Carpe Díem

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De nuevo al tópico literario explotado hasta el cansancio por una generación (no la mía, ¡no!) que lo que menos supo fue aprovechar la oportunidad instantánea debido a la falta de ella. Atribuida al poeta Horacio, la locución Carpe Diem, significa no preocuparse de más por el futuro, sino voltear la perspectiva y centrarse en el presente, gozarlo, mas nunca desperdiciarlo.

Racionar el tiempo siempre ha sido materia difícil y aunque el poeta latino nos insta a desconfiar del mañana, la invitación al disfrute parece no ser tan oportuna en estos tiempos en los que el futuro es incierto porque la vida es breve y la belleza perece y el amor acaba.

Eso no resta el impulso de ver a la luz de los treinta años después, la película La Sociedad de los Poetas Muertos (1989) de Peter Weir. Donde vemos a un poeta (oculto bajo la figura de maestro) iniciar a un grupo de estudiantes a vivir aprovechando las mieles poéticas, el ímpetu de la juventud y esa fuerza que sólo proporciona la rebeldía.

Esta figura iniciática conoce el lenguaje de Whitman, a quien se reconoce como autor de un poema titulado tal cual Carpe Díem, basados en su primer  premisa: no dejes que pase el día sin haber crecido un poco, los espíritus libres comprenden a la perfección lo que tienen que hacer, los poetas lo saben, imagino que  nacen con dicha carga genética.

Ahora todo ha cambiado, el actor, quien disfrazado de maestro no hacía más que ser poeta ha muerto en trágicas condiciones, como las que deseó haber evitado y esos jóvenes actores lo serán por siempre en el celuloide.  La poesía siguió su paso por tres décadas, llamando a todos. No a mí, ¡no!, nunca supe aprovechar la ocasión, el instante, la batalla. Y a pesar de subir al escritorio repetidamente,  por aquí nunca apareció ningún ¡O Captain, My Captain!