Crónica Universitaria

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Pensar en la Universidad Autónoma del Estado de México en relación con la Crónica es pensar en don Inocente Peñaloza García, cronista de la Máxima Casa de Estudios de la entidad mexiquense. Su experiencia como periodista destacado de por vida y su paso por la UAEMéx fue afortunada en todos sentidos. El estudio de los documentos así lo dice, pues tengo la fortuna de encontrar el periódico La Mora / Organo Informativo de la UAEMéx, con fecha de 29 de agosto de 1993, es decir de hace 33 años, y ya por entonces don Inocente, que le conociera en el periódico El Noticiero, diario vespertino de la tarde que se imprimía por allá en el Paseo Matlatzincas donde estaban las oficinas y lugar de trabajo. Siempre amable y afectuoso me recibía, por lo que le guardé cariño fraternal y de respeto.

Saber que por tantos años fue el Cronista de la UAEMéx me comprueba que el trabajo del escritor es algo que no se olvida. Su huella aparece al paso de los años por igual en un periódico, revista o libro. Don Inocente fue afortunado de vivir en la Toluca que le tenía gran afecto a sus cronistas. Destacados en la administración municipal lo fueron don Alfonso Sánchez García Profesor Mosquito, Margarita García Luna y Gerardo Novo Valencia que por décadas pudieron ser apreciados en su trabajo en los ayuntamientos respectivos y es el caso de don Inocente Peñaloza, que dentro de las administraciones universitarias en diversos ciclos fue respetado como el Cronista de la Universidad estatal. Merecido lo tuvo por su permanente trabajo en atender la institución que naciera del Instituto liberal en la década de los treinta del siglo XIX, apenas nacida la nación y la entidad mexiquense.

En La Mora, cuenta el Cronista: raíces de Nuestro Pasado Institucional / la realidad educativa, a través de 165 años de historia de la UAEM (como se le conocía a finales del siglo XX), nos ha demostrado que, igual como Instituto que como Universidad, la Máxima Casa de Estudios del Estado de México, ha sido el espacio idóneo, donde se conjuntan la reflexión y el esfuerzo para ofrecer una respuesta acorde con las necesidades educativas y culturales que le han demandado las diferentes etapas de nuestra historia. Sí, es importante valorar la presencia de historiadores dentro de nuestra universidad, y en particular el haber contado con un estudioso y gran escritor, como lo fue Inocente Peñaloza García, quien con su experiencia de periodista supo valorar los momentos y personajes más emblemáticos de la casa de estudios mexiquenses.

En el subtítulo que dice: Aspectos de una historia que nos enorgullece / La ubicación actual de la Casa de la Cultura de Tlalpan, en el sur de la ciudad de México, señala el sitio exacto e que fue establecido por primera vez el Instituto Literario, el 3 de marzo de 1828, por decreto del gobernador Lorenzo de Zavala. Tlalpan era entonces capital provisional del Estado de México. Momento glorioso en que se ubica en pasado de la actual universidad estatal. En ese rigor, inicios de una educación liberal que encontraba la feroz oposición de la educación clerical de aquellos años que era patrimonio de los religiosos en todos los ámbitos de la vida.

Es el pasado que importa, cuenta: Dos años más tarde, debido al traslado de los poderes estatales a la ciudad de Toluca, el Instituto fue clausurado; pero en 1833, fue reabierto en Toluca, en un antiguo edificio que era conocido con el nombre de “Beaterio” y que aún hoy se conserva como sede de la Administración Central Universitaria”. Para este año de 2026 dicho edificio es el emblema por su belleza de lo que es nuestra Máxima Casa de Estudios.

Sigue en su texto: En aquel tiempo la dirección del colegio estuvo a cargo del poeta José María Heredia, quien se retiró en 1835, poco antes de que el Instituto fuera clausurado por órdenes del gobierno centralista que ese año se instaló en el país. Para entender el contexto histórico, basta con leer el libro escrito por el presidente del país, Benito Juárez García —Benemérito de las Américas—, texto que lleva por título Apuntes para mis hijos, donde se relatan aquellos años de dificultades por lo que el clero consideraba era de su propiedad el educar a las familias del país.

Es tan bello seguir los párrafos de la histórica vida del Instituto Literario de Toluca, y después Instituto Científico y Literario de Toluca, como se le conoció a finales del siglo XIX. Una historia y crónica que tiene el recuerdo de sus mejores directores, entre ellos Felipe Sánchez Solís, Ignacio Ramírez El Nigromante y Felipe Berriozábal; teniendo como alumnos a Ignacio Manuel Altamirano, Juan y Manuel Mateos, Gumersindo Mendoza y Alberto García. Otras etapas gloriosas lo son en la generación de primeros años del siglo XX: con profesores de la talla de Agustín González Plata, ilustre pedagogo; Juan B. Garza, Felipe N Villarello, poeta; Silviano Enríquez y Anselmo Camacho.

Nos sentíamos felices de contar con un Cronista de tal envergadura en la presencia de Inocente Peñaloza, y sus consejos y opiniones o conferencias eran prueba que su papel en le crónica universitaria tenía en él a nuestro mejor exponente. Cuenta: Uno de los momentos significativos de la historia institutense, fue la conquista de la autonomía, el 31 de diciembre de 1943, al final de una lucha de diez años, cuando el Congreso del Estado decidió aprobar el decreto enviado por el gobernador Isidro Fabela Alfaro […] La etapa del Instituto Literario culmina exitosamente el 21 de marzo de 1956, cuando entra en vigor el decreto de la Legislatura local que crea la Universidad Autónoma del Estado de México, a iniciativa del gobernador Salvador Sánchez Colín. Días después, el recién constituido Consejo Universitario se reúne para designar al licenciado Juan Josafat Pichardo Cruz como primer rector. Seguir palabras de don Inocente es imaginar aquellos momentos en que la Máxima Casa de Estudios de la entidad se hizo una institución madura que a 80 años de vida ha creado infinidad de Facultades y Escuelas que le hacen ser en el país una de las más grandes por alumnado y profesores, y por su constante desarrollo académico en tiempos de dificultad de todo tipo.

Es mucho lo que el Cronista Universitario dejó como huella y tareas. Por ejemplo, que las cronistas de facultades y escuelas tienen en él el paradigma de lo que es un Cronista de verdad. Su obra investigada, escrita y publicada está ahí a disposición de los que queremos saber siempre más de la UAEMéx o más allá, porque igual que el Profesor Mosquito por su experiencia periodística le hizo ser hombre de cultura y no sólo un estudioso de la historia. En infinidad de publicaciones aparece: Perínclita cumbre…; Testimonios Culturales; De buena pluma / Páginas escogidas del Estado de México; y en múltiples ediciones sobre historia del Estado de México. Así como escritos sobre personajes mexiquense y toluqueños de los cuales él era un gran conocedor. Es igual que el periodista Clemente Díaz de la Vega un estudioso acucioso de quienes hicieron la grandeza del Instituto y ahora de la Universidad.