TOLUCAOS Y EL DESORDEN SOBRE DOS RUEDAS
Cada día resulta más preocupante para quienes vivimos en Toluca y su zona metropolitana desplazarnos por las calles de la otrora “Toluca la Bella”. A cualquier hora, en automóvil, transporte público, bicicleta o a pie, circular se ha convertido en una prueba de paciencia y, en ocasiones, en una actividad de alto riesgo.
Baches, banquetas deterioradas y coladeras sin tapa complican el trayecto de todos, pero especialmente el de las personas con discapacidad y los adultos mayores. A esto se suman el transporte público, los camiones de carga, las motocicletas y las bicicletas, que comparten vialidades insuficientes y, con frecuencia, desordenadas. Incluso los carriles confinados para bicicletas —que ya hemos señalado en otras ocasiones— permanecen subutilizados.
Hoy ponemos el foco en las motocicletas. En Toluca, dejaron de ser únicamente una alternativa ágil y económica para convertirse, en motivo de preocupación. A las maniobras peligrosas, la circulación por banquetas y el incumplimiento de las normas se suma el temor que generan los llamados “motorratones”: delincuentes que, de acuerdo con denuncias ciudadanas, aprovechan la movilidad de una motocicleta para cometer robos y escapar rápidamente.
No se trata de estigmatizar a quienes usan la moto para trabajar o trasladarse. La mayoría lo hace de manera legítima y con cierto orden. El problema es que la falta de vigilancia constante y de respuestas visibles permite que las conductas temerarias y los delitos cometidos desde una motocicleta alimenten la percepción de impunidad. Cuando los vecinos sienten que nadie interviene, crece la desconfianza y la calle parece quedar a merced de quien actúa al margen de la ley. Así se instala el miedo en la jungla toluqueña.
La respuesta de las autoridades debe ser firme y precisa. Hace falta investigar los robos, atender las denuncias y realizar operativos focalizados en las zonas y los horarios de mayor incidencia. Estas acciones deben apegarse a la ley: la apariencia de una persona o de su vehículo no puede ser motivo, por sí sola, para detenerla.
También se requieren controles eficaces de placas y documentos, así como mecanismos para identificar vehículos con reporte de robo. A la par, las autoridades deben informar dónde ocurren los delitos y qué resultados producen sus acciones. Sin datos públicos y seguimiento, los operativos corren el riesgo de convertirse en medidas aisladas, visibles por unos días y olvidadas después.
La responsabilidad es compartida, aunque no equivalente: cada conductor debe respetar las normas de tránsito; prevenir e investigar los delitos corresponde a las autoridades. Toluca necesita presencia policial constante, coordinación entre las áreas de seguridad y movilidad, canales accesibles para denunciar y seguimiento puntual de cada caso.
Ordenar la circulación de motocicletas no significa perseguir a sus usuarios. Significa proteger a quienes conducen responsablemente y evitar que la moto se convierta en instrumento de riesgo o impunidad. Una ciudad no puede acostumbrarse a que sus habitantes teman caminar, abrir un negocio o esperar el transporte. Frente a los “motorratones”, la autoridad debe actuar con estrategia y resultados; frente al desorden vial, hacer cumplir las reglas todos los días.

