Triste impotencia

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Hace relativamente poco, hablábamos de lo injusta que la vida puede ser en muchos sentidos; derivado de eso, de la insatisfacción ante la evidente falta de compromiso, gratitud y sentido común de nuestros interlocutores, es que experimentamos ese sentimiento de impotencia, que no es otra cosa más que un sinsabor que nos carcome por dentro, sin nada por hacer.

 

Cuando algo nos duele, y no tenemos posibilidad de hacer algo, porque no está en nuestras manos, es inevitable sentirla.

 

Impotencia cuando, tras días de trabajo, llega un malandro y te roba lo que con el sudor de tu frente has ganado. ¿Entenderán todo lo que afectan la vida de los demás por su mal accionar en contra de sus semejantes?

 

Impotencia cuando, a pesar de que te esmeras en hacer las cosas de la mejor manera, siempre hay alguien que se pasa por el arco del triunfo ese esfuerzo y decide que todo eso no sirve para absolutamente nada. ¿En dónde quedó ese sentido de gratitud y reconocimiento al esfuerzo cotidiano?

 

Impotencia cuando, al cumplir con tus obligaciones a tiempo, te das cuenta que la autoridad abrirá un plazo para todos aquellos morosos que decidieron no responder a sus compromisos cuando debían. ¿Se trata entonces de premiar la desidia y el poco compromiso?

 

Impotencia cuando, por enojo o capricho, grupos organizados bloquean calles, autopistas, casetas de peaje, en aras de luchar por sus demandas.  ¿Y los derechos de los demás?, ¿Realmente es la mejor forma de protestar?, ¿afectando a miles de personas?

 

Impotencia cuando, porque lo digo yo, las cosas se hacen de una sola manera, sin importar puntos de vista, sentimientos o razones.  ¿De verdad seguimos creyendo que el autoritarismo es un estilo de vida?

 

Impotencia cuando, porque soy irresponsable u omiso, dejo en manos de otros las responsabilidades que a mí me tocan, como trabajos, hijos, compromisos económicos y demás. ¿Es justo cargarle la mano al que se deje?

 

Impotencia cuando, porque veo y no veo, las personas permiten el abuso sistematizado de sus cercanos, quienes aprovechan cualquier oportunidad para abusar del otro de cualquier forma posible. ¿Costumbres se hacen leyes?, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

 

Impotencia cuando, porque nos casamos con paradigmas, legitimamos toda conducta del otro, so pretexto de que no tiene otra salida o no hay quien le tienda un laso. ¿No se supone que parte del crecimiento es hacer saber a las personas sus áreas de oportunidad?

 

Impotencia cuando, ante los hechos irrefutables, la gente acaba por convencerse de que ellos están bien y todo el mundo tiene que estar equivocado. ¿Y la capacidad de razonamiento?

 

La impotencia lleva a la frustración, y en esos momentos hay quienes se enojan o lloran, no por debilidad, sino por no encontrar salidas; la impotencia siempre acabará desapareciendo, bien porque te cansas de perseverar, o bien porque al final das con la tecla y ganas, la justicia sobre la fuerza, es la impotencia, la fuerza sin justicia es tiranía.

 

Aunque debemos reconocer que, a veces, queremos tirar la toalla.

 

horroreseducativos@hotmail.com