subió 98%, lo que apenas mantiene el mismo consumo.

Un trabajador con 6 mínimos en 2018 podía comprar 9.8 pozoles; en 2026, tras aumentos solo inflacionarios, baja a 7.2. Esa es la realidad de la mayoría. Muchos ni siquiera llegaron a la inflación, otros perdieron empleo y aceptaron sueldos menores. En 2026, para ellos y sus familias, hay menos pozoles que en 2018.

DEFORME

Que se ignore a la mayoría de los mexicanos, no sólo importa cuánto subió el salario mínimo, sino cuál salario subió y a cuantos pozoles tendría acceso.