LAS SILLAS
Son apenas las siete y en el mercadito local ya empezó el rebumbio del vender y comprar.
En un huequito, escondido, el pueblerino Gaspar, sus tres sillitas de tule, humilde, quiere mercar.
Pasa la gente, ve y no pregunta, nomás mira y se va, cuando de pronto un citadino con pinta de maduro galán se acerca a preguntar:
-Paisa, ¿A como tus sillitas?, ja ja ja… se ven de puro folklor
– a 300 patroncito, véalas, son juertes.
– ¿A cuánto? No mames si no son Cristian Dior, a 200 cada una y no digo quien me las vendió.
-No me sale patrón… véalas… tan güenas
-Ni modo paisano. No te pones al tiro… bay bay.
Camina la mañana, pasa la gente, medio ve y se va… ¿Será por la crisis? Casi no se vende y no se acercan ni a preguntar.
Llega la tarde y Gaspar ya muy nervioso se pone a pensar: y si no las puedo vender. ¿Cómo me regreso al pueblo y mañana que van a comer?
Cae la noche, ¡Ya se me jue el camión! ¿Con quién las dejo y como me regreso?
Y Gaspar, con el alma en un hilo le pidió a su santísimo creador que le regresara a ese señor que en la mañana le dijo:
-Paisa, ¿A como tus sillitas? Ja ja ja que se ve que son de puro folklor

