HUMO
Arrastro los pies por la ciudad. A mediodía se cocinan las entrañas y de pronto quiero andar en bikini o contar cosas al revés. Mientras, uno de mis vecinos escucha música que no entiendo. Mi desasosiego pica, quiero concentrarme, leer.
Todo me distrae. El viento se cuela por la ventana, enfría el café. Me entretengo con el zumbido de algo que no encuentro. Miro al este. Tus ojos andarán en alguna parte de esta ciudad que sofoca. Pero me alargo. No puedo explicarme, perdí la magia para contarme cosas.
Si me insistes en contar, pueden salir mentiras puras. Mi ritmo es lento. No encuentro otra razón más que el aburrimiento, el sexto sentido se averió o soy muy tonta. Todo es posible en mi papel, me extiendo y agonizo.
La noche es purga, siento cómo tu esencia escurre por todas mis partes. De pronto, quiero salir a la urbe, que el cuerpo veleidoso experimente la penumbra y el placer en una carne desconocida.
Podríamos ir a un bar y beber vodka hasta que el límite se extinga. Me aferro, el arrepentimiento corre en el borde de la almohada. Cuelgo mis venas en las estrellas, porque quiero ser polvo del mar. Fumo, el humo me enreda, susurra que estoy más próxima a la muerte.

